
CAMOVA
El buen humor resuelve dificultades y prolonga la vida. Mario Sarmiento
Todos experimentamos mientras permanecemos en esta dimensión el dolor y el sufrimiento. Lo importante es estar atento en todo aquello que nos origina dolor y da paso a que el sufrimiento se manifieste. Debemos estar atento ante la posibilidad que nuestras acciones le den paso a que el dolor aparezca.
Todo lo que existe se halla en un procesa continuo de cambio y transformación. Momento a momento hay situaciones que aparecen y situaciones que desaparecen; seres que nacen y seres que mueren. También uno, como todos los demás seres, nace, vive en un estado de cambio constante y muere. Por eso, cualquier apego o relación significativa implica una cierta cuota de dolor. Uno sabe que al final de un proyecto se separará de sus compañeros de equipo; que al final de su carrera laboral dejará su trabajo; que al final de su vida abandonará todo y a todos. Esta condición existencial del hombre, único ser consciente de su finitud, no puede sino causar tristeza y miedo.
La incapacidad de aceptar el dolor es la base de la excesiva aversión al riesgo. Mientras que la prudencia y la precaución son usos positivos del miedo, la timidez y la cobardía son formas negativas de temor. Cuando uno se sabe incapaz de soportar las pérdidas y el dolor, actúa con demasiada cautela, causando generalmente aún más sufrimiento del que pretendía evitar. En el ámbito del trabajo, por ejemplo, es necesario tener valor para emprender nuevos negocios. El espíritu empresario está basado en la capacidad de encarar desafíos; vale decir, en la capacidad para asumir el riesgo de perder algo que uno aprecia. En el ámbito de la vida privada, es necesario tener valor para emprender una relación amistosa o amorosa. Todo contacto con otro ser humano es una oportunidad de sentir placer y dolor. Si uno no sabe cómo manejar el dolor, probablemente le huya, escapando con ello del placer y del amor.
La incapacidad de aceptar el dolor es también la base de la represión y la inconciencia emocional. Dado que el riesgo es una condición fundamental de la existencia, es imposible no experimentar emociones como el miedo o la tristeza. La única manera de no sentirlas es desterrarlas de la conciencia. Pero los pensamientos y sentimientos inconscientes son como una infección interna: invisibles y letales. La inconciencia emocional se manifiesta de dos formas: frialdad estoica (el robot) o explosión pasional (la bomba).
A pesar de parecer opuestos, estos dos patrones de comportamiento son parte del mismo sistema. Al igual que una caldera sin válvula de escape, el estoico acumula presión hasta cruzar la "línea de peligro"; en ese momento se produce la explosión, o la implosión. Pasada la crisis, el estoico se siente avergonzado y generalmente se compromete aún más a mantenerse férreamente apartado de las emociones. Lo que el estoico (al igual que el alcohólico o el drogadicto) no comprende es que es imposible no sentir lo que uno siente; la única opción es trabajar con las emociones o desterrarlas de la conciencia. Esta segunda posibilidad es la que reinicia el ciclo de represión-explosión-represión.
La forma de evitar el sufrimiento y mantener un control saludable sobre las emociones es darle la bienvenida al dolor. En vez de defenderse de él, uno puede aceptarlo, sabiendo que es una fuente de aprendizaje y expansión de la vida, para aquellos que saben recibirlo honorablemente.
A todo ello se puede agregar, como lo comenta Gabriel Mª Otalora el dolor, es un hecho inevitable por inherente a la condición humana. No hay persona sin dolor, y si hay una, no es un ser humano, tal como dice un proverbio chino. El sufrimiento, en cambio, es el nivel de daño que puede causarnos un dolor determinado. Eliminar el dolor no está en nuestras manos, pero mitigar e incluso eliminar algunos sufrimientos nuestros o de los demás, depende de nosotros y no tanto del tipo de dolor que se trate. No existe un dolor en genérico, sino “mi” dolor. En el elemento subjetivo está el principal condicionante, en la actitud que mantengamos cuando llega un hecho doloroso concreto.
Ante un mismo dolor, unos luchan por salir cuanto antes de su situación dolorosa, mientras que otros se reconcentran en su sufrimiento no haciendo sino ampliar la carga de dolor que llevan. Todos no reaccionamos igual ante el mismo estímulo, ni tampoco ante el sufrimiento inevitable.
Superar el sufrimiento solo es posible mediante una decisión personal de vivir ciertas actitudes, que son las mismas en todo tiempo y lugar porque son inherentes a la madurez humana. “No importa qué, si no cómo sufras”, nos dijo Séneca. La serenidad o la alegría, nacen dentro de cada persona, y no de las circunstancias de la vida aunque condicionen lo suyo.
ARS médica nos indica que si hay algo que no tiene necesidad de ser probado, es el sufrimiento, ni siquiera hay que ir a buscarlo, es él quien puntualmente en uno u otro ángulo de la vida viene a nuestro encuentro, y frecuentemente, antes de que podamos tomar conciencia de él, se instala en nuestra casa sin que podamos hacer nada para echarlo fuera o quitárnoslo de encima. Este dolor puede ser acogido o rechazado, los frutos serán ciertamente muy distintos, pero de cualquier manera condiciona la vida humana y a veces la imposibilita. Es por esto que el hombre de todo tiempo y lugar lo ha convertido en una meta principal y a veces en una conquista desesperada, en una carrera contra reloj con la pretensión de que ni él ni los seres que ama sufran, y sobre todo, que no se le mueran nunca.
El sufrimiento es una de las realidades más conflictivas de la experiencia humana, ya que desafía nuestro sentido de búsqueda de paz y felicidad. Su impacto es tan grande que solo cobra significado en lo más profundo del ser humano, el espíritu, el cual queda desvelado y al descubierto al encontrarse la persona en situación límite.
Al hablar de sufrimiento hay que distinguirlo del dolor, el sufrimiento contiene una dimensión psicológica y espiritual que se añade al dolor físico. El dolor ha sido definido por
Definitivamente, el sufrimiento es mucho más amplio que la enfermedad, más complejo y a la vez aún más profundamente enraizado en la humanidad misma.
El concepto de dolor como distinto del sufrimiento, si bien pueden usarse como sinónimos y muchas veces van juntos, el sufrimiento físico se da cuando de alguna manera duele el cuerpo, mientras que el sufrimiento moral es dolor del alma. Se trata en efecto del dolor de tipo espiritual, y no solo de la dimensión psíquica del dolor que acompaña tanto el dolor moral como el físico .

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