CAMOVA
Se promete tanto luchar contra la miseria, como en el caso que nos concierne por ejemplo de Latinoamérica, en donde todos los países que lo integran, aun agregando los del Caribe, Centroamérica en cada reunión que celebran hacen énfasis en buscar la vía, compromisos, ayudas financiera que contrataquen la miseria , dándole paso a proyectos sociales, culturales que aporten soluciones a una realidad que todos estos países enfrentan. El Banco del Sur es un proyecto justamente en pro de ese objetivo.
Lo preocupante de todo ello es que muchas veces se queda en demagogia, promesas que se no se cristalizan y se torna preocupante el hecho, que cada día la miseria se incrementa, el hambre hace estragos y son miles las personas que mueren, especialmente niños, dándose en el los escenarios un clima de violencia alarmante, como en el caso concreto de Venezuela.
En un escrito de José Carlos García se manifiesta, que hace unos días, Luis Inacio Lula da Silva, en
El hambre del mundo son 900 millones de estómagos vacíos, la mayoría localizados en Asia y África, según el último informe de
Ocho instrumentos fueron aprobados en Naciones Unidas para acabar con la miseria en 2015. De esas medidas depende la paz mundial en el siglo XXI. El esfuerzo que se precisa es pequeño si lo comparamos con los beneficios que puede reportar a todos los habitantes del planeta, pobres y no pobres: un mundo más justo, más humano, más próspero y más seguro
Agrega García, que los instrumentos para facilitar la generación de los recursos necesarios son: Impuesto sobre los movimientos de capital. Impuesto sobre el comercio de armas. Emisión de deuda pública para financiar los incrementos futuros de la ayuda al desarrollo. Lucha contra la evasión fiscal y contra los paraísos fiscales que anulan la capacidad recaudatoria de los países en desarrollo. Mejora de las remesas de los inmigrantes, cifradas en unos 86.000 millones de dólares anuales, que superan el monto global de la ayuda y tiene un efecto directo en el crecimiento. Es preciso acelerarlas y abaratarlas. Donaciones por tarjeta de crédito asociada a los objetivos del Milenio que permita a los usuarios donar automáticamente una pequeña suma por cada transacción realizada e incrementar la inversión en los fondos éticos, o inversiones socialmente responsables (ISR), vinculadas a objetivos de promoción de empleo, respeto ecológico y otros requisitos sociales. España y otros países están abiertos a condonar la deuda a los países que la apliquen estrictamente al desarrollo.
La economía mundial está dando señales preocupantes de recesión. Los problemas sociales, como el desempleo, inclusive en los países ricos, se están agravando cada vez más. Estoy seguro de que uno de los objetivos de esta reunión del G8 es buscar camino para que la economía vuelva a crecer. Necesitamos una nueva ecuación que permita retomar el crecimiento e incluya a los países en desarrollo. La incorporación de los países en desarrollo a la economía global pasa necesariamente por el acceso sin discriminaciones a los mercados de los países ricos. Hicimos un gran esfuerzo y sacrificio para conquistar la competitividad. ¿Pero cómo competir libremente en medio de la guerra de los subsidios y otros mecanismos de proteccionismo, que crean una verdadera exclusión comercial? No venimos aquí a lamentarnos, ni, simplemente, a engrosar el coro de las recriminaciones. Sabemos cuáles son nuestras responsabilidades. Estamos haciendo nuestra parte, ejecutando políticas económicas equilibradas, combatiendo el desperdicio y la corrupción, priorizando las instituciones para el buen funcionamiento de nuestras economías. Hemos demostrado voluntad política para combatir los desequilibrios sociales y la pobreza.
Estamos haciendo eso en Brasil con democracia y pluralismo, sin fundamentalismos, con cautela y firmeza. Estamos organizando nuestras finanzas y recuperando la estabilidad para crecer de manera sustentable. Pero sabemos que organizar y dar estabilidad a nuestra economía es tarea necesaria pero no suficiente. Necesitamos forjar un nuevo paradigma de desarrollo que combine estabilidad financiera con crecimiento económico y justicia social. Hoy queremos crecer con financiamiento sustentable, distribuyendo la renta y fortaleciendo la democracia.
Ninguna teoría, por más sofisticada que sea, puede ser indiferente a la miseria y a la exclusión. Mirando la historia contemporánea, sobre todo en los periodos que siguieron a las graves crisis económicas y sociales, veo que el desarrollo se dio a partir de profundas reformas sociales. Esas reformas incorporaron a millones de hombres y mujeres a la producción, al consumo y a la ciudadanía, y crearon un nuevo y prolongado dinamismo económico. Fue así en los Estados Unidos a partir de los años treinta. Fue así en la Europa de la posguerra.
Brasil y muchos países en desarrollo hicieron, en la última década, un esfuerzo exigido por las estrategias económicas predominantes. Pero no hubo avances importantes en el combate a la exclusión social. Al contrario, donde el fundamentalismo imperó no se alcanzó la estabilidad económica prometida. Aumentaron el desempleo, el hambre y la miseria. Nuestros sistemas productivos no conquistaron espacios en el comercio internacional correspondientes con nuestros sacrificios. La falta de democracia económica y social amenazó a la democracia en su conjunto.


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