CAMOVA
Es una locura pensar en mejorar haciendo más de lo mismo
Einstein

Muy pronto las universidades nacionales venezolanas elegirán nuevas autoridades, autoridades que deben ser renovadoras, con otra visión con que se ha gerenciado a las universidades por años, dejando grandes vacíos en su real participación dentro la vida económica, política, social que se necesita para generar los cambios que tanto requiere el país y poder salir de un escenario turbulento, inseguro, riesgoso, como el que actualmente se manifiesta.
No pueden las universidades seguir con el mismo estilo de liderazgo, muchas de ellas manejadas por los grupos de poder, autoridades que se han enquistado por años evitando que afloren nuevos líderes, que se presenten otros esquemas, nuevas autoridades más actualizados, comprometidos, renovadores, verdaderos agentes de cambio, avalado de un liderazgo que permitan que sus planes, programas, acciones favorezcan no solo el logro de la excelencia académica, investigación, sino la formación, capacitación de profesionales que proporcionen a la nación, sus conocimientos, propuestas beneficiando su desarrollo en todas las disciplinas, a sus profesionales capaces de afrontar los desafíos actuales, especialmente, ante un nuevo gobierno que se ha denominado revolucionario y ha dado paso a una ideología socialista a la que el venezolano no estaba acostumbrado.
Es hora de dar paso a nuevos estilos educativos, de aprendizaje, a autoridades , docentes con visión académica, compromiso social, que presenten renovadores modelos, propuestas que favorezcan el desarrollo de todas las disciplinas que la universidad utiliza en la formación de sus profesionales. No pueden las universidades en pleno Siglo XXI y ante los grandes desafíos del presente, anclarse con los mismos grupos de poder, debe darle paso a una nueva cultura universitaria, a una generación capaz de afrontar los cambios, enfrentar los desafíos y sobre todo, saber aprovechar las oportunidades a fin de rescatar a las universidades de la sombra ha donde se les ha llevado por años.
Hoy, más que nunca, ante los cambios radicales que se están suscitando en el país, producto de las acciones de gobierno, las universidades no pueden permanecer pasivas, se requiere de mayor participación en la vida económica, política, cultural, educacional, manifestar constantemente sus opiniones, sus puntos de vistas, todas aquellas propuestas que favorezcan al país, así como su responsabilidad social, su rol a desempeñar. Hay que mantener vivo el sentido del compromiso de la universidad pública con la sociedad.
Hoy más que nunca, las autoridades, comunidad universitaria deben ser garantes de su autonomía, esa capacidad que las universidades tienen y deben defender para ejercer en plenitud y darse nuestras normas, objetivos académicos y de investigación sin injerencia de poderes externos, tal como no los recuerda Carolina Scotto.
Scottto señala al respecto, que hay que darle un sentido más vigoroso a la autonomía, a esa ya conquistada por instrumentos legales. Se de usar de manera independiente, pero también audaz y comprometida, no egoísta y autista, como a veces los universitarios, sin darnos cuenta, nos acostumbramos.
Agrega, que la universidad tiene que ser más porosa, más abierta, dispuesta a aprender de las experiencias universitarias y no universitarias, y no acostumbrarse a sus propias tradiciones y hábitos, que muchas veces se ven como únicos, pero que en realidad no lo son.
Se debe buscar todos aquellos mecanismos necesarios de participación de cambios que permitan de una vez por todas adaptarse a los nuevos requerimientos que la Sociedad del conocimiento presenta y luchar por evitar que la universidad como todas las instituciones del país se tornen burocráticas, muchas veces más de lo normal y lo que es más preocupante dependiente de un sistema educacional de país que no funciona. Atiende más a su burocracia que ha medir su impacto social.
Al respecto de esta inquietudes, alguien señalaba, que es necesario democratizar el acceso a la educación, jerarquizar el incentivo material, cultural y el prestigio de ser docente, conformar planes conjuntos en educación y salud, incrementar la carga horaria, el equipamiento y los recursos, articular escuelas e instituciones científicas, lograr que los gremios docentes no capturen la educación en beneficio propio, revivir el gusto por estudiar y cambiar la idea de que es difícil, inútil y aburrido, promover la cultura del trabajo, que esforzarse valga la pena y que la educación sea el fundamento del progreso. La UNESCO propone la Educación de calidad para todos.
Se recuerda, que la gran confianza depositada en el Estado como articulador de políticas educativas hicieron que Finlandia, Corea, Canadá, Nueva Zelanda, Irlanda y Australia, entre otros, se posicionaron entre los mejores. Los estudiantes de esos países pueden analizar datos, evaluar puntos de vista y comunicar argumentos con precisión. La pérdida es por partida doble: los mejores egresados se irán a los países desarrollados que les ofrecen oportunidades. Obtener talentos es una obsesión mundial La miopía cognoscente es saber que existen formas mejores de educar y seguir con lo mismo. La experiencia pedagógica debe transmitir el placer de aprender y las nuevas tecnologías ayudar a superar modelos perimidos y estimular el autoconocimiento.
Agrega Horacio Krell en relación de la necesidad de cambios, que se considere que educar va más allá de la didáctica. Es desarrollar destrezas y actitudes que vinculen al estudiante con el mundo. El problema es que no sabe usar su cerebro porque no sabe cómo funciona. Hay que acercarle el know how del alto rendimiento. Desconocer la causa de los problemas suele ser su causa. Para optimizar el hardware cerebral hay que combinarlo con el mejor software que es la metodología intelectual y articular el sistema educativo desde que el niño nace hasta que muere, porque el niño es el padre del hombre. Para eso hay que armonizar la inteligencia individual con la inteligencia institucional. Como dijo Nietzche, “los métodos son la mayor riqueza del hombre”.
No deben las nuevas autoridades comprometidas en rescatar a la universidad venezolana del espacio en donde está, olvidar, como lo cita rebelión.org. que la Universidad tiene un lugar en la ciudad. Representa, no cabe duda, una de las piezas de las que está compuesta la sociedad contemporánea, uno de los ingredientes necesarios para componer el tipo de ciudadanía con el que la civilización occidental está comprometida políticamente, fundamentalmente en el marco de lo que podría llamarse el proyecto de la Ilustración, aspecto que se ha descuidado mucho en las universidades nacionales.
En la Universidad, se habla; pero también se habla de parte a parte en la ciudad, por todos los rincones sociales. El hecho de que las partes de que se compone una sociedad lleguen a acuerdos, compromisos o contratos mediante la palabra es lo que conforma ese espacio al que llamamos ciudad, un marco, en definitiva, para eso que llamamos ciudadanía. Ahora bien, la especificidad del hablar universitario es que está interesado en y orientado a lograr un efecto al que llamamos verdad. La Universidad es la sede del conocimiento, y el conocimiento no es sino esa capacidad que tiene la palabra para establecer un contrato o un compromiso con la verdad y no simplemente con los hombres, con los otros hombres.
Urgen cambios radicales en la gestión universitaria venezolana, rescatar la excelencia académica, dar paso a la investigación a tener más presencia la universidad en los problemas nacionales y proponer soluciones que favorezca al país. No se debe arraigar en un tradicionalismo en donde el interés individual, el de los grupos de poder predomine por encima del de la comunidad universitaria, del país.
Venezuela necesita de una nueva visión, compromiso de la universidad, más en un escenario turbulento, de cambios en donde su presencia es determinante. Esperemos que se de paso a una nueva generación de autoridades capaces de generar los cambios que tanto se necesitan para rescatar a la universidad del lugar pasivo en donde está.