CAMOVA
Venezuela no puede permanecer ignorante de lo que ha venido representado a nivel mundial los costos ecológico y sus repercusiones sociales, en lo concerniente a lo agrocombustibles. El Gobierno nacional debe prestarle mucha atención a lo que esto está representando en lo concerniente al país, más cuando se ha declarado socialista.
En un interesante trabajo sobre este tópico de François Houtart, Sociólogo belga. Director del Centro Tricontinental (Cetri) y del Foro Mundial de Alternativas, se hace referencia, que en la fase neoliberal del capitalismo, que significa liberar las fuerzas del mercado para resolver la crisis de acumulación, hubo una verdadera explosión de la utilización de energías. El resultado fue el aumento espectacular de la producción de CO² en la atmósfera y finalmente el calentamiento acelerado del clima. Al mismo tiempo, estamos llegando al fin del ciclo hidrocarburo, con el agotamiento previsible del petróleo y del gas.
Todo pareciera indicar comenta Houtart, que estamos llegando al fin del ciclo hidrocarburo, con el agotamiento previsible del petróleo y del gas. Todo eso ha llegado a la conciencia mundial, alertada por los especialistas de la climatología y por las consecuencias ya visibles de este tipo de utilización de la energía y de sus consecuencias. Sin embargo, se trata realmente de una crisis del modelo de desarrollo, porque es cada vez más claro que no se puede continuar así, destruyendo la naturaleza por el proceso mismo de producción, de transporte y finalmente de consumo
En abril 2007, el periódico norteamericano US Today, publicaba una advertencia diciendo: "Cómo enriquecerse con el calentamiento del planeta?" Pero la realidad es bien diferente.
¿Cuál es la realidad de todo esto?
El consumo de energía según el modelo actual crece de manera muy rápida. La estimulación del consumo mundial general entre 2003 y 2030 es de un aumento del 60%. Para la electricidad, se consumía en el año 2000, 14.767 mil millones de kilowatios en el mundo. Se prevea para 2025 un consumo de 26.018 mil millones de kilowatios. Para el petróleo, en 1973, el consumo era de 4.606 Mtoe (millones de toneladas) y en 2003 el consumo era de 7.287 Mtoe. El petróleo se consume en particular en el transporte (el 58% en 2003, por el 45% en 1971). La industria consume el 20% de la producción petrolera (Elizabeth Bravo, 2007, 13). Frente a la crisis petrolera y a la explosión de los precios, se exploran ahora varias fuentes de energía sostenibles: la energía solar, la energía del viento, del mar, de los ríos, el hidrógeno. Sin embargo, a medio plazo, éstas representan un porcentaje mínimo de las necesidades previsibles. La energía nuclear, muy discutida en función de los peligros de la producción y del problema de los deshechos, no va a representar más del 10% del consumo energético en los países industrializados. En Europa se ha decidido de utilizar 20% de agrocombustibles para el año 2020, lo que representará, en el mejor de los casos, el equivalente al crecimiento del consumo durante el mismo periodo. Todo eso conduce a la conclusión que la nuevas fuentes de energía no van a poder responder al tipo de consumo que tenemos actualmente y a la previsiones de aumento para el futuro.
¿Qué está sucediendo con lo agrocombustibles?
Nos cita Houtart, que tengamos presente, que los agrocombustibles son de dos tipos, el etanol, que es un alcohol producido a partir de la caña de azúcar, del maíz, del trigo y el biodiesel, que es la producción de aceite a partir de la soya, del colza o de la palma. Según varias fuentes, el consumo de estas energías produce menos gases invernaderos que el petróleo o el gas, es decir que la combustión es algo más limpia. Sin embargo, este cálculo parece insuficiente para llegar a una conclusión definitiva. Si se toma el proceso completo de la producción, cada tonelada de biodiesel producido a partir de la palma aceitera por ejemplo, emite más CO² que el petróleo. El etanol producido a partir de la caña sembrada en la selva tropical, produce una vez y media más de gas a efectos invernaderos que el petróleo. Es decir, que para hacer un cálculo real, debemos tener en cuenta muchos más elementos que solamente el resultado de la combustión (Eric Holtz Gimenez, 2007, 26)
Por otra parte, insiste Houtart en destacar, que el retorno en términos de producción de energía es menos alto para estas energías, que el petróleo. Así, para un resultado de 100 con la utilización de energía fósil, el etanol producido a partir del maíz llega al 0.78%, y a partir de la madera, al 0.63%. El diesel producido a partir de la soya, da solamente el 0.53% de la energía fruto del petróleo. Significa que se debe utilizar más materia original para producir el mismo nivel de energía. La palma aceitera es probablemente una de las soluciones más eficaces porque ésta produce 5 toneladas por hectárea, lo que es una productividad bastante alta (Elizabeth Bravo, 2007, 33).
