Carlos Mora Vanegas

Para quienes habitamos en este planeta Tierra, debe preocuparnos seriamente como cada vez más se ha incrementado el comercio internacional de animales y vegetales amenazando seriamente su desaparición de los primeros. Dicho comercio se hace por vía legales pero también, ilegales, por contrabando. Todo parece indicar que no tomarse las medidas necesarias estamos a punto de hacer desaparecer especies, atentando seriamente contra el patrimonio que la naturaleza nos ha legado.

Ha escrito al respecto David Hammerstein,que cada año se expolian numerosas zonas naturales de nuestro planeta, principalmente en el trópico, en busca de especies exóticas vegetales y animales que buscan complacer la excentricidad y gustos consumistas. Son compradores también los coleccionistas, los zoológicos, los laboratorios de investigación biomédica, las tiendas de animales. Los compradores son principalmente Estados Unidos, la Unión Europea y Japón, y los principales vendedores son países pobres como los de Sudamérica, África y el Sudeste asiático. Pero el beneficio económico del comercio ilegal de especies no revierte en estos países pobres que sacrifican sus ecosistemas y economías locales. La alta mortandad de animales comporta una extracción masiva para compensar las grandes pérdidas de individuos durante el proceso comercial, y es un factor central de esquilmación para muchas poblaciones animales, cuya disminución provoca efectos directos sobre otras especies y ecosistemas, al desestabilizar la cadena alimentaría y causar la multiplicación de plagas, y a. además alimenta la espiral de pobreza que incide en las familias y economías de subsistencia que dependen directamente de los recursos naturales locales y de su renovación y acceso a los mismos.

Teniendo en cuenta que el comercio de animales y plantas silvestres sobrepasa las fronteras entre los países, su reglamentación y control requiere la cooperación internacional a fin de proteger ciertas especies. El Convenio de Washington CITES firmado en 1973 y en vigor desde el año 1975 ha sido subscrito por más de 150 países tiene el fin primordial de la conservación de miles de especies de fauna y flora mundiales mediante la regulación de su comercio. CITES ofrece diversos grados de protección a más de 30.000 especies de animales y plantas, tanto vivos como derivados del mismo. Protege un grupo de especies en peligro de extinción y especies que no necesariamente se encuentran amenazadas de extinción, pero tienen el riego de estarlo. Y un tercer grupo de especies están sometidas a la jurisdicción de cada país, y para las cuales el comercio no se puede controlar sin la cooperación de otro país parte de CITES. El CITES otorga permisos de exportación para el país de origen y de importación para el de destino. Pero, la mayoría de los países no han desarrollado su propia legislación, lo que hace ineficaz el convenio haciendo impune el tráfico de especies. La permisividad de leyes y controles se dan tanto en los países de origen como en el receptor. Los traficantes de especies falsifican documentos oficiales, pagan sobornos y hasta llegan a hacer declaraciones aduaneras fraudulentas.

Se olvida, que la normativa de CITES prohíbe comerciar con animales ilegales pero no con los legales. La cría en cautividad de especies salvajes para su comercialización está permitida y es legal, pero carece de control efectivo para evitar el tráfico ilegal. Los compradores acaban desprendiéndose del animal comprado y para ello utilizan tres vías: depositarlo en centros de acogida, regalarlo o malvenderlo, o liberarlo en la naturaleza. Los hábitos culturales de la sociedad española en cuanto a la posesión de mascotas exóticas son de gran irresponsabilidad, y apenas existen centros de recuperación de fauna salvaje con recursos en nuestro país, lo que empuja en mayor medida a desprenderse de los animales a través del sacrificio o con su abandono. Se da un descontrol y escaso seguimiento por parte de las Administraciones de la venta “legal” de animales salvajes. Los requisitos legales para el registro y control de la cría y venta apenas son supervisados por las autoridades

Se sabe también, comoseñala la revista Fortuna, en Europa aprecian a los caballos argentinos, pero no sólo por su calidad deportiva o su porte. Muchos holandeses o franceses degustan anualmente la carne de los equinos argentinos, un plato que aquí es considerado un sacrilegio, pero que mueve anualmente un mercado de 50 millones en el que la Argentina es líder mundial por muy lejos. Como también lo es en el negocio de la exportación de cueros de chinchillas, que luego se convierten en tapados de Fendi o Dolce & Gabbana que llegan a costar hasta $100 mil dólares
No son las únicas actividades raras en las que los empresarios locales han conseguido ser líderes. En el mundo de las hierbas la Argentina es el primer exportador mundial de manzanilla y en el de los cítricos es el principal proveedor del aceite esencial de limón con el que se fabrican, entre otros productos, jugos y otras bebidas saborizadas.
La apuesta no termina allí. Los emprendedores de productos exóticos se proponen desarrollar mercados casi inexplorados como el de la carne y otros derivados del ñandú o el de la exportación de productos basados en las llamas y alpacas del norte. Van también por una participación creciente en los negocios del consumo de caracoles, yacarés, plantas de aloe vera y hasta de flores comestibles.

Los emprendimientos de criaderos de ranas toro tienen por delante un camino de éxito si se consolida la tendencia europea a aumentar el consumo de alimentos "sanos". Hubo un despegue importante de la actividad en los años 90, pero la crisis económica terminó con muchos emprendimientos. En la actualidad, este nicho está resurgiendo y los productores calculan que las 30 toneladas de ranas toro que se producen en la Argentina dejan una facturación anual de $ 700 mil.
El negocio de las especias y hierbas aromáticas también tiene un futuro promisorio. Tanto en el mercado externo, donde la demanda crece a un promedio que va del 4 al 6 por ciento anual, como en el interno donde la Argentina mantiene una balanza comercial negativa porque la importación de especias y hierbas todavía es muy alta. El negocio mueve unos 50 millones de dólares anuales.
Uno de los cultivos de aromáticas que se muestra más tentador es el de coriandro (cilantro). Si bien todavía es un negocio incipiente, entre 2003 y 2004 su producción aumentó de 386 a 898 toneladas y duplicó las ganancias de los exportadores que facturaron $ 458 mil dólares
El faisán, ave vinculada a la realeza, es otro producto que esta creciendo con fuerza. Se calcula que actualmente hay unos 70 mil faisanes de criaderos. Una de las características que hace atractivo este negocio es el aprovechamiento total del animal, que es requerido por la industria gastronómica hotelera, la producción de delicatessen y los cotos de caza. Hay empresas que se han posicionado bien en el mercado como Avintar, que produce 30 toneladas anuales de carne de faisán, o La Antigua Granja, que se especializa en conservas. Estos establecimientos facturan anualmente entre $ 80 y 100 mil.
En etapa de experimentación hay emprendimientos de criaderos de langosta en el sur e intentos por explotar comercialmente a escala internacional los camélidos del norte argentino que por ahora están restringidos al consumo interno de la región. Hay quienes crían ofidios y lagartos para la explotación de cueros exóticos, quienes esperan que se abra la exportación de ciervos colorados para ingresar al mercado europeo y también los hay que aspiran a conquistar el mercado interno con ofertas alternativas a los alimentos tradicionales

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