Carlos Mora Vanegas

Son muy pocos los postgrados en el país que realmente han definido políticas, normas en relación a un incentivo motivante como es el reconocimiento.

Las autoridades, tanto como su decano y director han descuidado lo que el reconocimiento abarca en pro de exaltar las labores realizadas por sus docentes con excelencia en pro de no solo el logro de una buena capacitación, formación de los que se ofrecen, sino proyectar una buena imagen del postgrado ante su responsabilidad con el entorno en donde se desenvuelva, desarrollar investigaciones que aporten soluciones a la comunidad, que incentive la incorporación de profesionales en pro de adquisición de los conocimientos que el presente demanda.

En el caso que nos concierne, Área de Postgrado de la Universidad de Carabobo, especialmente el concerniente a Faces, lamentablemente en su existencia, muy poca identificación han tenido sus autoridades en resaltar el reconocimiento como estrategia estimulante no solo en su base fundamental como son los docentes, sino con su personal administrativo, alumnos.

Hay una clara ausencia de parte de las autoridades en usar el alcance, los beneficios que el reconocimiento genera, especialmente cuando se le sabe usar.

Por tanto, no nos debe sorprender que se nos señale, que el reconocimiento como herramienta estratégica trae consigo fuertes cambios positivos dentro de una organización. Según el último estudio de la prestigiosa consultora Gallup sobre el reconocimiento al empleado, los lugares de trabajo más eficientes y eficaces, poseen una cosa en común, una cultura de reconocimiento.

Raúl Abad al respecto nos aporta, que reconocer el comportamiento y desempeño de los empleados se traduce en tangibles y positivos efectos al ampliar los niveles de satisfacción y retención así como al mejorar la rentabilidad y productividad de la organización a todos los niveles y a un bajo coste.

La gente que se siente apreciada posee una actitud positiva, mayor confianza en sí mismos y habilidad por contribuir y colaborar. La gente con suficiente autoestima son potencialmente sus mejores empleados. Estas creencias sobre el reconocimiento son comunes y globales entre los empleados.

El Área de postgrado debe conservar a sus docentes, mantener avivada la llama de su espíritu de pertenencia, reconocerle sus labores, sus aportaciones como docentes excelentes, investigadores, la proyección que con sus funciones le proporcionan a la Institución.

No solamente se debe concretar en los docentes, en su personal administrativo, obrero, alumnos resaltando aquellos que se distinguen por sus resultados, aportan soluciones a sus empresa, al medio en donde se desenvuelven, le proporcionan prestigio a la Institución .

Abad nos recuerda, que muchas empresas no consideran el reconocimiento como parte fundamental de sus prácticas de gestión. El problema es que muchos directivos piensan que el salario es el único reconocimiento que necesitan los empleados, o se resisten porque están demasiado ocupados en su propio trabajo para dedicar tiempo al reconocimiento o porque creen que supone un gasto para su organización. Nunca pueden estar más lejos de la realidad, pues está contrastado mediante multitud de estudios que el reconocimiento es una grandiosa herramienta para motivar y retener al empleado. Existe un gran poder en el reconocimiento y las grandes empresas, las que atraen el mejor talento, lo saben, pues ya destinan hasta un 3% de su presupuesto de RRHH a ello.

La Universidad a través de una buena política de reconocimiento puede retener el talento humano que tiene, no generar abandono, desperdiociarlo, sobre todo, cuando su personal reconoce que no se le da ese reconocimiento del que son merecedores, no por los años de servicio, sino por las aportaciones que realizan en el desempeño de la institución, de sus funciones, generando resultados positivos que favorecen tanto a la organización, como a la comunidad.

Dentro de una cultura de reconocimiento, se refuerzan los valores de la institución por el comportamiento que reflejan al reconocer a sus empleados y colaboradores. Los grandes líderes utilizan el reconocimiento para comunicar la visión y valores de la organización. Reconocen a sus empleados o colaboradores de manera frecuente y son sinceros en sus elogios hacia ellos. Realizan presentaciones profesionales preocupándose de que se realice correctamente y sin fallos. El efecto en sus empleados es sorprendente y... muy rentable.

Cuando los empleados ven a sus superiores que dedican parte de su tiempo en preparar un buen reconocimiento, la moral de éstos sube como la espuma. Sencillamente les motiva, les retiene, les fideliza. Se desarrolla una conexión que vincula al empleado con la empresa de forma especial. Ello fortalece la cultura corporativa y permite a los directivos ofrecer más a la organización a través del esfuerzo de su gente.

Desafortunadamente en las Áreas de Postgrado, específicamente la que hemos mencionado, se da una gran apatía en cuanto al reconocimiento y muchos de su personal no se sienten plenamente identificados con la institución, porque no se les toma en cuenta, y más, cuando dentro del clima de ella se sabe que se da preferencias más a los miembros que están integrados y apoyan a los grupos de poder, sin que muchos de ellos merezcan el reconocimiento que otros si se lo han ganado.

Es hora que las autoridades se identifiquen más con lo que el reconocimiento justo, equitativo genera, en pro de aquellos que se han comprometido con la organización más allá de intereses de grupos, personales, hacer posible que se active el espíritu de pertenencia en pro de hacer cada día mejor a la organización a la que pertenecen.

Estamos de acuerdo, que la gente necesita ver que cada persona que hace la misma contribución recibe un mismo reconocimiento por sus esfuerzos, así como es muy importante reconocer el trabajo de todos los que contribuyeron al éxito de un proyecto, no estamos de acuerdo que se hagan reconocimientos a personas que no han aportado beneficios a la organización y que simplemente se le proporciona por razones de compromisos, políticas, de amistades, sin los méritos correspondientes.

Es válido tomar en cuenta lo que Abad nos recuerda, que deben las autoridades considerar, que se trata de una cuestión de necesidades básicas humanas, de reconocimiento y aprecio que todos necesitamos. Si logramos satisfacer de este modo a nuestros empleados, crearemos un entorno vital, agradable, motivador y enérgico para triunfar y destacar en el mercado. Definitivamente la Universidad en este caso debe hacer del reconocimiento una fuerte cultura de empresa asegurando un clima laboral positivo y productivo y dándole paso a que se de una plena identificación de pertenencia con la Organización.

Un buen salario y unos buenos beneficios harán que la gente esté satisfecha con su trabajo. Pero al igual que ocurre con los clientes, la satisfacción no significa fidelidad. Sin una clara y definida identificación con los valores y cultura de la empresa, atractivas oportunidades de desarrollo profesional y una eficaz política de reconocimiento... no podremos retenerlos.

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