CAMOVA
Nuestro tránsito por este mundo Tierra debe ser aprovechado al máximo con la oportunidad que se nos ha dado de vivir en él, debemos transitarlo de tal forma, que aprovechemos el tiempo que se nos ha concedido y fortalecer nuestro crecimiento personal con énfasis en el espiritual, para ello debemos siempre debemos estar atento en nuestras acciones, comportamiento, en la forma en que nos interrelacionamos y aportamos lo mejor de cada uno.
De vez en cuando debemos detenernos a autoanalizarnos, a sorprendernos cómo hemos actuado en pro de nuestro crecimiento personal, en donde están nuestras debilidades, qué estamos haciendo para transformarlas en fortalezas, cómo nos comportamos, cuánto hemos crecido. Muchas veces ayuda en este objetivo el también considerar las aportaciones que otros transeúntes nos han legado.
En esta oportunidad compartimos con el lector interesado en los temas de crecimiento personal destellos de información, reflexiones, que se nos ha legado a fin de que se detengan a considerarlos, evaluar su alcance y repercusiones que generan resultados que nos favorezca en ser cada día mejores y saber aprovechar óptimamente nuestra corto tránsito.
Para ello hemos seleccionado dos cuentos y algunas reflexiones en esta primera entrega.
CUANDO EL VIENTO SOPLA
Un hacendado, que poseía tierras a lo largo del litoral de un país caribeño, constantemente necesitaba empleados.
La mayoría de las personas estaban poco dispuestas a trabajar en campos a lo largo del Atlántico. Temían las horribles tempestades que barrían aquella región y que hacían estragos en las construcciones y las plantaciones.
Buscando nuevos empleados, no encontraba a nadie que quisiera aceptar.
Finalmente, un hombre bajo y delgado, y de mediana edad, se aproximó al hacendado.
—¿Usted es un buen labrador? —le preguntó el hacendado.
—Bueno, yo puedo dormir cuando el viento sopla... —le respondió el pequeño hombre.
Aunque bastante confuso con la respuesta el hacendado, desesperado por ayuda, lo empleó.
Este pequeño hombre trabajó bien en todo el campo, manteniéndose ocupado desde el amanecer hasta el anochecer. El hacendado estaba satisfecho con el trabajo del hombre.
Pero entonces, una noche el viento sopló ruidosamente. El hacendado saltó de la cama, agarró una lámpara y corrió hasta el alojamiento del empleado. Sacudió al pequeño hombre y le gritó:
—¡Levántate! ¡Una tempestad está llegando! ¡Amarra las cosas antes que sean arrastradas!
El hombre se dio vuelta en la cama y le dijo firmemente:
—No, señor. Ya se lo dije: yo puedo dormir cuando el viento sopla.
Enfurecido por la respuesta, el hacendado estuvo tentado a despedirlo inmediatamente. En vez de eso, se apresuró a salir y preparar el terreno para la tempestad. Del empleado se ocuparía después. Pero, para su asombro, encontró que todas las pacas de heno habían sido cubiertas con lonas firmemente atadas al suelo. Las vacas estaban bien protegidas en el granero, los pollos en el gallinero, y todas las puertas muy bien trabadas. Las ventanas bien cerradas y aseguradas. Todo estaba amarrado. Nada podría ser arrastrado. El hacendado entonces entendió lo que su empleado le había querido decir. Y retornó a su cama para también dormir cuando el viento soplaba.
¿Puedes dormir tranquilo cuando los vientos soplan en tu vida?
¿Estamos preparados para las tormentas, para los desafíos de la vida?
¿Qué tan firmes son nuestras convicciones, nuestros principios y nuestros afectos?
(La culpa es de la vaca", selección de narraciones de Jaime Lopera Gutiérrez y María Inés Bernal Trujillo)
AGUANTA UN POCO MÁS
En Inglaterra, existía una pareja que gustaba de visitar las pequeñas tiendas del centro de Londres.
Una de sus tiendas favoritas era una en donde vendían vajillas antiguas. En una de sus visitas a la tienda vieron una hermosa tacita. "¿Me permite ver esa taza?" preguntó la Señora, "¡nunca he visto nada tan fino como eso!"
En cuanto tuvo en sus manos la taza, escuchó que la tacita comenzó a hablar. La tacita le comentó: "¡Usted no entiende! ¡Yo no siempre he sido esta taza que usted está sosteniendo! hace mucho tiempo yo sólo era un montón de barro amorfo.
