Meyerbeer

Carlos Mora Vanegas

Para quienes se han identificado con la opera, su alcance, contenido, lo que ellas significan en el bello canto, no pueden ignorar, lo que representó en su paso Giacomo Meyerbeer) (Vogelsdorf, 5 de septiembre de 1791 - París, 2 de mayo de 1864) quien fue un compositor alemán, favorito del público parisino por la composición de óperas en el estilo Grand Opéra, Su obra más conocida es Les Huguenots.

Nació en Berlín y su verdadero nombre era Jakob Liebmann Beer. Tuvo como profesor de composición a Karl Friedrich Zelter y al organista alemán Abad Georg Joseph Vogler. Meyerbeer se trasladó a Venecia en 1815, donde adoptó el estilo melódico del compositor italiano Gioacchino Rossini. Allí compuso 6 óperas al estilo italiano, entre las que destaca Il Crociato in Egitto (1824) estrenada en la Fenice de Venecia

Hijo de un acaudalado comerciante de azúcar de Berlín, halló su propio estilo sólo gradualmente, tras unos inicios convencionales.

Se le considera creador del melodrama musical romántico, por lo general basado en un tema histórico y montado de forma grandilocuente, con efectismos teatrales que deslumbraron a sus contemporáneos. Se sobrecargaba el escenario de personajes, había escenas de fuerte contraste. Es la última variante de la ópera seria: la ópera histórica de vasto aliento. Combina los estilos francés e italiano con meticulosidad alemana

Se trasladó a París para estudiar la ópera francesa, que se distinguía de la italiana por la grandiosidad de la puesta en escena y los ballets incluidos como interludios entre los actos y por la mayor utilización de música coral e instrumental en lugar de arias solistas. Los temas también eran más cultos, por lo general de tipo histórico. En sus últimos años asociado al libretista Eugéne Scribe, Meyerbeer compuso 6 óperas francesas, entre las que destacan Robert le diable (1831), Les Huguenots (1836), Le Prophète (1849) y L'Africaine (1865), que le valieron su consagración y la de este género en Europa.

Ayudó a Richard Wagner durante su estancia en París, si bien, el fracaso de este fue evidente ante un estilo encorsetado que nada tenía que ver con la complejidad dramática del drama vagneriano.

Entre 1840 y fin de siglo, Meyerbeer fue una potencia mundial en música, con cifras astronómicas de representaciones. Se convirtió en Director General de Música en Berlín en 1842.

Se señala, que en las evocaciones musicales del siglo pasado escritas por Millet se insiste una vez más en el liderazgo evidente que protagonizaba entre los músicos la obra de Meyerbeer, al cual se le tenía como a un genio prodigioso y a sus "Hugonotes" como insuperables. No sólo se representaban sus óperas sino que fragmentos célebres de éstas, como la brillante "Marcha de la Coronación" (El Profeta); la polonesa de la Struensée u otras composiciones completas como la sinfonía de Struensée, la de Dinorah o algunas de las Marchas para bandas, también se podían escuchar con cierta asiduidad; por no hablar de sus canciones o arias para voz y piano, como las óperas, cantadas en italiano preferentemente.

La muerte del maestro fue una jornada de duelo en el ambiente musical español : la prensa informó puntualmente de todas las anécdotas sucedidas en Paris y Berlín durante los funerales, publicando además y simultáneamente la traducción de la biografía escrita por Fetis en la "Enciclopedia de Músicos Celebres". Para expresar el dolor por la muerte del gran compositor el "Orfeon Español", del 15 de mayo de 1864, apareció a la venta con el retrato de Meyerbeer rodeado por una franja de luto, reproduciendo también y durante seis semanas consecutivas la biografía del autor de La Africana, el cual en otras muestras de homenaje acaecidas en aquellos momentos fue profusamente celebrado.

Se ha escrito, que los franceses quedaron cautivados por su mezcla particular de técnica alemana, melodismo italiano y un innovador espíritu francés. Murió el dos mayo de 1864 en París