CAMOVA

En un interesante escrito sobre el tiempo John Zerzan nos aporta, que la vida, en su trazado más sencillo, se dice que es un viaje a través del tiempo; un viaje a través de la alienación es uno de los secretos más públicos. "Ningún reloj golpea para el que se encuentra feliz", dice un proverbio alemán. El paso del tiempo, una vez sin sentido, es ahora el ritmo inevitable que nos restringe y coarta, espejando a la ciega autoridad en sí misma. Guyau (1890) determinó el flujo del tiempo como "la distinción entre lo que uno necesita y lo que uno tiene" y por tanto "donde se hace incipiente el remordimiento". Carpe diem, dice la máxima, pero la civilización nos fuerza siempre a hipotecar el presente al futuro.
El tiempo se dirige continuamente hacia una mayor rigidez de la regularidad y la universalidad. El mundo tecnológico del Capital cartografía su proceso a su través, no podría existir en su ausencia. "La importancia del tiempo", escribió Bertrand Russell (1929), descansa "más en su relación con nuestros deseos que en su relación con la verdad". Hay un ansia que es tan palpable como el tiempo; y la negación del deseo no puede ser organizada de forma más definitiva que a través de la vasta construcción que llamamos tiempo.

¿Cuánto vale para usted su tiempo? Es una pregunta que ya debe tener una respuesta en la medida que se ha detenido a evaluar o que el tiempo significa para usted, sabiendo que transitamos en él sin saber a ciencia cierta, concientemente cuando se nos termina, por lo menos en la oportunidad de mantenernos físicamente vivos.

Le vamos dando valor en la medida que consideramos en que lo invertimos y como nos hemos preparado para ello.

En un escrito del club de la efectividad, se manifiesta, que el uso del tiempo nos preocupa a todos. La principal razón de esto es que -para nuestra sociedad- el tiempo es dinero. Así, solemos organizar nuestro tiempo de la misma forma que administramos el dinero: lo medimos, lo contamos, lo calculamos, lo sumamos, lo restamos, lo dividimos, lo invertimos... etc. Hay quienes -incluso- buscan hacer un "balance" de su pasado, quienes pretenden "ahorrar" tiempo en el presente y quienes buscan una fórmula para "capitalizar" tiempo en el futuro. Pero el tiempo... no es dinero.
Decimos que la hora de un psicólogo vale cincuenta dólares, la de un empleado bancario vale diez, la de un profesor vale doce, o la de un abogado cien. Pero... ¿cuánto vale la hora de un amigo? ¿Cuánto la de un padre junto a su hijo? ¿Cuál es el valor de la hora para un enfermo terminal? ¿Y para dos amantes? En realidad, no podemos medir -ni calcular- numéricamente cuánto vale el tiempo. Porque es cada persona quien decide el valor... y el sentido de su tiempo.

Lo importante es tomar conciencia de que debemos saber aprovechar toda esa oportunidad que se nos da de permanecer en esta dimensión, apreciar lo que representa el minuto, la hora, días , años y optimizar su uso en función de nuestro crecimiento, de saberlo utilizar . De ahí, que se diga, nunca dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.

John Zerzan sobre el tiempo nos aporta, que con este nos enfrentamos a un enigma filosófico, a un misterio psicológico, y a un puzzle de lógica. Considerando el tratamiento común del concepto de la abstracción del tiempo como si tuviera una existencia concreta y material, no resulta sorprendente que algunos hayan dudado de su existencia desde que la humanidad empezó a distinguir el "tiempo en sí mismo" de los cambios visibles y tangibles en el mundo. Como señaló Michael Ende (1984): "Hay en el mundo un gran secreto que es aun así algo ordinario Todos nosotros somos parte de él, todo el mundo es consciente de él, pero muy pocos piensan sobre él alguna vez. La mayor parte de nosotros tan sólo lo aceptan y nunca se preguntan sobre él. Este secreto, es el tiempo