Para llegar a estos resultados, en muchos casos, se destruye los bosques primarios y las selvas. Así, Malasia e Indonesia han visto sus selvas disminuir de más de 80% en los últimos veinte años, principalmente en función de la extensión de la palma aceitera. Evidentemente, este fenómeno no fue principalmente causado por la utilización de agrocombustibles, sino en función de la demanda acelerada de las industrias farmacéuticas, alimentarias y cosméticas. Sin embargo, el futuro y las nuevas extensiones están vinculadas con la producción de energía. Una situación muy similar se plantea para la selva amazónica, que está en disminución y tiene el gran peligro de ser más destruida en los años que vienen, por la extensión de varios monocultivos, como la soya, el eucalipto y la caña de azúcar y el desplazamiento de la frontera agrícola que ella provoca. Todo eso significa también una fuente de cambios climáticos importantes que al fin de cuenta, son más destructivos para la selva original, que la extensión misma de los monocultivos.
La utilización de fertilizantes y de pesticidas, producidos con energía fósil es también un factor de destrucción ecológica. Los monocultivos los utilizan de manera intensiva, con un esparcimiento por avionetas, que no hace ninguna distinción dentro de la biodiversidad existente. Recordamos que actualmente, se utilizan 45 millones de toneladas de estos productos químicos cada año en el mundo y que se debe disminuir esta cantidad de manera rápida para salvar los suelos y el agua
A todo ello hay que considerar lo que cita Houtart y que es preocupante, que los monocultivos son causas de desaparición de la fauna y de la flora. En el Chocó colombiano, por ejemplo, en las inmensas plantaciones de palma aceitera, ya no hay ni pájaros en el cielo, ni peces en los ríos. Se destruyen también los suelos, por la utilización de pesticidas, y el agua, por la contaminación que causa no solamente la extinción de especies de peces, sino provoca un enorme problema para el consumo humano. Ciertos cultivos utilizan también un volumen de agua muy importante, que está desviada de otras producciones naturales, o que se agota (Victor Guitara, 2007). Los deshechos son importantes y se nota una pérdida de carbono del suelo, provocado por el monocultivo de ciertas plantaciones. Finalmente, la utilización de transgénicos empieza a ser masiva. El presidente Lula habló de "la soya buena y de la soya mala", la mala, la transgénica será reservada a la producción de energía y la buena, para el consumo humano. Pero esto no toma en cuenta el peligro de contaminación entre los dos tipos de soya que muy a menudo coexisten en el mismo territorio
La violencia utilizada para obligar los campesinos y las comunidades a quitar sus territorios ha provocado la emergencia de movimientos de resistencia armada en Indonesia y es al origen de una gran parte del fenómeno de los desplazados en Colombia, estimados a más de tres millones de personas (Ricardo Carrere, 2006, 13). Este modelo de producción significa también una pérdida de la soberanía alimentaria de las comunidades locales. El monocultivo no permite la producción de alimentos diversificados. Cuando se utilizan para el agrocombustible, granos básicos que sirven a la alimentación, se nota también un aumento de los precios. Así, en México, el precio del maíz aumentó considerablemente, ya que el país es importador de maíz de los Estados Unidos, donde este producto está utilizado dentro del plan del presidente Bush para producir etanol. Se prevé entre 2007 y 2010 un aumento de los precios de los cultivos agrícolas sirviendo al agrocombustible del 20 al 30% y entre 2007 y 2020 del 26 al 135% (Eric Holtz Gimenez, 2007, 27).
- fuente ecoportal,net.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados