
Carlos Mora Vanegas
"Estoy en contra de las flores de plástico. Las flores reales tienen muchas diferencias; las flores de plástico son permanentes --el amor de plástico será permanente. La flor real no es permanente, está cambiando de momento a momento. Hoy esta ahí bailando en el viento y en el sol y en la lluvia. Mañana tú no podrás encontrarla --ha desaparecido tan misteriosamente como ha aparecido. El amor real es como una flor real".
Osho
Existen lugares especiales en la configuración del planeta en donde comulgan inspiración y poesía y ayudan a manifestar la implosión del ser. Justamente, uno de ellos que motivó mi contacto con la vibración Cósmica, lo constituyó el sur chileno, especialmente la isla de Chiloé, en donde el mapa estelar en la época de verano (Enero-Febrero), se plasma en la conciencia, en la mente.
Todo espectro de sabiduría en ese momento busca formas, se apoya en mensajes, en aportaciones de otros ya iniciados, como el Tres veces grande Hermes Trimigesto, cuando nos legó su sentencia: Como es arriba es abajo.
Precisamente cuando acostado en ese suelo florecido y acariciado por las aguas frías del sur y se mira al infinito, nos damos cuenta que entramos en contacto con uno mismo. Pareciera que esta galaxia, las constelaciones y todo lo que constituye el Cosmos, forman parte de uno mismo, igual que el cerebro, la piel.
Este panorama origina, da paso a un estado de conciencia especial, manifestándose más en las noches, haciéndonos recordar a Chésterton cuando señaló: que mientras el filósofo procura meterse el cielo en la cabeza, el poeta solo aspira a proyectar su cabeza en los cielos.
A todo ello se agrega los centauros y guardianes de los vientos australes, propios del Polo Sur, que se comunican en buzones vacíos con un lenguaje vibracional más allá del raga, que nos recuerdan en las grabaciones ascentrales que debemos ver a la naturaleza según nuestra propia imagen.
Su fuerza dinámica invisible para los ojos, sensible para el viajero astral lo hace una a levantarse e ir al mar. De esa manera sentado en un peñasco del tiempo y sin dueño, se conjugan las fuerzas de las ondinas con las sílfides, aflorando por los conjuros de la magia, el espectro del amor, que al compenetrarse con la visión interna, puede ayudarnos a entender su razón de ser en la cognición de las formas; desde luego, tal manifestación origina, da paso a ideas conflictivas, particularmente si uno no ha estado atento, despierto, por el contrario prisionero de las formas y ha descuidado la esencia propia del amor, su alcance, su magia.
Sin embargo, las formas femeninas no buscadas hacen acto de presencia con destello de olas que al compenetrarse con el ritmo del viento, despiertan al ser que mora en uno, como genio capaz de dar respuestas a los conflictos que se originan en la dimensión de lo finito.
Tal evidencia de ese encuentro nos conduce a ansiosos paroxismo que cuando uno trata de amar a todo, puede perderse su aroma, fragancia; podría ser que hay algo de verdad, sin embargo, los estados de conciencia alcanzados en la configuración de distintas formas, dejan huellas que permiten adentrarse a identificar cada vez en el nivel que nos permita aniquilar todo recuerdo y apego de formas y solamente sentir como el viento acaricia el mar sin tantas explicaciones, simplemente se manifiesta, esta ahí en ese momento, en esa circunstancia.
Así nosotros siempre hemos estado, con nombres distintos, con formas distintas, sin embargo, la esencia se ha mantenido intacta, capaz de despertarse cuando se le aviva con la vibración trascendental que le corresponde.
Comprendemos, que la existencia es amor, no constituye un bien raro o inalcanzable, no obstante, la fuerza interior es la que proporciona el incentivo para reconocer a quien le corresponde tocar una partitura en el crecimiento de los niveles del alma.
Todo ello me recuerda aquellas inquietudes leída y grabadas en mi vida física, de que cuando amas a la gente, por egoísta que sea nuestro afecto (debido a las sensaciones placenteras que esto brinda), estamos amando a alguien que no es uno, y si exploramos estos sentimientos obedeciendo honradamente a nuestro propio egoísmo, notamos que muchas transformaciones interesantes empiezan a ocurrirnos.
Contemplando cada movimiento del mar ante la penetración del viento, comprendí que para vivir y amar es preciso correr riesgos, adentrarse en la antesala del templo creado para la conjunción de amar sin barreras.
Hay una evidencia en la comunión de ese mar y ese viento que acaricia y habla y que, cuando nos convertimos en un ser incapaz de amar, la energía jamás desaparecerá.
Ya alguien expresaba al respecto, que si no amas, si no dejas que el amor salga de uno, este emerge de cualquier modo en forma de autodestrucción.
BUZON DEL VIENTO
27 may 08 Autor: Carlos En: PORTON DE LAS IDEAS- sin comentarios
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