Crecimiento personal:

La práctica hace perfecto al hombre. Para lograr perfección incluso en los actos más comunes y rutinarios como caminar, leer o escribir, es necesaria una práctica constante”

Sathya Sai Baba.

RESUMEN

Oriente nos ha invitado siempre ha tomar muy en cuenta su filosofía, cultura, su ejemplo de cómo han enfrentado su desarrollo, conservado sus tradiciones y como se ha identificado con el Budismo zen, el cual le ha legado grandes enseñanzas, que muchos han puesto en práctica y en donde sus resultados han sido maravillosos en pro de su crecimiento.

En este breve articulo nos concretamos en exponer algunos tópicos que nos proporcionara uno de los grandes divulgadores del zen en occidente como es Diasetsu Suzuki

ANOTACIONES Y CONSIDERACIONES

Las aportaciones sobre el zen, que nos legara Diasetsu Suzuki, quien nació el 18 de octubre de 1870 en Kanasawa, al norte de Japón, en una familia con una larga tradición de doctores ha sido muy relevante, especialmente para Occidente y desde luego, para todos aquellos que han despertado, para quienes quieren hacerlo, y desde luego para quienes les interesar crecer, especialmente en lo espiritual.

La intención este escrito, es proporcionar algunos lineamientos básicos que deberían tomarse en cuenta y seguir investigando al respecto, a fin de adentrarse en sus alcances, especialmente cuando se quiere transitar en la dimensión de las formas, ilusiones, lo más despierto posible y aprender de ello.

Eduardo Yentzen nos aporta, que Diasetsu Suzuki fue formado bajo la tutela de Imagina Koseu, primer maestro que extrajo el Zen de su herencia hermética y de su sucesor Soy en Shaku difundiéndolo en Occidente.

La excepcionalidad de su trabajo radicó en la forma directa en que comunicó su experiencia de una tradición antigua y profunda, estableciendo con ello una diferencia con toda la literatura budista disponible antes de él.

Justamente se le llamó el mago de la palabra y el archifilósofo del zen, por el lugar prominente que llegó a ocupar en los medios intelectuales y académicos de los Estados unidos y Europa; usó el lenguaje para enseñar el camino del no-lenguaje; habló sobre la futilidad de hablar y explicó lo inconducente de ofrecer explicaciones.

Llegó a los Estados Unidos invitado para colaborar con el Dr. Paúl Canes de Chicago, en las publicaciones budistas de su editorial en 1897, permaneciendo 11 años. En 1911 contrajo matrimonio en ese país con Beatriz Lana, norteamericana y estudiosa del budismo Shingon. En la logenda vida del maestro Suzuki, ella lo acompaña solo hasta 1939, cuando fallece al comienzo de la segunda guerra mundial.

Se comenta que se expresaba con la autoridad de un hombre sencillo y clarividente que se hace cargo de las limitaciones humanas sin sacar provecho de ellas (todo lo contrario que hacen muchos en nuestras comunidades) y hablaba sin que necesitara “poner otra cabeza sobre la suya” según reza un proverbio zen.. Nos agrega Yentzen, que la excepción de su trabajo radicó en la forma directa en que se dispuso a comunicar su propia experiencia de una tradición antigua y profunda, en esta lengua occidental, estableciendo con ella una diferencia con toda la literatura budista disponible antes de él que se había escrito a partir de traducciones, más o menos fidedignas de textos orientales, realizados por académicos occidentales, desprovistos de experiencias en estas enseñanzas. Suzuki indica, que la esencia del zen es adquirir un nuevo punto de vista para contemplar la vida, para la que debemos de abandonar nuestros hábitos de pensamientos y lograr el Satori (iluminación). No hay zen sin satori.La apertura del satori es referida con la obtención “de un ojo para ver dentro del espíritu de la doctrina budista” El camino de comprensión errada del satori es la experiencia del trance. Hay que despertar dentro de uno mismo y sin depender de los demás, de un sentido interior en la propia conciencia, capacitándonos para crear un mundo de eterna armonía y belleza:”el hogar del nirvana”(D. Suzuki “Ensayos sobre budismo zen, primera serie Editorial Kier 1949)

Suzuki nos recuerda además, los cuatro grandes votos: Por innumerables que sean los seres me comprometo a salvarlos. Por inagotables que sean las pasiones, me comprometo a extinguirlos; por innumerables que sean los Dharmas me comprometo a dominarlos; por inconmensurable que sea la verdad, me comprometo a alcanzarla (Manual del budismo Zen D.T. Suzuki. Editorial Kier)

En 1966 fallece a los noventa y cinco años, el 12 de julio y Sohaku Roshi escribió: En la tarde del 14 de julio, su cuerpo se convirtió en una espiral de humo blanco en el cementerio de Kita Kamakura. “El humo se disipó con la brisa fresca que venía del mar ¿A dónde fue?. Mirad, aquí está: El nunca morirá… La rueda de su mensaje que ha girado a lo largo de sus noventa y cinco años debe ser conducida más y más lejos, generación tras generación, en tanto el ser humano exista sobre la tierra”

Por su parte Chiang- Tsé nos dice: “El maestro vino porque era su hora de nacer; se fue porque era su hora de morir. Para quienes de esta manera aceptan el fenómeno de nacimiento y muerte, lamentación y dolor no tienen espacio”

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