
CAMOVA
“La vanidad es la ciega propensión a considerarse como individuo no siéndolo...",
Friedrich Nietzsche
Se considera usted una persona vanidosa, se ha sorprendido actuando vanidosamente alguna vez , le llaman la atención las personas vanidosas, se ha preguntado por qué se manifiesta la vanidad, cuál es su alcance, que genera.
Lo cierto, que casi todos nos hemos encontrado con personas vanidosas y probablemente en alguna oportunidad actuamos vanidosamente.
Tome muy en cuenta, que cuando se ha identificado con el compromiso de crecer como persona sin complejos, lo más correctamente posible, la vanidad debe ser considerada.
Al respecto se dice, que la vanidad es la excesiva confianza y creencia de la propia capacidad y atracción muy por encima de otras personas y cosas
Se nos agrega, que cosa vana es todo aquello que se tiene por valioso pero que en realidad desvía de lo que en verdad vale. Lo vano nos apega a una falsa imagen del hombre, medido por sus riquezas, fama y poder mundano. Lo vano carece de solidez en relación a la vida eterna
Alfonso Aguiló al respecto nos comenta, que es cierto, que hay que tener ideales altas,y es tan importante como tener grandes proyectos e ideales es aprender a traducirlos en una lucha ordinaria de la dura realidad de cada jornada, porque hay demasiado idealista que se ha dejado ganar terreno por los halagos de la vanidad o la simpleza.
La vanidad lleva a creerse algo distinto a lo que uno realmente es. El vanidoso piensa que hace maravillas y se siente herido si los demás no lo valoran. El hechizo de la vanidad los problematiza y sufren tremendamente. El mejor remedio es un poco de realismo:
- para unos, será comprender que los genios suelen ser inteligencias trabajadas por un estudio profundo;
- para otros, abrir un poco los ojos y descubrir las cualidades de los demás, que es una excelente forma de aprender;
- para los que pasan horas ante el espejo y aún así no están seguros de que les guste lo que reflejan, ser menos puntillosos en cuanto a su aspecto físico;
- para todos, rechazar el engañoso halago de la adulación (propia o ajena) y comprender que el objetivo de la vida no puede ser algo tan pasajero como la opinión ajena o el brillo de los aplausos.
Los personajes famosos, esos que saborean las mieles de la gloria, cuando son un poco sensatos —y sinceros— reconocen que sólo con esas satisfacciones no se puede llenar una vida. Que vale más un poco de cariño que todos los aplausos del mundo. Que, a veces, han logrado todos esos aplausos pero, en esa lucha, han perdido el cariño de los suyos, y están tristes.
Hay que aspirar a ser buena persona y a ser coherente con uno mismo. También se puede desear que los demás lo crean así, y lo valoren. Pero esto último ya es más difícil y, sobre todo, menos importante. Muchas veces hay que contentarse —y no es poco, es lo principal— con estar satisfecho con uno mismo. El aplauso que importa y que de verdad satisface es el que proviene de nuestro interior, de la conciencia de la obra bien hecha.
Anibal Arredondo sobre la vanidad nos relata un cuento en donde señala:
Que alláen la inmensidad del Ande, vivía una Zorra vieja y achacosa, acostumbrada a despertar cada día con distintos dolores; pensaba que era el zarpazo de la muerte dejando en la orfandad a diez cachorritos fruto de esta ultima camada.
La bestia cambió de humor y dijo: Que la edad no es la que uno tiene si no lo que uno piensa. Puso manos a la obra y salió de larga jornada en busca de alimentos; los cachorros pidieron comida y no quedaba más que unas gotas galas de leche en sus mamas por no haber probado alimento alguno hace días...Arengo a sus pequeños quedarse tranquilos volvería pronto trayendo carne fresca, era experta cazadora y colaboraron portándose bien durante su ausencia.
La zorra antes de partir los abrigó en su madriguera dejándolos dormidos. Partió por montañas agrestes cuya aterradora belleza entre pajonales y lagunillas la animaba soportar el hambre devorador.
