CAMOVA
¿Es usted rencoroso? ¿ Cómo el rencor lo maneja a usted o usted al rencor? ¿Qué genera el rencor? ¿ Qué repercusiones negativas le origina en su conducta, comportamiento, personalidad?¿Por qué es rencoroso?, son algunas preguntas que se habrá hecho y probablemente ya tiene respuestas al respecto.
No obstante, el rencor esta ahí, manifestándose en todos aquellos, que de alguna manera no han sabido enfrentarlo, eliminarlo , a fin de que no se ancle en su comportamiento, no lo deteriore, lo afecte física y hasta síquicamente, llegando hasta el extremo que muchas veces puede hasta quitar vida a otras personas que han originado acciones, hechos que le dieron vida a que se manifestará el rencor.
Se sabe, que el rencorcomoseñala el diccionario La Rousse del Español moderno, significa "resentimiento, estar resentido o dolido con alguien por alguna razón". Desde luego hay un antidoto contra él que puede ayudar a que no se manifieste con toda su intensidad y nos dfetriore, como es el perdón.
Alguen sobre ello escríbía que se tome en cuenta que el perdón es un expresión hermosa y sublime. Viene de una raíz griega que significa alterar o cambiar, o sea, que el perdón me da derecho a cambiar y alterar cualquier situación que me permita cancelar la deuda de otra persona conmigo. Perdón es el acto de liberar a alguien de un agravio real o aparente. Una deuda es perdonanada cuando usted libra al deudor de esa obligación y da por finalizada aquella cuenta pendiente que ha habido entre usted y la persona que la lastimó.
Se agrega además, que el perdonar de corazón es una terapia maravillosa. Así como el odiar es un veneno que amarga la vida, que la acorta. Por desgracia hay muchas personas que pasan años llenos de rencor, que no se dirigen la palabra, que no pueden verse ni en pintura. No saben cuanto daño se hacen a sí mismas, cómo se amargan la existencia. No costaría tanto; un poco de oración por la otra persona y curaría a los dos.
Al respecto de la importancia de saber perdonar y no dejarse atrapar por los efectos del rencor, nos relata Alfonso Aguiló

se necesita más empeño y más fortaleza para perdonar que para dejarse llevar por el rencor y los deseos de venganza.
Nos recuerda como Stefan Zweig cuenta en su biografía la triste y fugaz historia de Ernst Lissauer, un escritor alemán de los tiempos de la Primera Guerra Mundial.
Lissauer era un hombre de enorme erudición. Nadie dominaba la lírica alemana mejor que él. También era un profundo conocedor de la música y poseía un gran talento para el arte. Cuando estalló la guerra, quiso alistarse como voluntario pero no fue admitido por su edad y su falta de salud. En medio de aquel fervor patriótico contra los países que ahora eran enemigos, pronto se vio arrastrado por el ambiente de exaltación bélica propiciado desde la maquinaria de propaganda de la Wilhelmstrasse de Berlín. El sentimiento de que los ingleses eran los principales culpables de aquella guerra lo plasmó Lissauer en el famoso “Canto de odio a Inglaterra”, un poema en catorce versos duros, concisos y expresivos que elevaban el odio hacia ese país a la condición de un juramento de animadversión eterna. Aquellos versos cayeron como una bomba en un depósito de municiones. Pronto se hizo evidente lo fácil que resulta encrespar y azuzar con el odio a todo un país. El poema recorrió Alemania de boca en boca, el emperador concedió a Lissauer la cruz del Águila Roja, todos los periódicos lo publicaron, se representó en los teatros, los maestros lo leían a los niños en las escuelas, los oficiales mandaban formar a los soldados y se lo recitaban, hasta que todo el mundo acabó por aprenderse de memoria aquella letanía del odio. De la noche a la mañana, Ernst Lissauer conoció la fama más ardiente que ningún poeta consiguiera en aquella época. Una fama que, por cierto, acabó por quemarle como la túnica de Neso, porque en cuanto terminó la guerra todos se esforzaron por desembarazarse de la culpa que les correspondía en esa enemistad y señalaron a Lissauer como el gran promotor de aquella insensata histeria de odio que en 1914 todos habían compartido. Fue desterrado, todos le volvieron la espalda y murió en el olvido, como trágica víctima de aquella marejada de sinrazón que lo había encumbrado primero para hundirlo luego todavía más.
Esta historia es un buen ejemplo de lo que sucede cuando se hace redoblar el tambor del odio. El rencor genera más rencor, y si no se está en guardia contra él pronto se convierte en una ola imparable que hace retumbar los oídos más imparciales y estremece los corazones más equilibrados. En aquella ocasión hubo unos pocos que tuvieron fuerzas y lucidez suficientes para escapar de ese círculo vicioso de odio y agresión que parecía querer absorberlo todo. Fueron personas que no se dejaron llevar por la credulidad propia del rencor, y que lograron superar la torpe y simple idea de que la verdad y la justicia están siempre del propio lado. Y fueron pocos porque, por desgracia, soplar a favor de lo que desune suele ser más fácil y tentador que lo contrario.
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