CAMOVA

La primera vez que me engañes, será culpa tuya. La segunda será culpa mía."
Proverbio Árabe
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Las características de los actuales escenarios económicos nos muestran un entorno muy materialista, en donde día a día el ser humano esta propenso a estímulos de productos, que generan el satisfacer muchas veces necesidades artificiales que conllevan a un comportamiento negativo del consumidor, incidiendo significativamente en su conducta, personalidad, hasta extremos como el que se manifiesta constantemente en el territorio nacional venezolano, en donde se cometen crímenes , se roba, para obtener productos que le es muy difícil a muchos el poder adquirirlos , especialmente, cuando estos las han dado paso a una segmentación de mercados en donde se impone el reconocimiento social, en que solamente una clase pudiente adquiere esos productos., en donde sus marcas ya son diferenciativas del estatus social .

A todo ello, se agrega la invasión de productos que se da gracias a la globalización, muchos de ellos innecesarios, pero que inciden determinantemente en el comportamiento del consumidor, satisfaciendo necesidades artificiales, originando comportamientos negativos, especialmente cuan do no se les puede adquirir.

Se nota en muchas empresas que han desarrollado productos sofisticados, innecesarios, la ausencia de una responsabilidad social que favorezca, proteja a los consumidores, así como la carencia de una gerencia que esta plenamente identificada con su cultivo espiritual ante sus labores, pruebas, y oportunidades que se le presentan para crecer espiritualmente.

Se percibe una clara identificación de la gerencia moderna con los estímulos ilusorios que el materialismo genera, negándose la gran oportunidad de cultivar valores espirituales que favorezcan un comportamiento armónico, beneficioso, no solamente para el recurso humano que tiene bajo su cargo, sino ante la responsabilidad de favorecer a su entorno con acciones que den paso a la manifestación de auténticos, valores, moral, ética.

La gerencia ha descuidado su cultivación espiritual. No ha desarrollado una cultura espiritual que le garantice acciones que beneficien a todos y que sepa manejar armónicamente sus recursos humanos, y se le de paso a que se manifieste en el entorno una verdadera cultura, por ejemplo la que comenta las Naciones Unidades, esa que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones. A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden.

Definitivamente, la gerencia en su gran mayoría han perdido su horizonte más valioso, como es su cultivo espiritual, que es lo trascendental y no ha sabido aprovechar su momento que se le ha dado cuando se le responsabiliza de gerenciar la empresa asignada, que día a día está sometida a los efectos ilusorios del materialismo y en donde sus acciones deben garantizar servicios sin originar deterioramiento al espíritu, sino , el alcanzar una verdadera madurez espiritual que el entorno le proporciona.

Recuérdese que ya se ha comentado al respecto, que las personas que alcanzan madurez se identifican, porque:

· La persona madura reconoce que lo que le ocurre y lo que tiene es a causa de sus propios actos y decisiones, hasta donde ello es posible, porque hay sucesos que escapan a nuestro poder, y que, sin embargo, influyen en nosotros. El crecimiento comienza por dejar de echar a los demás la culpa de todo lo que nos pasa, y empezar a asumir nuestra parte de responsabilidad en nuestro destino.

· La persona madura es consciente de sí misma y de su circunstancia. O sea, se percata de lo que ocurre dentro y fuera de sí misma. Al mirar dentro de sí misma, lo que se conoce como introspección, puede saber cuáles son las reacciones que le provoca el mundo exterior. Puede saber si le agrada o no lo que está sucediendo, y determinar si debe obrar o cambiar la manera en que está obrando. Al enterarse de lo que ocurre fuera de sí, puede ver si sus acciones tienen o no el resultado que pretende, y corregirlas de manera adecuada.

· La persona madura es disciplinada, sabe que no se puede dejar dominar por la pereza, que es la inclinación a seguir el camino del menor esfuerzo, a dejar todo como está. El cambio exige esfuerzo, y ese esfuerzo debe ser constante, no esporádico. La pereza tiende a hacernos desistir del esfuerzo o a dejarlo para más tarde. La disciplina es lo que nos permite seguir esforzándonos continua y regularmente, en la certeza de que el esfuerzo al final tiene su recompensa.

La gerencia definitivamente debe preocuparse en pro de su crecimiento el cultivar, poner en prácticas las virtudes que le permitan reforzar a su espíritu y colaborar armoniosamente con el recurso humano bajo su cargo, con la sociedad dentro de la ética, moral, valores

No olvide en pro de su crecimiento, que para percibir la verdad, uno debe poseer una mente muy aguda, clara y precisa —no una mente astuta, torturada, sino una mente capaz de mirar sin distorsión alguna, una mente inocente y vulnerable. Tampoco puede percibir la verdad una mente llena de conocimientos; sólo puede hacerlo una mente que posee completa capacidad de aprender. Y también es necesario que la mente y el cuerpo sean altamente sensibles —con un cuerpo torpe, pesado, cargado de vino y comida, no se puede tratar de meditar. Por lo tanto, la mente debe estar muy despierta, sensible e inteligente.

Las necesidades básicas para descubrir aquello que está mas allá de la medida del pensamiento, para descubrir algo que el pensamiento no ha producido son tres: 1) se debe producir un estado de altísima sensibilidad e inteligencia en la mente; 2) ésta debe ser capaz de percibir con lógica y orden; 3) finalmente, la mente debe estar disciplinada en alto grado.

Una mente que ve las cosas con total claridad, sin distorsión alguna, sin prejuicios personales, ha comprendido el desorden y está libre de él; una mente así es virtuosa, ordenada. Sólo una mente muy ordenada puede ser sensible, inteligente.

Es preciso estar atento al desorden que hay dentro de uno mismo, atento a las contradicciones, a las luchas dualísticas, a los deseos opuestos, atento a las actividades ideológicas y a su irrealidad. Uno ha de observar "lo que es" sin condenar, sin juzgar, sin evaluar en absoluto.