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CAMOVA
Todo principio tiene su fin, eso es válido para todos los que habitamos este planeta Tierra, Luciano Pavarottti uno de los gran des de lírica, con una voz inmortal, ha tenido que dejarnos e ir a integrarse al coro de los grandes interpretes que han transitado por estos lados, probablemen te se encontrará con otro extraordinario ,dotado de una gran voz como fue su paisano Caruso.
Lo cierto, que el 6 de septiembre del presente año Pavarottí ha alzado sus alas y se ha ido dejando a todos los que habitamos en la Tierra sus bellos momentos,cuando en vida compartíó con nosotros su bel canto , interpretando magistralmente como lo sabía hacer, melodías que conllevan a una paz, felicidad, alegría espiritual maravillosa.
Luciano como se sabe y no los recuerda buscabiografia.com antes de dedicarse profesionalmente a la ópera se licenció en Magisterio y trabajó en la enseñanza durante 12. La primera vez que cantó fue en el coro de Modena junto a su padre, amante de la ópera. Hizo su aparición ante el público en 1961 en Reggio Emilia en La Bohème, ganando popularidad rapidamente. En 1963 cantó Edgardo (Lucia di Lammermoor) en Amsterdam e hizo su debut en Covent Garden como Rodolfo, regresando para cantar los papeles de Alfredo, Elvino (La sonnambula), Tonio (La Hija del Regimiento) Gustavus III (Un ballo in maschero), Riccardo, Cavaradossi, Rodolfo (Luisa Miller), Radamés y Nemorino (L’elisir d’amore), 1990. En 1964, cantó Idamante de Mozart en Glyndebourne, en Norteamérica hizo su primera aparición en Miami en 1965, y una gira por Australia con la compañía Sutherland-Williams en el papel de Edgardo y debutó en La Scala en el papel de Rodolfo, regresando para cantar el Duque (Rigoletto), Tebaldo (I Capuleti e i Montecchi de Bellini) y Des Grieux (Manon de Massenet). Además, en la Scala cantó en la representación de Requiem de Verdi para celebrar el centenario de Toscanini. Cantó por primera vez en San Francisco en 1967 como Rodolfo, y más tarde cantó en esa ciudad los roles de Nemorino, Gustavus, Calaf y Enzo (La Gioconda de Ponchielli). Cantó en la Metropolitan Opera en 1968, igualmente representando a Rodolfo, y más adelante cantó Manrico (Il trovatore), Fernando, (La favorita de Donizetti), Ernani, Idomeneo, Arturo (I puritani), Radamés, Rodolfo (Luisa Miller, 1991) y el Cantante Italiano (El caballero de la rosa). Su luminosa, resonante e inconfundible voz en las interpretaciones de Nemorino del L'Elisir d'Amore, Ernani de Verdi, Radamés de Aída, el príncipe Calaf del Turandot y Otello de Verdi, lo convirtió en uno de los grandes tenores contemporáneos y el mejor pagado de la historia. La transmisión televisiva de 1977 'En vivo desde el Met' situó a Pavarotti ante la mayor audiencia en la historia de las óperas televisadas. Durante la década de 1980 y a principios de la de 1990, se hizo popular en todo el mundo debido a sus frecuentes recitales populares. Las actuaciones junto a los tenores españoles José Carreras y Plácido Domingo, también fueron famosas y lo hicieron recorrer el mundo, estando entre sus más exitosos conciertos el presentado en Roma (1991) y el de Los Angeles (1994) bajo el nombre de "Los tres tenores". Las impresionantes ventas de su discografía le ha convertido en el tenor más popular de la segunda mitad del siglo XX. En enero de 2003 su compañera Nicoletta Mantovani, dio a luz prematuramente a dos mellizos, pero sólo uno de ellos ha sobrevivió. Pavarotti ya tenía tres hijos de su matrimonio con Adua, de la que se separó cuando comenzó una relación con su secretaria. En diciembre de 2003 y con 68 años, se casó en segundas nupcias con su ex secretaria Nicoletta, de 33, en una ceremonia civil celebrada en el teatro de su ciudad natal de Módena. Luciano Pavarotti fue el tenor italiano más universalmente popular de la segunda mitad del siglo XX. Pavarotti, figura clave en la popularización de la ópera, está en posesión de un Grammy al mejor cantante clásico (1991) y el Premio Libertad de la City de Londres y la Cruz Roja por Servicios a la Humanidad, ambos en 2005. Su nombre aparece en el Libro Guinness Record por la cerrada ovación de una hora y siete minutos que le tributó la Opera de Berlín en 1988. Falleció el 6 de septiembre de 2007 a los 71 años por un cáncer de pancreas en su casa de la Toscana.
