Carlos Mora Vanegas
“La confianza, como el arte, nunca proviene de tener todas las respuestas, sino de estar abierto a todas la preguntas”.
Una buena gerencia debe garantizar confianza, ser una persona que la manifieste y que al mismo tiempo deposite confianza en su personal, para ello debe tener seguridad de si mismo.
Son muchos los gerentes que no han sabido cultivar la confianza y muchos de su personal no le tienen confianza, producto de sus acciones, del manejo inadecuado de las relaciones interpersonales, gerentes que no se han sabido identificar con acciones hechos para que el personal le deposite su confianza, desde luego ello a lo largo genera apatía, un clima organizacional nefasto en perjuicio de la empresas y de todos.
Simón Bolívar al respecto decía: La confianza ha de darnos la paz. No basta la buena fe, es preciso mostrarla, porque los hombres siempre ven y pocas veces piensan
Se sabe, que la confianza es la creencia en que una persona o grupo será capaz y deseará actuar de manera adecuada en una determinada situación y pensamientos. La confianza se verá más o menos reforzada en función de las acciones.
Laurence Cornu, señalaba, la confianza es una hipótesis sobre la conducta futura del otro. Es una actitud que concierne el futuro, en la medida en que este futuro depende de la acción de un otro. Es una especie de apuesta que consiste en no inquietarse del no-control del otro y del tiempo.
Un buen gerente plenamente identificado con la confianza de él mismo y de lo que proyecta ante los demás, sabe, que confianza es la esperanza firme que una persona tiene en que algo suceda, sea o funcione de una forma determinada, o en que otra persona actúe como ella desea.
El gerente debe sorprenderse en sus actuaciones, determinar cuanta confianza se tiene en todos aquellos planes, acciones que emprendan, una vez evaluado sus conocimientos, su seguridad y confianza depositada en las personas involucradas en los planes.
Ya habrá evaluado a su personal, a todos aquellos que integran la empresa y determinado en quienes se puede confiar y en quienes no, si el resultado es mayor en la desconfianza, debe tomar acciones que transmuten esas falla a fin de darle paso a la confianza y unificar grupos de trabajo plenamente identificado con sus labores, sus responsabilidades, comprometidos en obtener resultados favorables. Deberá determinar las razones que se dan para que la confianza no se manifieste, si es por causa de él mismo o por los miembros de la empresa.
Mario Valdivia al respecto nos señala, que confiamos en alguien cuando creemos conocer sus intenciones. Desconfiamos de alguien cuando creemos desconocer sus intenciones; aun más claramente desconfiamos cuando creemos saber que oculta sus intenciones. En el primer caso, haga lo que haga y diga lo que diga, creemos saber que todo se corresponde con sus intenciones. En el segundo caso, nada que haga o diga nos convence de que no oculta algo.
Considérese cita Valdivia, que la creencia de que conocemos las intenciones de otros seres humanos tiene siempre algo infundado. Podemos interpretar las intenciones como conversaciones que tiene alguien consigo mismo sobre su relación con las cosas, los seres vivos y los seres humanos que existen en el mundo. En general, una conversación en la que se dice a si mismo lo que ellos le provocan y lo que se propone hacer con los mismos. Por definición es una conversación siempre potencialmente privada y opaca a los demás. Más nos vale no pretender que la escuchamos o que la conocemos de ninguna manera.
Normalmente basar nuestra confianza en creer que conocemos las intenciones ajenas nos conduce a confiar en lo familiar y a desconfiar de lo no familiar. Simplemente porque suponemos desde el sentido común que conocemos aquello que es familiar. Así terminamos confiando en nuestros amigos, simplemente porque lo son, y desconfiando de los distantes, simplemente porque lo son. Manifestamos infinita paciencia y comprensión con las traiciones y abandonos de nuestros amigos en la misma medida que manifestamos impaciencia e incomprensión con las fallas de los demás. Mal aconsejados estaríamos los millones de habitantes de este mundo si creemos que podemos confiar en él.
Necesitamos inventar una manera de confiar que sea adecuada para movernos en el mundo ancho y ajeno actual, y al confiar hacerlo menos ajeno.
Por último, derevistas.com nos señala, que los investigadores han descubierto que la confianza es un elemento clave para la efectividad organizacional. No obstante, el hecho de que una persona se considere confiable no garantiza que sea capaz de edificar confianza dentro de la empresa. Ello implica manejar viejas virtudes gerenciales como consistencia, comunicación directa y clara, y la habilidad para responder a preguntas delicadas. También requiere contar con una buena defensa, para así poder proteger la confianza de los enemigos.
Cualquier acto de mala gerencia erosiona la confianza. Entre los enemigos más comunes de la confianza, destacan los mensajes inconsistentes provenientes de la alta gerencia, la inclinación a tolerar la incompetencia o el mal comportamiento, la retroalimentación deshonesta, la tendencia a ignorar situaciones molestas o políticamente cargadas, el consistente y bajo desempeño corporativo y los rumores.
Defenderse de estos enemigos debe estar en el primer lugar en la agenda de cualquier ejecutivo. No obstante una organización y sus líderes, aunque estén en alerta constante ante estos peligros, pueden perder la confianza de la gente. Particularmente en estos casos y durante una crisis, los gerentes deben considerar la ayuda objetiva de una tercera persona.
La gerencia debe prestarle más atención a como está manejando su confianza en si mismo y como la deposita en sus subalternos y estar atento de cómo se están dando los resultados a fin de evitar que se manifiesten males mayores en contra el buen comportamiento organizacional requerido.


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