CAMOVA
Por no querer perder el tiempo pierdes el tiempo y el alma. Estás perdiendo la vida
de tanto querer ganarla.”
José Bergamín.
Es tan corto nuestro transito por esta dimensión que debemos saber manejar adecuadamente el trabajo y no que este nos aprisione y nos lleve hasta extremos de muerte.
Los japoneses llaman a esto karoshi. Como nos lo recuerda, lanacion.com.ar, la traducción más aproximada al español sería "muerte por exceso de trabajo", un mal que produce más de un centenar de víctimas anuales en Japón, a pesar de los esfuerzos del gobierno por concienciar a una sociedad con una inflexible cultura de trabajo.
Se dice que, el primer reporte de un caso de karoshi data de 1969, cuando un hombre de 29 años murió extenuado en el área de despacho del diario más importante de Tokio. Sin embargo, el Ministerio de Trabajo japonés recién comenzó a elaborar estadísticas en 1987.
Según los especialistas, las causas médicas de la muerte por exceso de trabajo (paro cardíaco y derrame cerebral, las dos más comunes) se deben a las largas jornadas laborales a las que son sometidos los trabajadores japoneses. En varios casos, se comprobó que las víctimas trabajaban alrededor de 3000 horas anuales. En un cálculo informal, si se descuentan los francos y los feriados, los trabajadores completaban jornadas de trabajo de entre 11 y 12 horas.
Más de un centenar de japoneses, se calcula, muere anualmente por karoshi. Preocupado por estas cifras, el gobierno lanzó una campaña de prevención. Entre otras medidas, el Ministerio de Trabajo promueve el respeto de las licencias por maternidad y el uso de la teleconferencia como método alternativo al traslado diario a las grandes urbes.
Hasta el momento, sin embargo, los resultados no han sido demasiado exitosos. En 2006, según datos oficiales, 355 trabajadores cayeron enfermos por trabajar desmesuradamente. De ellos, 147 murieron. La cifra representa un aumento casi del ocho por ciento respecto del año anterior.
Para el doctor Katsuo Nishiyama, de la Universidad Shiga, en Kyoto, el mal se debe a la rigurosidad de la cultura nipona. Los esfuerzos por reconstruir el país tras la Segunda Guerra Mundial, que lo llevaron a una expansión económica inusitada, calaron hondo en los trabajadores japoneses.
Cabe señalar, que el fenómeno empezó a llamar la atención a finales de los años ochenta, cuando la Organización Internacional del trabajo (OIT) hizo público el notable incremento de la mortalidad entre los hombres nipones entre los 25 y 60 años de edad. Estos trabajadores, de todos los ámbitos y rangos, morían súbitamente, sin rastros de enfermedades previas; solo se dormían en el metro y no despertaban o se desplomaban en sus sitios de trabajo. Para los médicos japoneses las razones son sencillas: sus organismos, dejaban de funcionar a causa del exceso de trabajo
Manuel Crespo nos agrega, que Dentro del sistema de producción japonés, los recreos, las pausas para ir al baño o los descansos para secarse el sudor son considerados una pérdida de tiempo", afirma Nishiyama en un artículo firmado con el doctor Jeffrey V. Johnson, de la Universidad Johns Hopkins, de Estados Unidos. Dentro del sistema de producción japonés, los recreos, las pausas para ir al baño o los descansos para secarse el sudor son considerados una pérdida de tiempo", afirma Nishiyama en un artículo firmado con el doctor Jeffrey V. Johnson, de la Universidad Johns Hopkins, de Estados Unidos. .
Esta estructura de pensamiento usualmente genera un desfase entre esmero y rédito personal que los empleados no alcanzan a ver, aseveran los expertos, y que literalmente los hace trabajar hasta morir.
Debates de Iesa, volumen XI, 2006, nos indica, que sed considere que la aguerrida competencia entre empresas y la recesión japonesa siguen impulsando a los empleados a trabajar hasta extremos mortales. Según cálculos del Consejo japonés de defensa para los damnificados por koroshi, aproximadamente veinte mil japoneses mueren al año por exceso de trabajo.
Indica Iesa, que lo que si parece haber cambiado e4s la importancia que las empresas japonesas han empezado a darle al fenómeno, no sólo porque han estado expuestas a demandas de los familiares de las víctimas, que exigen indemnizaciones similares a la que otorgó el estado a los familiares de los kamizakes en tiempo de guerra, sino porque también han reconocido que jornadas de doce horas o seis días a la semana inhiben la productividad y la creatividad.
Francisco Áreas nos agrega, que Según el Consejo Nacional de Defensa de las Víctimas de karoshi, constituido por un grupo de abogados fundamentalmente de Tokio, el problema afecta a todos los grupos de trabajadores. Los casos de muerte han ocurrido en todo tipo de industrias, desde plantas de montaje de coches hasta restaurantes de comidas rápidas y bancos. El Consejo considera que la causa básica de estas muertes hay que buscarlas en la gestión empresarial del sistema japonés y rechaza las sugerencias de que los propios trabajadores son responsables de su muerte.
Un factor importante para sucumbir al karoshi es el excesivo número de horas de trabajo. Los trabajadores japoneses trabajan 400 horas más que los franceses y alemanes. Un informe del Consejo, realizado hace unos años, apuntaba ya la necesidad de medidas que pusiesen remedio al exceso de estrés físico y mental.
Aparte de las largas jornadas de trabajo muchos trabajadores japoneses tienen que recorrer largas distancias entre su vivienda y el lugar de trabajo, por lo que a las muchas horas de trabajo hay que añadir un buen número de horas para ir y volver al trabajo.
En un caso reciente de muerte por exceso de trabajo de un especialista en ordenadores, la familia ha denunciado que la semana anterior a su muerte había trabajado 71,5 horas, de las cuales, más de treintas eran horas extraordinarias.
Los diferentes casos denunciados presentan diversas características, pero, en general, tienen en común la idea de que una fatiga o un estrés creciente por exceso de horas, trabajo nocturno, carga excesiva de trabajo, etc., han conducido fatalmente al infarto o a la hemorragia cerebral. En todos estos casos, lamentablemente, puede decirse que “su última hora también fue extraordinaria”.
En China, en mandarín se le conoce como "guolaosi", la muerte por exceso de trabajo, afecta principalmente a profesionales liberales de entre 30 y 60 años. Según una encuesta de la Asociación China de Gestión de Laboratorios Clínicos, los informáticos y jóvenes ejecutivos -el gremio de Zhongguancun- son los más propensos a morir de "karoshi".
Les siguen periodistas, agentes de bolsa, agentes de seguros, taxistas, guardias de tráfico, comerciales, abogados y profesores, sumidos en «un vertiginoso ritmo de vida y fuertes presiones, que les han acompañado desde el comienzo de sus carreras», concluye el estudio.
Aunque la ley laboral china establece una jornada máxima de ocho horas diarias, las horas extraordinarias suelen ser obligatorias en muchos sectores, donde el sistema de promoción o eliminación obliga a los empleados a trabajar más por propia iniciativa
En el caso de Occidente, en nuestros países esto no es tan dramático como en Oriente, sin embargo, hay otros factores que han incidido en la vida de los trabajadores, como en las relaciones del hogar, en donde se manifiestan muchos divorcios producto del trabajo, donde muchos se integran plenamente a él, afectando la familia, sus compromisos y tornándose un adicto del trabajo, una adicción que también ha afectado a muchos en su salud, en sus hábitos., personalidad, comportamiento.
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