Laura Lucchini al morir Pavarotti, nos lega que en su página web (www.lucianopavarotti.com), apareció una declaración del tenor que lo representa muy bien: "Creo que una vida para la música es una existencia gastada maravillosamente". Hace algunos días escribió en la misma web una suerte de
testament
o espiritual en el que pedía al publico: "Espero ser recordado como un cantante de ópera, es decir, un representante de una forma de arte que encontró su máxima expresión en mi país, y espero además que el amor por la ópera siga siendo de importancia central en mi vida".
A las 14.00 unos pocos ciudadanos se concentraron en la Plaza Grande de Módena, para comer en alguno de sus elegantes cafés. En las charlas en voz baja el tema principal era él: alguien contaba chistes acerca de su pasión por la comida; otros, anécdotas acerca de su proverbial carácter, un poco brusco. El retrato que resultaba de los corrillos en los bares era cariñoso e irónico, y es que Pavarotti habitó mucho su ciudad. Frecuentaba sus plazas, sus iglesias, sus restaurantes. En el verano, muy a menudo, regalaba conciertos a sus conciudadanos. Los modeneses lo describen como uno de ellos. "Disfrutaba mucho de las amistades. Le gustaba la vida, la buena compañía y la buena comida, como a todos nosotros", dijo Armando Albertini, un chico de 33 años de traje azul y tono de voz bajísimo.
En el curso de la tarde el cielo se despejó y un sol caliente abrazó la Plaza Grande de Módena. Los mármoles del Duomo, en estilo románico y patrimonio de la humanidad, se hicieron rosas bajo la luz. La tranquilidad que existía hasta entonces fue interrumpida por la llegada de los equipos de televisión, con furgonetas, cámaras, reflectores. La atmosfera se hizo rara. "No voy a ir a la capilla ardiente", comentó Luigi Savona, de 42 años, mientras observaba la instalación de una antena de televisión en la plaza. "Prefiero acordarme de Pavarotti, como lo vi en su concierto en el Parco Novisad de Modena hace algunos años".
Quisieramos compartir con el lector lo expresado por MONTSERRAT CABALLÉ que Luciano Pavarotti ha sido
para mí el amigo y compañero de tantas noches inolvidables en los escenarios de ópera. Y el amigo y compañero de otras tantas grabaciones discográficas que compartimos. Hablar de su voz ahora es inútil; todo el mundo conoce este torrente de belleza y facilidad que poseía y siempre ha sido una fiesta para mí cantar con él en los escenarios de ópera. Su voz está ahí y nos queda para siempre, preservada en sus numerosas grabaciones.
Pero lo que deseo expresar en estas breves líneas es la gran generosidad de Luciano, ese corazón de oro que él deseaba esconder en todas las acciones humanitarias alrededor del mundo que llevó a cabo. Siempre me decía: hay que hacerlas, pero sin la foto. Esto hizo que mi admiración por él como ser humano fuera aún mayor.
Si inmensa ha sido su conquista para atraer a los jóvenes al mundo de la ópera, más lo ha sido su aportación humanitaria hacia los necesitados, ofreciéndoles su ayuda llena de amor para obtener medicinas, prótesis y techos. Éste es el Luciano que yo he conocido y que siempre llevaré en mi corazón.
Bien, Luciano Pavarotti dejó su grandeza, cumplió con su misión y sin duda alguna, su voz será siempre escuchada por generaciones, estamos seguro que en el más allá seguirá perfeccionando su bel canto y estará integrando a grandes que como él, nos regalaron y compartieron su grandeza con una misión que supieron cumplir, nos dieron amor, paz, feclicidad y contribuyeron a amar lo bello que es la música, más cuando está se manifiesta a través de la voz.
Ciao Pavarotti