De vez en cuando debemos detenernos a reflexionar sobre lo que representa la oportunidad de vivir, ese chance que se nos ha dado de transitar en un plano físico, en donde día a día estamos sometidos a pruebas, en donde debemos sorprendernos inatentos en nuestras acciones, en donde ya debemos tener respuestas del por qué pasamos por esta dimensión, de cuál debe ser realmente nuestra línea de servicio, misión mientras se nos da la oportunidad de estar, de no perder nuestra autenticidad, no dejarnos contaminar de tal forma que nadie nos manipule, ni manipular, de cultivar una autoestima y asertividad alta a favor de todos.
A transcurrido un año más en el calendario creado por el hombre, 365 días en donde muchos sucesos se han manifestado tanto en lo colectivo como en lo personal, en donde habremos obtenidos muchas respuestas a nuestro tránsito, en donde cada día se manifiestan acciones que de alguna manera nos involucran en nuestro crecimiento personal, pero especialmente en lo espiritual.
Muchos seres han dejado su vehículo físico en ese año que se fue, muchos han sido los escenarios en donde ha estado involucrado la violencia, el odio, la guerra, la ira, la destrucción no solo la que genera el hombre, sino la misma naturaleza a través de sus cataclismo, huracanes. Probablemente seres afectivos, con quienes hemos compartido nuestro tránsito se despidieron físicamente de nosotros, manifestándose el dolor, sufrimiento y dándole paso al recuerdo que puede encerrar muchos aspectos a favor o en contra.
Desde luego, también ha habido sucesos muy positivos en pro de nuestra humanidad, nuevos descubrimientos, en pro de la salud, del avance de la ciencia, de la paz, unión, protección, de tomar conciencia de la importancia de darle paso al alimento espiritual.
Lo cierto, que en esta oportunidad compartimos una anécdota que confiamos los invitará a reflexionar y sacar de ella el mensaje adecuado al nivel de crecimiento de cada persona..
Hace muchísimos años, vivía en
Mientras más lo intentaban, más infelices eran, pues la envidia no los dejaba vivir.
Así pasaban los años y el sabio era cada día más feliz. Un día llego ante él un niño y le dijo:
Señor, al igual que tú, también quiero ser inmensamente feliz. ¿Por qué no me enseñas que debo hacer para conseguirlo?
El sabio, al ver la sencillez y la pureza del niño, le dijo:
A ti te enseñaré el secreto para ser feliz. Ven conmigo y presta mucha atención. En realidad son dos cofres en donde guardo el secreto para ser feliz y estos son mi mente y mi corazón, y el gran secreto no es otro que una serie de pasos que debes seguir a lo largo de la vida.
El primer paso, es saber que existe la presencia de Dios en todas las cosas de la vida, y por lo tanto, debes amarlo y darle gracias por todas las cosas que tienes.
El segundo paso, es que debes quererte a ti mismo, y todos los días al levantarte y al acostarte, debes afirmar:
yo soy importante, yo valgo, soy capaz, soy inteligente, soy cariñoso, espero mucho de mí, no hay obstáculo que no pueda vencer:
Este paso se llama alta autoestima.
El tercer paso, es que debes poner en práctica todo lo que dices que eres, es decir, si piensas que eres inteligente, actúa inteligentemente; si piensas que eres capaz, haz lo que te propones; si piensas que eres cariñoso, expresa tu cariño; si piensas que no hay obstáculos que no puedas vencer, entonces proponte metas en tu vida y lucha por ellas hasta lograrlas. Este paso se llama motivación.
El cuarto paso, es que no debes envidiar a nadie por lo que tiene o por lo que es, ellos alcanzaron su meta, logra tú las tuyas.
El quinto paso, es que no debes albergar en tu corazón rencor hacia nadie; ese sentimiento no te dejará ser feliz; deja que las leyes de Dios hagan justicia, perdona y olvida.
El sexto paso, es que no debes tomar las cosas que no te pertenecen, recuerda que de acuerdo a las leyes de la naturaleza, mañana te quitarán algo de más valor.
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