Carlos Mora Vanegas

El arte de la guerra sólo es el arte de aumentar las posibilidades para uno”.

Napoleón.

No se puede ignorar la gran dinámica competitiva que en el presente se manifiesta en los escenarios económicos, en donde las empresas participan ofreciendo no solamente los productos, servicios que los consumidores demandan, sino que presentan planes de mercados que se caracterizan por tener estrategias altamente competitivas, que les favorece en sus acciones.

No debe sorprendernos que se comente que el mundo vive un proceso de cambio acelerado y de competitividad global en una economía cada vez más liberal, marco que hace necesario un cambio total de enfoque en la gestión de las organizaciones.

En esta etapa de cambios, las empresas buscan elevar índices de productividad, lograr mayor eficiencia y brindar un servicio de calidad, lo que está obligando que los gerentes adopten modelos de administración participativa, tomando como base central al elemento humano, desarrollando el trabajo en equipo, para alcanzar la competitividad y responda de manera idónea la creciente demanda de productos de óptima calidad y de servicios a todo nivel, cada vez mas eficiente, rápido y de mejor calidad.

Carmen María Pelayo al respecto, nos recuerda, que el término competitividad es muy utilizado en los medios empresariales, políticos y socioeconómicos en general. A ello se debe la ampliación del marco de referencia de nuestros agentes económicos que han pasado de una actitud autoprotectora a un planteamiento más abierto, expansivo y proactivo.

La competitividad tiene incidencia en la forma de plantear y desarrollar cualquier iniciativa de negocios, lo que está provocando obviamente una evolución en el modelo de empresa y empresario.

La ventaja comparativa de una empresa estaría en su habilidad, recursos, conocimientos y atributos, etc., de los que dispone dicha empresa, los mismos de los que carecen sus competidores o que estos tienen en menor medida que hace posible la obtención de unos rendimientos superiores a los de aquellos.

El uso de estos conceptos supone una continua orientación hacia el entorno y una actitud estratégica por parte de las empresas grandes como en las pequeñas, en las de reciente creación o en las maduras y en general en cualquier clase de organización. Por otra parte, el concepto de competitividad nos hace pensar en la idea "excelencia", o sea, con características de eficiencia y eficacia de la organización.

Debe tenerse presente como nos lo recuerda Wikipedia, que la Competitivad es la característica de una organización cualquiera de lograr su misión, en forma más exitosa que otras organizaciones competidoras. Se basa en la capacidad de satisfacer las necesidades y expectativas de los clientes o ciudadanos a los cuales sirve, en su mercado objetivo, de acuerdo a su misión específica para la cual fue creada.

La gerencia debe establecer, definir para incursionar adecuadamente en los escenarios económicos y garantizar competitividad, el definir planes estratégicos que le garanticen una buena participación, para ello es importante tener bien claro el alcance, repercusión que las estrategias generan. Al respecto, Alan Lerner nos señala, que una estrategia competitiva debe considerar los siguientes aspectos:

  • La visión: la empresa deseada como una utopía no tan inalcanzable; la viva interacción de objetivos económicos, sociales, psicológicos a largo plazo.
  • La misión: el espacio en donde opera la visión, es decir, de qué se trata el negocio y qué recursos técnicos y tecnológicos son empleados en el mismo.
  • La estrategia propiamente dicha: el modo en que la empresa se vincula con los mercados, quienes son sus clientes, como llega a ellos y como compite. Comprende tanto la estrategia corporativa centrada en los grados de diversificación, internacionalización e integración de negocios y competencias, así como la estrategia específica de cada unidad de negocios.
  • Las políticas: el marco regulador que guía el accionar de una empresa.
  • La cultura: aquel conjunto de valores, creencias compartidas, y supuestos básicos así como las actitudes y aptitudes que los manifiestan; el leguaje, el comportamiento, y la comunicación.
  • Los recursos intangibles: la forma de encarar la estrategia (ofensiva o defensiva, persistente o cambiante) y el alcance que esta posee, es decir, la definición del grado de diversificación deseado y la intensidad con la que interviene cada unidad de negocios en la formulación de la estrategia organizacional.
  • Los recursos tangibles: activos fijos, bienes de cambio y dinero.
  • La organización per sé: la estructura y su composición, el modelo de gestión entendido como aquellos criterios empleados para tomar decisiones, el rol de la informática y procesos administrativos.

Una estrategia competitiva, comenta Lerner, será aquella que logre manipular las diversas variables descriptas y sea consistente en:

a) Su conducción: como gestionar el comportamiento organizacional
b) El modo de orientar la definición y el modelo de negocio a contextos de alta complejidad: impedir el estancamiento y la obsolescencia de las buenas prácticas de negocio.
c) Administrar el funcionamiento de la estructura organizacional, la toma de decisiones y el empowerment.
d) Generar una adecuada interacción entre el modelo de gestión (gobierno y procesos de negocios) y los sistemas de información, para lograr la implementación efectiva de la estrategia y su retroalimentación.
e) Gestionar efectivamente el cambio, identificando sus raíces, percibiendo su sentido de urgencia y administrando concientemente sus consecuencias.

Una estrategia competitiva será aquella que logre combinar estos aspectos con la totalidad de las capacidades distintivas que posee la organización, es decir, aquello que diferencia a la organización del resto y que no sólo es recurso, sino que es algo difícil de imitar y no se agota. Sería, en términos simples, ir de los recursos organizacionales (internos) al mercado (externo). Los gerentes no deben olvidar que la gestión empresaria debe no sólo mantener un esquema metodológico sólido y sistémico.

Definitivamente nos agrega Lerner, que consideremos lo que Kim y Mauborgne han denominado una estrategia de océanos azules. Una estrategia basada en la innovación del valor cuyo propósito sea combinar estrategias genéricas de liderazgo en costos y de diferenciación, ofreciendo productos a precios estratégicamente accesibles que aseguren la efectiva captación de valor en un espacio no explotado por el mercado.

No hay que olvidar además , que una empresa competitiva es aquella que logra desarrollar y mantener ventajas para competir exitosamente y progresar en su mercado proporcionando a sus clientes bienes y servicios que superan a los de sus rivales

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