CAMOVA

Sabemos a ciencia cierta, que nuestro paso por esta vida es muy corto, por tanto, se debe saber aprovechar la oportunidad que se nos dio, No debemos desperdiciar nuestro tiempo cedido, todo lo contrario, optimizarlo de tal forma que nos permita disfrutar la vida, aun sabiendo que debemos de laborar mientras permanecemos, especialmente para aportar nuestras habilidades, conocimientos, simplemente, hay que enfrentarse con el trabajo pero con la advertencia de que nosotros lo sepamos gerenciar, administrar y no este a nosotros, como está sucediendo últimamente ante las características de los actuales escenarios económicos en donde actuamos.

Maria Renée Cortés comenta, que consideremos el hecho, que la globalización y las tendencias del mercado traen consigo una poderosa marea de consumismo, que sin discriminación alguna, arrastra a todos. Como consecuencia, hoy somos una especie obligada a continuar produciendo para seguir consumiendo.

“La actividad productiva es fundamental para la economía de las sociedades y cada vez exige trabajos más especializados, aumentando la competencia laboral”, indica Siles.

Estas características actuales del mercado laboral propician la aparición de ciertas enfermedades laborales, o como se las llama, enfermedades del siglo XXI, denominadas así porque son consecuencia de la nueva situación del mundo laboral.

El ser humano que trabaja se halla en un contexto que requiere de competencias mayores y cada vez más específicas, tanto en aspectos de personalidad y actitudes, como en educación, idiomas, técnicas, especialización, etc.

Patricia Monteferrante en un escrito sobre este tema , aporta que se reflexione en el hecho de cuantos se han sentido a lo largo de sus carreras profesionales que su vida están fuera de control, que no hay espacio que no sea otra cosa que no sea el trabajo. Y que, en el mejor de los casos, son auténticos malabaristas que intentan mantener el equilibrio entre trabajo, familia y amigos.

No nos sorprende, que cada día se nota un anclamiento en muchos profesionales, operarios, con respecto al trabajo, dejándose manipular por este, en donde algunos buscan mayor cantidad de dinero que les permita satisfacer sus necesidades, muchas artificiales, de estatus, de comodidad, reconocimiento, a un costo de desgate laborar que los afecta tanto en lo físico, como en lo psíquico

Otros lo hacen como para salir de la presión del hogar, la monotonía, la rutina, liberarse de las responsabilidades de permanecer en el seno familiar, y para ello consideran el trabajo como su vía de escape.

Hay quienes lo ejecutan para satisfacer sus egos, en busca de reconocimiento, de dar paso a su creatividad, potencialidad.

Lo cierto, que ya nos sorprende como se ha venido deteriorando el rol de la familia, hasta llegar a divorcios, abandono de hogar, más, cuando el trabajo es muy incierto en un como el que afronta Venezuela en relación al empleo, tornándose cada vez difícil, dado a la incertidumbre, riesgos que el actual gobierno ha generado y ha incidido en las empresas, haciendo muchas que cierren, despidiendo a sus trabajadores.

No se puede negar como cita Monteferrante, que las exigencias laborales de hoy son cada vez mayores, y muchos empleados posponen su vida personal para un futuro que nunca llega. También son escasas las ocasiones en la que los trabajadores pueden revelar abiertamente a sus supervisores las frustraciones y ansiedades que generan sus vidas desequilibradas, que solo se comentan tras bastidores. El grado de apertura de los empleados para manifestar sus angustias laborales está relacionado con la cultura de la mayoría de las organizaciones y con lo que se considera socialmente aceptable.

Monteferrante, nos agrega además en su análisis ¿Quiénes son realmente los trabajadores estrellas?. Los que trabajan muchas horas y dan la sensación de que comen, duermen, viven en la empresa. El ejecutivo exitoso es el estereotipo de una asociación culturalmente aceptada entre logro y vida desequilibrada (Dinnocenzo y Siegan, 2004). Es poco probable que los empleados que se marchan a casa al término de la jornada laboral, participan en otras actividades no laborales, y, además, son productivos en el trabajo, sean los héroes o heroínas de las empresas. En el mejor de los casos son considerados empleados promedios; para algunas organizaciones son cuatreros (porque se van a las cuatro de la tarde, la hora de salida en muchas empresas) o poco comprometidos con el negocio.

