Carlos Mora Vanegas
En tanto persistan las dudas, la increencia, las calumnias, la mala conducta, los impedimentos del karma, las flaquezas de la fe, el orgullo, la indolencia y la agitación mental, en tanto se rezaguen incluso las sombras, no se puede alcanzar el samadhi de los Budas. Pero quien ha llegado a la irradiación del samadhi más alto, o conocimiento unitivo, estará en condiciones de tomar conciencia, junto con todos los budas de la perfecta unidad de todas las cosas que sienten con el Dhamakaya del estado de Buda. En el puro Dharmakaya, no hay absoluto dualismo, ni sombra de diferenciación. Todos los seres que sienten, ojala puedan darse cuenta de ello, estarán ya en el Nirvana. La pura Esencia del Espíritu es el sambhodi, es el Prajna Paramita, es la Suprema Sabiduría perfecta.
Ashvaghosha
Veinte y cuatro horas comprenden cada día, ellas se van acumulando y forman los años que hemos venido desenvolviéndonos en este plano, actuamos en función a nuestra misión, tratamos de hacer bien las cosas a fin de crecer como personas, incrementar nuestra cognición en una dimensión en donde todo es perecedero, así como hurgamos en todo aquello que nos ayude a comprender las infinitas y complejas manifestaciones del espíritu, especialmente en esta época turbulenta impregnada de grandes amenazas e implosiones de yoes falsos que tratan de aprisionarnos.
Lo cierto, que hoy más que nunca se requiere de un sentimiento de pertenencia, de un cambio cualitativo de conciencia, de ese conocimiento como se ha comentado, que se ha logrado en pequeñas píldoras que se ha ido ubicándose en el subconsciente a los largo de nuestro caminar por esta dimensión. Se hace necesario de una nueva percepción del mundo que permita evaluar lo trascendental, lo eterno, lo espiritual, todo aquello que genere amor, aspecto este último que se ha perdido por haberse dado más importancia a lo material, ilusorio, pasajero.
Tómese en cuenta lo que alguien expuso, sobre que se requiere un nuevo proceso de crecimiento, que no basta con dar pasos que un día nos conduzcan hacia la meta, sino que cada paso ha de ser una meta, sin dejar de dar por un paso. Hay que mantenerse despierto, atento a todas aquellas acciones que se dan en nuestro caminar entre los seres humanos y todo lo que constituye nuestro entorno. Debemos sorprendernos en las imperfecciones y corregirlas. Hay que salir de la caverna y labrar la piedra bruta de nuestra personalidad y tratar de encontrar el camino que nos permita adentrarnos en la búsqueda de nuestro Yo Superior
Consideremos lo que señaló Bertrand Russell: Yo debo antes de morir, hallar la manera de decir la cosa esencial que hay en mi, que todavía nunca he dicho, una cosa que no es ni el amor, ni el odio, ni la piedad, ni el desprecio, sino el soplo mismo de la vida, ardiente y venido desde lejos, que aporta a la vida humana la inmensidad, la espantosa, la admirable, la implacable fuerza de las cosas no humanas.
Louis Pawels, nos recuerda lo que señaló marcos Aurelio cuando dijo: Vive como en la montaña, lo que significa, recude a un centro de reposo tus pensamientos errantes en el siglo; acalla tus opiniones, tus sentimientos, tus humores; borra tu persona: Entonces tu guía interior, no causándose ya ninguna turbación a sí mismo, te conduce a la cosa esencial que hay en ti: la impasible naturaleza universal.
Esta espantosa, admirable e implacable fuerza sin fecha ni figura que hay en mi , esta potencia desnuda, sin temor, sin emoción, sin apego, de la que irradia una especia de fría gloria: esa es mi parte más profunda. De ella viene la absoluta certeza de existir, y que es importante lograrlo, cualesquiera que sean las condiciones de la existencia
En este sentimiento de permanencia, tengamos presente que el hombre que vive como en la montaña pone, en lo privado, la felicidad en la regularidad de su existencia. No es esclavo de reglas de vida ni de hábito: las utiliza como instrumentos de su unidad; son la expresión de su querer ser. El mayor de los cambios tiene lugar cuando en vez de abrumarnos nos procura la felicidad.
Considere también, que en este sentimiento de pertenencia, el único medio de cambiar la vida no es apelar a un acontecimiento extraordinario que vaya a modificar la existencia, sino que nuestra existencia ordinaria, a través de la conciencia interiorizada cese de ser vivida ordinariamente.


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