
Carlos Mora Vanegas
El estar actuando en escenarios en donde predomina la violencia, inestabilidad, turbulencias, consecuencias de los efectos políticos, económicos, educacionales, sociales que estamos sometidos por quienes dirigen al país y en todo aquello en que nos desenvolvemos, nos invitan a reflexionar ¿ Cuál es realmente nuestro costo emocional? .
Sabemos que generamos emociones, estamos constantemente sometido a estímulos que de alguna manera inciden en nuestro comportamiento, emociones, sentimientos que debemos saberlos manejar a fin de no dejarnos atrapar por sus efectos negativos, ni mucho menos a que nuestro costo emocional sea muy alto, atentando muchas veces con nuestra estabilididad síquica, física, conllevándonos a estados muchas veces negativos que pueden causarnos serias incidencias en nuestra salud y comportamiento.
En un interesante escrito obre este tema en relación a la realidad Argentina de Guillermo Oliveto, publicado en el Diario
Oliveto manifiesta en su escrito ¿Somos verdaderamente conscientes del costo emocional que tienen estos días, en los que el tiempo, al igual que en lo peor de la crisis de 2001/2002, se ha vuelto chicle? ¿Podemos seguir latiendo al compás de un minuto a minuto que nos traba el gesto, que nos borra la sonrisa, que les quita foco a nuestras expectativas, nuestros sueños, nuestras esperanzas?
Mucho se ha hablado por estos días del costo político, del costo económico, del costo de oportunidad y hasta de algo que podríamos llamar el "costo confianza". Son múltiples los análisis y las apuestas sobre cuánto le va a costar esto a
Aspectos que son válidos de tomarse en cuenta en la realidad Venezolana, en donde la incertidumbre, las turbulencias cada día se manifiestan producto de la política y su incidencia en la economía del país, en el alto costo de la vida, en el deterioramiento de la calidad de vida del venezolano que ve cada vez mermada su capacidad de ingreso, que no alcanza para cubrir con los gastos comunes del diario vivir, además, de las amenazas de la inflación, el desempleo, seguridad, aspecto último, que deja mucho que decir cuando la violencia, asesinatos, robos se incrementan y no se vislumbra soluciones para garantizar el derecho a la vida.
Agrega Oliveto en su escrito, que muy poco se ha reflexionado sobre un costo que, superado el fragor de la coyuntura, quizá cale mucho más hondo y resulte aún más oneroso que las pérdidas económicas o las fugas de poder: el costo emocional.
Comenta, que debe preocuparnos, el incremento exponencial de la angustia, sentimiento que emerge como uno de los principales males de los tiempos posmodernos, aquí y en gran parte del mundo. En otro de sus lúcidos registros, uno de los personajes de Tute pregunta a una mujer: "¿Cuál es su principal fantasía?", a lo que ella responde: "Acostarme y levantarme con la misma persona toda la vida". Absorto, él sentencia: "Caramba, Betty, su imaginación no tiene límites". Tanta fragilidad da miedo. Tanto miedo da miedo. Miedo a todo. A que mañana todo pueda ser diferente. A no tener una mínima garantía de lo que pueda pasar. A no saber qué hacer. Al desamparo, a la soledad, a perder lo conseguido, a no conseguir lo querido, a no querer lo conseguido.
No es tan preocupante indica, el conflicto. Es inherente al ser humano. Somos seres sociales. Y bajo esa condición ejercitamos diariamente la convivencia. Como lo sostiene el filósofo francés Comté-Sponville en La vida humana , "lo esencial de la vida social, en general, y de la política, en particular, es que es siempre colectiva y conflictiva".
No podemos vivir sin los demás. Es la presencia del otro la que da sentido a la nuestra. Aunque algunas veces nos resulte insoportable o intolerable su opinión o su voluntad. De esto se trata. Somos seres de deseo. Diferentes, y por eso deseamos cosas diferentes. Pero también iguales, y por eso peleamos y discutimos tras el anhelo de lo mismo. "Insociable sociabilidad" la llamaba Kant.
Tampoco debe asustarnos la negociación. Es la manera racional y civilizada de dirimir el conflicto. Y mucho menos debe asustarnos sus estrategias. Dilatar el tiempo y apurar el acuerdo cuando ya todos están cansados, desgastados y presionados por algún dead line es una de ellas. Muy usada por los orientales, grandes maestros de la calma y de la paciencia.
Venezuela nuestro caso, afronta una atmósfera en conflicto, inestabilidad, de angustia ante la realidad actual en que se debate su presente y lo que el futuro puede proporcionarle, en donde definitivamente, el Estado venezolano identificado en pleno siglo XXI con el Socialismo ,está generando acciones que para el venezolano no acostumbrado a convivir bajo esa ideología ha generado en muchos incertidumbre, preocupaciones, dándole paso a resentimientos en muchos, intolerancia, temor, miedo a no ver claro hacia donde realmente va el país.
Todo ello ha originado que muchos venezolanos emigren , los otros que se quedan, manifiesten su preocupación cuando ven que su costo emocional es muy alto y no se vislumbra la posibilidad de que disminuya y favorezca su estabilidad, identificación plena con sus aspiraciones, logros.
Considero, que el actual gobierno, debiera tomar muy en cuenta en sus planes, estrategias, acciones que involucren fortaleza a
Le corresponde a usted determinar ¿Cuál es su costo emocional en el presente? ¿ Qué representa todo ello en su vida?

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