Carlos Mora Vanegas
“Al desidentificarse de lo viejo, usted prepara el camino para experimentar lo nuevo”
Michael Waters
Todo pareciera indicar, que el ser humano es una trampa en que se caza a sí mismo y muchas veces se siente que cae en un vacío que lo puede aprisionar mientras permanezca en esta dimensión, pero que debe salir de él.
Los cierto, que en momentos de reflexión, de atención de uno mismo sobre su comportamiento, el sorprenderse inatento, llega a comprender la necesidad de adentrarse, en el silencio, en la quietud, en esa de un mundo sin imagen, símbolos, ni palabras, sin las ondas de las grabaciones de la memoria, sin apego de raíces, de florecer sin causa, de quemar los límites, las defensas construidas por la conciencia, de percibir la belleza invisible para los ojos normales y captar aquella más allá del pensamiento y del sentimiento prefabricado, de adentrase en la nada de la nada.
En el vacío de los estadios de cada quien es necesario, que no aleteen los pensamientos con sus interminables sutilezas, que se sienta ese vacío en el que nunca ha existido el conocer, un vacío que no ha conocido el espacio, un vacío sin tiempo. Colocarse más allá del percibir, conocer y ser. Aunque en ese vacío se manifiesten la furia del amor, vida y muerte, sin embargo puede ser vasto, ilimitado, que nada podría llenar, ni abarcar, ni transformar, la contemplación del ser más allá de lo condicionado. Un vacío que tiene su propia luz.
Justamente en ese vacío podemos encontrar la entrada al samadi, a lo mejor descubrimos lo que el poeta chileno Oscar castro escribiera: El volantín y el ángel, solos por el espacio. Traspasan sin romper la burbuja del día. El volantín y el ángel anclados en el cielo viviendo en un desnudo clima de golondrinas.
Probablemente en ese vacío se de lo que manifiesta Krishnamurti, de que el cerebro funciona en la fragmentación, funciona en partes, dividido. Se especializa. Nunca es lo total; trata de capturar lo total, de comprenderlo, pero no puede. De aquí que se vislumbra, que por su propia naturaleza, el pensamiento es siempre incompleto, como lo es el sentimiento; el pensamiento que es la repuesta de la memoria, puede funcionar únicamente con las cosas que conoce o que interpreta a partir de lo que ha conocido: el conocimiento; el cerebro es el producto de la especialización, no puede ir más allá de si mismo, por lo tanto el especialista no puede ver lo total..
Probablemente en ese vacío logremos entender cuando el profesor preguntó a sus discípulos: ¿Qué es la vida? E Zorro respondió: -Es una gallina vieja- El gato contestó: - es una gran rata- Y el ratón dijo: Es un pedazo de carne hediondo, una ratonera dañada y un gato saciado. .- Así son también los hombres- meditó el profesor- Cada cuál contempla la vida de acuerdo a sus intereses, para formar sus conceptos limitados. Pero la verdad es que la vida no puede tener definición. Es aquí que quizás en esos vacíos usted a lo mejor encuentra la luz, ese umbral en donde aviva la verdadera llama de su sabiduría. Si la encuentra no olvide de compartirlo con otros que andan también en su vacío buscándolo.

Escribe un comentario