Carlos Mora Vanegas

Todos los que transitamos por esta dimensión en los distintos escenarios en donde nos toque actuar, sabemos que debemos estar atento en las visiones, percepciones que se no manifiestan a través de todo lo que se da en nuestro entorno, lo que proporciona todos aquellos estímulos que de alguna forma inciden e darle paso a que se originen esos ideales que de alguna manera nos permitan desempeñarnos de la manera correcta, proporcionando acciones que beneficien no solamente a uno, sino que involucren a los otros transeúntes que nos acompañan

En un interesante escrito sobre este tópico de James Allen, se indica, que la visión que glorifiques glorificamos en nuestra mente, el ideal que ganó el trono de nuestro corazón – Con ello construiremos nuestra vida, y en ello nos convertiremos. .

En todos los asuntos humanos hay esfuerzos, y hay resultados, y la fortaleza del esfuerzo es la medida del resultado. No la suerte. “Regalos”, poder, posesiones materiales, intelectuales y espirituales son el fruto del esfuerzo; son pensamientos consumados, objetivos alcanzados, visiones realizadas.

Destaca Allen, que los soñadores son los salvadores del mundo. Así como el mundo visible se sostiene por fuerzas invisibles, así el hombre, entre todos sus juicios, pecados y vocaciones sórdidas, se nutre de las visiones de belleza de sus soñadores solitarios. La humanidad no puede olvidar a sus soñadores, no puede dejar sus ideales desaparecer y morir; la humanidad vive en estos, los conoce como las realidades que un día serán vistas y conocidas.
Los compositores, escultores, pintores, poetas, profetas, visionarios, ellos son los hacedores del mundo, los arquitectos del cielo. El mundo es bello porque ellos vivieron, sin ellos la laboriosa humanidad perecería.
Aquel que lleva en el corazón una visión maravillosa, un ideal noble, algún día lo realizará. Colón llevó en su corazón la visión de otro mundo, y lo descubrió; Copérnico impulsó la visión de muchos mundos y un universo más extenso, y lo descubrió; Buda contempló una visión de un mundo espiritual de santidad y paz perfecta, y entró en él. Nos recomienda Allen, que debe valorar nuestras visiones; ideales, la música que agita nuestro corazón, la belleza que se forma en nuestra mente, la gracia que viste nuestros más puros pensamientos, de ellos crecerán condiciones encantadoras, un ambiente celestial; de ellas se construirá, si nos mantenemos mantienes fiel, nuestro mundo
Nuestra visión es la promesa de lo que un día seremos. Nuestro ideal es la profecía de lo que un día llegaremos a revelar.

Se nos recuerda, que los logros más grandes fueron al inicio y por un tiempo un sueño. El roble duerme en la bellota; el ave espera en el huevo; y en la más elevada visión del alma un ángel de la guarda se agita. Los sueños son las semillas de la realidad.

Nuestras circunstancias pueden no ser de nuestro agrado, pero no han de seguir siendo las mismas si concebimos un ideal y luchas por alcanzarlo. No podemos movilizarnos por dentro y permanecer estático por fuera.

Debemos sorprendernos como estamos actuando en nuestra vida, determinar a esta altura de lo que hemos transitado, como se han dado nuestras visiones, que han originado con respecto a nuestros ideales, en todo aquello que queremos alcanzar. Cómo las hemos transformado en acciones que nos den esos resultados que tanto anhelamos. Nos recuerda Allen que debemos considerar que Llegaremos a ser tan pequeño como los deseos que nos controlan, tan grande como nuestras aspiraciones dominantes: en las hermosas palabras de Kirkham Davis, “Puedes ser contador, y en breve has de salir por la puerta que por tanto tiempo ha parecido la barrera para tus ideales, y te encontrarás ante una audiencia - el lápiz aún sobre tu oreja, la tinta aún en tus dedos – y allí y entonces derramar el torrente de tu inspiración. Puedes estar pastando ovejas, y vagarás en la ciudad –bucólico y con la boca abierta; entrarás bajo la intrépida guía del espíritu en el estudio del maestro, y después de un tiempo él te dirá, ‘no tengo nada más que enseñarte.’ Y ahora te has convertido en el maestro, quien hace poco soñaba grandezas mientras pastaba ovejas. Dejarás la sierra y el cepillo para tomar en tus manos la regeneración del mundo”.

Con el fin de darle vida a nuestras visiones y que estas se plasmen en resultados que nos favorezcan, es necesario sorprendernos cómo estamos interpretando nuestro entorno, descubrir realmente cuál es nuestra misión, rol mientras permanecemos desempeñándonos con vida en el entorno en donde actuamos.

Debemos ya haber indagado a través de nuestro autoconocimiento hacia donde queremos llegar, qué es realmente lo que nos favorece el saber aprovechar la oportunidad de estar, manifestarnos en una dimensión en donde sabemos somos transitorios y estamos a merced de saber aprovechar el tiempo que se nos da de permanecer y que no sabemos cuanto es.

Allen nos invita a reflexionar además, que consideremos que el descuidado, el ignorante, y el indolente, viendo sólo el efecto aparente de las cosas y no las cosas en sí, habla de suerte, fortuna, y azar. Al ver a un hombre hacerse rico dirán, “¡cuánta suerte tiene!” Al observar a otro hacerse intelectual exclamarán, “¡Que favorecido es!” Y al notar el carácter santo y la gran influencia de otro comentarán, “¡Cómo lo ayuda el azar a cada momento!” Ellos no ven los intentos, fracasos y la lucha que estos hombres han enfrentado voluntariamente para ganar experiencia; no conocen del sacrificio que han hecho, de los esfuerzos intrépidos que se han propuesto, de la fe que han ejercido para lograr lo aparentemente imposible, y realizar la Visión de su corazón. Ellos no saben de la oscuridad y la angustia; sólo ven la luz y la dicha, y la llaman “suerte”; no ven las largas y arduas jornadas, sino sólo contemplan el logro placentero, y lo llaman “buena fortuna”; no entienden el proceso, sino sólo perciben el resultado, y lo llaman “azar”.

Definitivamente, el hecho de optimizar resultados en nuestra corta estadía en esta dimensión, es estar atento en como evaluar, poner en práctica nuestras visiones e ideologías que de ellas pueden surgir en función de nosotros mismos, no hay que descuidarlo.

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