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Es preocupante como el no saber manejar las discusiones puede originar conflictos, problemas que nos afectan tanto psíquica, como físicamente. ¿Por qué sucede ello? ¿Por qué se generan las discusiones? ¿Qué involucra la discusión? ¿Por qué no la evitamos? ¿Cuáles son sus efectos? ¿A qué nos conlleva el no saberla manejar? ¿Como se interrelacionan las emociones, con la discusión? , serían algunas preguntas necesaria para entender el alcance, repercusiones de la discusión y tomar las acciones correctivas para que estas no se presente, o de darse cómo darle la solución correcta.
Jorge Rivero en un artículo sobre este trema señala, que en toda discusión ambas partes asumen que tienen la razón. El ego, la soberbia nos hace creer que el otro esta equivocado y que sólo nosotros somos dueños de la verdad. En este mundo hay tan mala comunicación, se manejan tantas palabras cuyo significado se entiende de distinta manera, hasta los silencios se interpretan de forma errónea y sobre esa base se llega a conclusiones que muchas veces lastiman a los seres más queridos.
Al ego también le encanta el rol de víctima. Siempre es el otro el que nos ofendió, siempre es el otro el que nos gritó, siempre es el otro el que nos faltó el respeto, en consecuencia creemos que tenemos el derecho de ofender, gritar, faltar el respeto como un mecanismo de defensa.
La soberbia causada por el ego nos impide aceptar el hecho de que la otra parte podría tener la razón. En lugar de esforzarnos por comprender el punto de vista de la otra parte, buscamos en nuestro intelecto más razones que sustenten y apoyen nuestro planteamiento.
Aquel que tiene más ego, más afán de dominio, que desea ser el protagonista de cada reunión, aquel que desea tener la última palabra de cualquier debate es el que finalmente más sufre ya que no puede desapegarse de su ego. Es tan difícil desprenderse del ego, ya que este produce goce. El ego, para que el espíritu no se imponga, lo invade y le crea una especie de dependencia. Dependencia de los elogios, del reconocimiento, de los aplausos, quiere saberse necesitado.
En el caso del ego la dependencia es muy fuerte. La persona se pone un disfraz de autoridad y este disfraz de jefe es precisamente el que hace que sea muy difícil integrar el amor en sus palabras y por lo tanto muy difícil ser siempre el amo de sí mismo. Las personas se dejan llevar muy fácilmente por el rol de víctima, de susceptibilidad, de irascibilidad, etc., creyendo que son el amo cuando en realidad son esclavos de su ego.
Téngase presente, que al alimentar el ego las personas se cuestionan todo. Se cuestionan por qué viven, se cuestionan por qué trabajan, por qué tienen determinada enfermedad, por qué tienen determinada familia. Todos los "por qué" vienen por el ego. Asumen que merecen algo mejor.
El ego es nuestra debilidad, el ego es el que nos hace discutir. ¿Por qué no pedimos perdón? Porque nuestro ego no lo permite. ¿Por qué no agachamos la cabeza? Porque nuestro ego no lo permite. ¿Por qué nos ofendemos? Porque nuestro ego se encuentra muy ofendido.
Uno debe estar atento cuando la discusión puede manifestarse, a fin de evitar que se den hechos que lamentar y sobre todo se pierda mucha energía, cuando se puede dar paso a soluciones, acuerdos que evitan darle vida a los conflictos.
Se nos recuerda, que hay que ser capaz de compatibilizar las discusiones, a veces acaloradas, con un trato personal exquisito hacia el interlocutor.
Desde luego, es lógico que defendamos nuestras posiciones y rechacemos aquellos planteamientos de la otra parte con los que no coincidamos, pero ello sin dañar la imagen de nuestro oponente ya que las relaciones personales podrían resentirse.
Las opiniones se deben exponer con firmeza pero sin arrogancia. Tampoco se pueden rechazar las opiniones de la otra parte con desprecio. Una disputa profesional se recordará en el futuro como algo anecdótico, mientras que un ataque personal es muy difícil de olvidar.
