
CAMOVA
Nuestro transito por esta dimensión es muy corto, aunado además al hecho que ni siquiera sabemos cuando nos toca partir, dejar nuestro vehiculo físico, de ahí, la importancia de estar siempre atento, saber aprovechar la oportunidad que se nos da de permanecer, optimizar el uso adecuado del tiempo presente.
Debemos estar atento, aprovechar nuestro potencial energético, la creatividad que se nos ha legado, identificarnos plenamente con el aquí y el ahora, con el presente. Tomar en cuenta, como lo indica la Escuela de Educación Mental la necesidad de romper la vieja estructura de resistencia al momento presente, de negación del presente.
Se sugiere convertir en práctica el hecho de retirar la atención que se presta al pasado y al futuro cuando no sean necesarios. Hay que salir de la dimensión temporal lo más posible en nuestra vida cotidiana.
Se dice, que si nos resulta difícil entrar directamente en el ahora, se sugiere comenzar observando la habitual tendencia mental a escapar de él. Observar que el futuro suele imaginarse como mejor o peor que el presente. Si el futuro imaginario es mejor, da esperanza o expectativas placenteras. Si es peor, crea ansiedad. Ambas son ilusorias.
Nos agrega la Escuela de Educación Mental, que uno debe mantenerse presente como observador de su mente, de sus pensamientos y emociones, así como de nuestras reacciones a las diversas situaciones. Hay que interesarse al menos tanto por las reacciones como por la situación o persona que nos hace reaccionar.
Se nos indica también, la importancia de notar cuántas veces nuestra atención se va al pasado o al futuro. Se recomienda, no juzgar ni analizar lo que observamos Se invita a contemplar el pensamiento, sentir la emoción, observar la reacción. No hay que convertirla en un problema personal. Entonces, se sentirá algo más poderoso que cualquiera de las cosas observadas: la presencia misma, serena y observante, que está detrás de nuestros contenidos mentales; el observador silencioso. Se señala además, que se necesita una intensa presencia cuando ciertas situaciones provocan una reacción muy cargada de emoción, como cuando nuestra autoimagen se ve amenazada, cuando nos topamos con un desafío existencial que da miedo, cuando las cosas «van mal» o surge un complejo emocional del pasado. En todos estos casos, tendemos a volvernos «inconsciente». La reacción o la emoción se apodera de uno: nos convertimos en ella. Somos el actor que la representa. Nos justificamos, acusamos al otro, atacamos, nos defendemos, pero no somos nosotros: es una pauta reactiva, es la mente en su modalidad habitual de supervivencia.
Eckhart Tolle nos agrega sobre este tópico, que tengamos presente, que la identificación con la mente da a ésta más energía; la observación de la mente le quita fuerzas. La identificación con la mente crea más tiempo; la observación de la mente abre a las dimensiones intemporales. La energía retirada de la mente se convierte en presencia. Si puedes sentir lo que significa estar presente, resulta mucho más fácil elegir salir de la dimensión temporal —cuando no necesitas el tiempo por motivos prácticos— y entrar profundamente en el ahora.
Esto no reduce nuestra capacidad de usar el tiempo —pasado o futuro— cuando nos tenemos que referirnos a él por alguna causa concreta. Tampoco reduce nuestra capacidad de usar nuestra mente; de hecho, la aumenta.
Se recomienda, que cuando utilicemos la mente, esta debe ser más aguda, más enfocada.
Se nos recuerda, que el principal foco de atención de la persona iluminada está siempre en el ahora, aunque sigue manteniendo una conciencia periférica del tiempo. En otras palabras: continúa usando el tiempo del reloj, pero es libre del tiempo psicológico.
Nos agrega Tolle, que debemos saber aprender a usar el tiempo en los aspectos prácticos de nuestra vida, a ello, —podemos denominarlo el «tiempo del reloj»—, se sugiere regresar inmediatamente a la conciencia del presente cuando esos asuntos prácticos estén resueltos. Así no habrá una acumulación de «tiempo psicológico», que es la identificación con el pasado y la continua proyección compulsiva hacia el futuro.
Si nos marcamos un objetivo y avanzamos hacia él, no olvidemos, estamos usando el tiempo del reloj. Somos consciente a donde queremos ir, valoraremos y prestaremos máxima atención al paso que estamos dando en este momento. Si nos centramos excesivamente en el objetivo, quizá porque estamos buscando la felicidad, la realización, o completar nuestro sentido de identidad, dejamos de honrar el ahora. Entonces, todo se queda reducido a un simple paso intermedio sin valor intrínseco que permite acceder al futuro. El tiempo del reloj se convierte en tiempo psicológico. Nuestro camino de vida deja de ser una aventura y se reduce a una necesidad obsesiva de llegar, de alcanzar, de «lograrlo». Dejamos de mirar y de oler las flores que están a los lados del camino y dejamos de interesarnos por la belleza y el milagro de la vida que se desarrolla a nuestro alrededor cuando estamos presente en el ahora.
Definitivamente, hay que aprovechar cada minuto que el presente nos lega, no descuidarnos, hay que saberlo utilizar en todo aquello que nos genere crecimiento, real vivencia de nuestro tránsito. Debemos identificarnos con la oportunidad que nos da ese momento. El aquí y el ahora es nuestra realidad, mañana no sabremos si estaremos en ella.
Tenga muy en cuenta lo que alguien señalaba sobre el tema, que el ahora es el presente, aquello de lo que me doy cuenta. Ya sea que estemos recordando o anticipando, lo estamos haciendo ahora. El pasado ya fue, el futuro aún no llega. Es imposible que nada exista excepto el presente. Pero si borramos el ahora, entonces no hay nada. De modo que no importa si estamos recordando o anticipando, de todas maneras lo hacemos en el aquí y ahora. Viva y utilice potencialmente su presente, aproveche la oportunidad que se le da al respecto.
*mental.com.ar.
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