Debemos de vez en cuando sorprendernos cómo estamos actuando en relación al trabajo, si realmente nos hemos quedado atrapado en él y no estamos disfrutando nuestra vida, por está demasiado identificado con la necesidad de trabajar, buscar los beneficios que éste nos genera, y sobre todo a que costo físico y psíquico.

No nos extrañe encontrarnos con un gran número de personas que afrontan problemas emocionales, psíquicos y hasta de salud por no saber enfrentar y manejar adecuadamente su relación con el trabajo. Se les olvida, que deben saber aprovechar la vida más allá de lo que el trabajo les ofrece, deben disfrutar sus momentos, libres, compartirlos con la familia, amigos, naturaleza, con todo aquello que les ayude a crecer, especialmente en lo espiritual.

Sabemos que el trabajo es un derecho constitucional y una forma de acceder a un nivel optimo de calidad de vida para nuestra familia, una forma de realización y enriquecimiento propio y personal., al que todo podemos acceder, el problema está en que éste no nos esclavice, ni atente contra nuestra vida en lo psíquico y en lo físico, debemos saber aprovechar el presente, cada minuto de nuestra vida también en todas aquellas acciones que nos ayuden a ser cada vez mejores y disfrutar la oportunidad de vivir.

Hay una anécdota, cuento, que puede ayudar a entender la importancia de saber manejar la situación.

Un turista solo camina por la playa, disfrutando de la tranquilidad y el ambiente solitario de las primeras horas de la mañana. Pero, no tarda en darse cuenta de que se encuentra también en este escenario un pescador de la localidad, recostado a la sombra de su embarcación.

Este comienza a interrogar al pobre pescador, preguntándole por qué no está trabajando, como debería.

El pescador, contesta que hoy tuvo suerte: ya ha obtenido una gran pesca y se la ha vendido al pescadero por un buen precio. En su opinión, ya ganó más que suficiente dinero por hoy.

Entonces el turista se escandaliza y advierte al pescador que debe poner más atención a las eventualidades futuras: es posible que no siempre tenga tanta suerte como hoy y, por lo tanto, sería conveniente guardar dinero para los tiempos malos. Es más, el pescador debe pensar en su familia en caso de un accidente grave y debe también guardar para un posible desastre.

El pescador le explica que conoce bien su trabajo, con todos los trucos y que, por consiguiente, confía en que siempre pescará suficiente, aunque quizás no tanto como hoy. Y si llegase a suceder lo peor -¡que Dios no quiera!- no hay por qué desesperarse; después de todo, tiene muchos familiares y buenos amigos que sin duda estarían dispuestos a ayudar a su familia en caso de mala suerte.

Entretanto, el turista le sugiere al pescador que debe utilizar su tiempo al máximo, en lugar de permanecer ocioso; así podría pescar más cada día. El dinero extra de esta pesca se podría invertir en modernos equipos para pescar aún más y así obtener más ingresos adicionales. De esta manera, el pescador podría invertir más dinero y eventualmente comprarse un buen barco, y así sucesivamente...

Después de algunas fantasías más, el experto en desarrollo en potencia ya se está imaginando la compra de helicópteros propios para llevar suministros frescos a la cadena de restaurantes de lujo especializados en pescado. El pescador Interrumpe el monólogo para preguntarle por qué debe pasar tanto trabajo para semejante desarrollo. En este punto, el desarrollista amateur se siente triunfante: "Si logras todo esto, tendrá suficiente dinero para hacer todo lo que quiera el resto de su vida, tener más tiempo para tu familia, más ratos de ocio y mas dinero para darle los gustos a quienes desees". "Eso está muy bien - le contesta el pescador - pero eso es lo que ya estoy haciendo..."

Lo invitamos a que reflexiones como está manejando su relación de trabajo, qué realmente ha logrado con ello y de que manera le ha proporcionado más beneficios que problemas.

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