Jadeaba cansada y decide descansar oculta en un hoyo, por si alguien pase y caiga en su trampa, satisfacer su hambre y la de sus crías que esperaban la vuelta de mamá.La vida de la zorra se hacía un desierto, pensaba en su edad dura y difícil, le abandonaban sus fuerzas, vivir y ver que no siempre encontraba siquiera carroñas menos un inocente corderillo para el festín en sus cumpleaños, osar en visitar un redil era recibir una lluvia de balas que muchas veces había chamuscado su pardo lomo.
En medio de la niebla, pronto divisó que de una peñolería una Huallata y pareja (aves palmípedas) desgalgaban sus polluelos del alto de un peñón al profundo suelo; algunos al caer quedaban desmayados, otros revivían y piaban desorientados, mientras los padres agotaban la tarea sin dejar a ninguno en el nido. La zorra sorprendida dijo ¡hé aquí mi festín! son tantos indefensos, ahora podré llevar uno para cada uno de mis cachorros. Las huallatas sin advertir el peligro reunieron a sus pichones enfilándolos de uno, el padre guiaba orgulloso hacia la inmensa laguna oscura como la noche.
La astuta aseguraba el momento para el ataque, luego pensó estar alucinando al ver a las avecitas con las patitas coloradas, se limpió las lagañas y rampó a observarlas; convencida de que eran naturales dijo ¿que vanidad de estas, comprarles medias rojas para diferenciarse de sus semejantes?.
Exclamo ¡mala suerte la mÍa! ¿Por qué tengo que ser yo tener hijos feos, peludos y oscuros que solo viven de carne? Mientras éstos solo de pasto verde, agua y sin trabajo alguno? ¡injusto protestó la zorra!. Recapacitó y dijo que en la vida todo tiene remedio, salto del hoyo ágilmente y las huallatas corrieron a la laguna logrando llegar todas menos la madre que esperó al borde desafiando a su perseguidora. La zorra mostrándose humilde gritó: Señora Huallata no se asuste, no soy mala solo tengo fama, tampoco me gusta vuestra carne; yo también tengo cachorritos y no quisiera que nadie les haga daño alguno. Por favor deme oportunidad para preguntarle. La astuta planeaba sacarle el secreto y luego matarla.
La Huallata desconfiada aceptó la propuesta prevista para volar en la traición que auguraba. Le dijo, perdone la indiscreción que no puedo callar, de ver la belleza de sus hijitos, pues los míos son feitos y nadie los admira. La Huallata contestó; Señora Zorra, me gusta sus sinceridad, ahora va el consejo y escúchelo. Inmediatamente nacidos mis pollitos, sacamos terrones y pircamos un horno, se caldea hasta alcanzar las más alta temperatura y luego se les entierra ¡es todo! Verá Ud. Cómo sus hijitos saldrán con las patitas coloradas igual que los míos. La zorra agradeció que, había comprendido la lección dado su alta inteligencia y que pondría en practica inmediatamente; diciendo esto saltó al cuello de la consejera que felizmente esquivó, la Huallata voló a la laguna, de risa de haber engañado a una que toda su vida había transcurrido haciendo fechorías.
La zorra volvió a su madriguera cogiendo algunas carroñas encontradas en el camino con las que contentó a sus hijos; Luego anotició que en breve serían los zorritos mas bellos de la comarca. Los inocentes aceptaron, engrieron a su madre retozando al contorno de las pajas bravas que cubrían su cubil. La zorra preparó los terrones, pircó el horno, caldeó con leña seca y enterró a su hijitos, buscó su reloj solar un monolito de piedra y calculó la hora escarbó el horno y de sus hijos solo quedaba cenizas.
Ella lloró amargamente prometiendo vengar hasta la muerte; el zorro padre acababa de llegar de largo viaje y al ver lo sucedido coléricos emprendieron camino a la laguna. Disimularon su cólera y llamaron a las huallatas rogando acercarse a la orilla, que venían a agradecerles y entregarles un presente. Las huallatas contestaron no conocerlos internándose al profundo lago. Los zorros impotentes blasfemaron y planearon secar el agua solo bebiendo y bebiendo y así consumar su venganza, cuando de tanto beber reventó sus barrigas muriendo en aras de su vanidad.
La enseñanza dice que nadie puede jactarse de ser astuto, pues todos tenemos recursos para defendernos.
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