Agrega Zerzan, que el crecimiento de nuestro sentido del tiempo -la aceptación del tiempo- es un proceso de adaptación a un mundo en que cada vez es más común conceder sustancia "real" a conceptos abstractos. Es una dimensión construida, el aspecto más elemental de la cultura. La naturaleza inexorable del tiempo proporciona el modelo definitivo de dominación.
Cuanto más avanzamos en el tiempo, más empeora. Habitamos una era de desintegración de la experiencia, según Adorno. La presión del tiempo, como la de su progenitor esencial, la división del trabajo, fragmenta y dispersa todo tras él. Uniformidad, equivalencia y separación, son productos laterales de la fuerza bruta del tiempo. Belleza y significado del mundo que aún-no-es-cultura, dados de forma intrínseca, se mueven sin pausa hacia su aniquilación bajo un reloj único tan ancho como una cultura. La aserción de Paul Ricoeur (1985) de que "no somos capaces de producir un concepto del tiempo que sea a la vez cosmológico, biológico, histórico e individual", falla cuando pretende captar el proceso de convergencia de estas dimensiones.

El tiempo fluye necesariamente; sin su paso no habría sentido del tiempo. Sea lo que sea lo que fluye, sin embargo, fluye respecto al tiempo. Es decir, que el tiempo fluye respecto de sí mismo, lo cual no tiene sentido respecto al hecho de que nada puede fluir respecto de sí. No tenemos vocabulario disponible para la explicación abstracta del tiempo, excepto un vocabulario en que el tiempo ya se encuentra pre-supuesto, implícito. Lo que es necesario es cuestionar todas estas cosas dadas. La metafísica, con unas limitaciones que le ha impuesto la división del trabajo desde su nacimiento, es demasiado estrecha para tal labor.

No olvidar como lo indica Epicuro, que "El tiempo es el accidente entre accidentes",.Examinándolo más de cerca, sugiere Zerzan su génesis resulta menos misteriosa. Muchos han pensado, de hecho, que nociones como "el pasado", "el presente" y "el futuro" son más lingüísticas que reales o físicas. El teórico neo-freudiano Lacan, por ejemplo, decidió que la experiencia del tiempo es esencialmente un efecto del lenguaje. Una persona sin lenguaje seguramente no tendría sensación del paso del tiempo. R.A.Wilson (1980), acercándose bastante más a la cuestión, sugirió que el lenguaje habría comenzado por la necesidad de expresar el tiempo simbólico. Gosseth (1972) argumentó que el sistema de tiempos verbales encontrado en los lenguajes indo-europeos se desarrolló a la vez que una consciencia de un tiempo universal o abstracto. El tiempo y el lenguaje son co-términos, decidió Derrida (1982): "estar en uno es estar en el otro". El tiempo es una construcción simbólica inmediatamente anterior, relativamente hablando, a todas las demás, y que necesita el lenguaje para actualizarse.
Paul Valery (1962) se refirió a la caída de la especie en el tiempo como señal de una alienación de la naturaleza; "a través de una forma de abuso, el hombre crea el tiempo", escribió. En la época carente de tiempo antes de su caída, que ha sido con mucha diferencia la mayor parte de nuestra existencia como humanos, la vida, se ha dicho a menudo, tenía un ritmo pero no una progresión. Era el estado en el que el alma podía "recolectar, en su ser completo" en palabras de Rousseau, en la ausencia de estructuras temporales, "donde el tiempo no es nada para el alma". Las actividades en sí, habitualmente del tipo del ocio, eran los puntos de referencia antes del tiempo y la civilización; la naturaleza proveía de las señales necesarias, de forma bastante independiente al "tiempo". La humanidad ha debido ser consciente de recuerdos y propósitos mucho antes de que se hicieran distinciones explícitas entre pasado, presente y futuro (Fraser, 1988). Más allá, tal como estimó el lingüista Whorf (1956), "las comunidades pre-literarias [primitivas], lejos de ser subracionales, podrían mostrar a la mente humana funcionando en un plano superior y más complejo de racionalidad que la de los hombres civilizados.

En conclusion, estamos de paso en el tiempo, tenemos un principio y un fin que debemos cubrir cuando nos presentamos con esta forma perecedera y nos corresponde utilizarlo en cada momento de nuestra existencia de acuerdo al rol que desempeñemos en él , roles que involucran saber usar el tiempo según su objetivo.

* Fuente; páginas web, 13t.org/decondicionamiento/