Concretamente, no debemos olvidar, que cuando hay desacuerdo en algo, cuando no coincidimos con los pensamientos que otros manifiestan, no aprobamos sus acciones, todo ello puede generar discusiones. Discusiones que envuelven otras componentes que deben considerarse, y no dejar que nos manipulen, nos dominen, porque los efectos pueden ser muy negativos, componentes como la ira, rabia, irrespeto, alteraciones que conllevan al estrés, conflictos, daños físiscos y psíquicos. Se debe evitar el que la discusión se manifieste, agotar todos los medios y buscar que se den soluciones positivas ion dejar que aparezca la discusión.
Alguien escribía, que aprendiendo a discutir al modo socrático, cualquier conversación de tal tipo sería mucho más productiva y no ofensiva, ofensas que lo único que allanan es la pérdida de amistades y de grandes afectos…
Considérese, que una pelea, una discusión comienza con un tema y da paso a muchos otros. Sin embargo, no hay que olvidar, que lo importante es que cuando se discute por algo sea ese y sólo ese el tema que se aborda. De esta forma, si se pelea porque alguno deja la ropa tirada en el suelo, no hay que sacar en cara que además el otro deja la tapa abierta del baño.
derf.com.ar/, nos invita a considerar, que es mucho menos recomendable que antiguas discusiones rebroten para agravar la situación. Para la sicóloga de pareja y familia, Carolina Correa, del INC, cada conflicto debe tener un aquí y ahora determinado, cerrándolos para que no salgan en otras discusiones.
Tampoco es bueno que alguno de los dos se guarde sentimientos cuando algo le molesta, pues en períodos de tensión se explorará por todas las molestias juntas y al final se discute de cualquier cosa.
Según Juan Pablo Westphal, no hay que confundir lo que se discute con el amor que hay de por medio. Así, a pesar de que las discusiones generan mucha tensión, nunca se debe quitar el cariño a la otra persona. "Un buen ejercicio es tratar de tomarse la mano cuando se va a discutir. En una pelea cuando se da el mensaje de "no te quiero, no quiero estar contigo", en vez de solucionar los problemas se les profundiza más", sostiene Westphal. El psicólogo agrega que esto "ocurre cuando la discusión fue tan grande o tan agresiva que ambos sienten que la relación se rompió. Pero si uno discute sin sentir que la relación se rompe, puede ser, incluso, constructivo".
A todo ello se agrega, no decir nunca ni siempre dos palabras completamente dañinas, según las catalogan los expertos. Para Westphal, estas son expresiones que descalifican al otro, porque al decir "tú siempre llegas tarde" se borran todas las veces que la pareja criticada llegó a la hora. Por ello los especialistas recomiendan eliminarlas del vocabulario. De la misma forma, Correa sostiene que estas palabras tienden a rotular la conducta de una persona poniéndole una etiqueta que hace aparecer la defensa.
Se nos proporciona algunos consejos para aprender a pelear y discutir
Para no herir a la pareja hay que aprender a pelear. Algunos tips:
- Hablar en primera persona, utilizar las frases "a mí me molesta" o "yo siento" es menos dañino que la crítica.
- No tratar de convencer al otro de que está equivocado ni pretender cambiar su percepción. Hay que aprender a aceptar al otro con sus propias opiniones.
- No evadir el conflicto. Si uno se va, se cambia de pieza o corta el teléfono, es muy dañino para una relación, porque puede resultar para la pareja algo tremendamente agresivo.
- Ponerse en el lugar del otro antes de que el conflicto estalle, porque cuando se está enojado es muy difícil lograrlo.
- Ser respetuoso siempre. Este factor es fundamental en una relación de pareja y no debe perderse nunca.
- Eliminar las ironías. Tal como las palabras siempre y nunca, las ironías son muy dañinas y hay que tratar de eliminarlas del vocabulario.
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