Mi creador me tomó entre sus manos y me golpeó y me amoldó cariñosamente. Llegó un momento en que me desesperé y le grité: "¡Por favor! ¡Ya déjame en paz!" Pero mi amo sólo me sonrió y me dijo: "Aguanta un poco más, todavía no es tiempo."
Después me puso en un horno. ¡Yo nunca había sentido tanto calor! ¡Me pregunté por qué mi amo querría quemarme, así que toqué la puerta del horno. A través de la ventana del horno pude leer los labios de mi amo que me decían: "Aguanta un poco más, todavía no es tiempo."
Finalmente se abrió la puerta, mi amo me tomó y me puso en una repisa para que me enfriara. "¡Así está mucho mejor!" me dije a mi misma, pero apenas y me había refrescado cuando mi creador ya me estaba cepillando y pintándome. ¡El olor de la pintura era horrible! ¡Sentía que me ahogaría! "¡Por favor detente!" le gritaba yo a mi amo; pero él sólo movía la cabeza haciendo un gesto negativo y decía: "Aguanta un poco más, todavía no es tiempo."
Al fin mi amo dejó de pintarme; ¡pero esta vez me tomó y me metió nuevamente a otro horno! no era un horno como el primero; ¡sino que era mucho más caliente! ¡Ahora sí estaba segura que me sofocaría! ¡le rogué y le imploré a mi amo que me sacara! grité, lloré; pero mi creador sólo me miraba diciendo: "Aguanta un poco más, todavía no es tiempo."
En ese momento me di cuenta que no había esperanza, ¡nunca lograría sobrevivir a ese horno!. Justo cuando estaba a punto de darme por vencido se abrió la puerta y mi amo me tomó cariñosamente y me puso en una repisa que era aún más alta que la primera, allí me dejó un momento para que me refrescara.
Después de una hora de haber salido del segundo horno, mi amo me dio un espejo y me dijo: "¡Mírate! ¡Ésta eres tú!" ¡Yo no podía creerlo! ¡Ésa no podía ser yo! ¡lo que veía era hermoso!. Mi amo nuevamente me dijo: "Yo sé que te dolió haber sido golpeada y amoldada por mis manos; pero si te hubiera dejado como estabas, te hubieras secado. Sé que te causo mucho calor y dolor estar en el primer horno, pero de no haberte puesto allí, seguramente te hubieras estrellado. También sé que los gases de la pintura te provocaron muchas molestias, pero de no haberte pintado tu vida no tendría color. Y si yo no te hubiera puesto en ese segundo horno, no hubieras sobrevivido mucho tiempo, porque tu dureza no habría sido la suficiente para que subsistieras. ¡Ahora tú eres un producto terminado! ¡Eres lo que yo tenía en mente cuando te comencé a formar!" (marianistas.org)
ANECDOTA
Angulimal, un bandido fue un día a matar a Buda. Buda le dijo:
-Antes de matarme, ayúdame a cumplir un último deseo. Corta, por favor, una rama de éste árbol.
-Con un golpe de espada el bandido hizo lo que Buda le pedía. Pero éste añadió:
-Ahora vuelve a ponerla en el árbol, para que siga floreciendo.
-Debes estar loco -respondió Angulimal- si piensas que eso es posible.
-Al contrario, dijo Buda, el loco eres tú , que te crees poderoso, porque puedes herir y destruir . Esa es cosa de niños. El verdaderamente poderoso es el que sabe crear y curar.
CUATRO CONSEJOS
:1) No supongas No des nada por supuesto. Si tienes duda, aclárala. Si sospechas, pregunta. Suponer te hace inventar historias increíbles que sólo envenenan tu alma y que NO TIENEN FUNDAMENTO.2) Honra tus palabras Lo que sale de tu boca es lo que eres tú. Si no honras tus palabras, no te estás honrando a ti mismo; si no te honras a ti mismo, no te amas. Honrar tus palabras es honrarte a ti mismo, es ser coherente con lo que piensas y con lo que haces. Esto te hace auténtico y te hace respetable ante los demás y ante ti mismo.3) Haz Siempre lo mejor que puedas Si siempre haces lo mejor que puedas, nunca podrás recriminarte nada o arrepentirte de nada.4) No Tomes Nada Personal Ni la peor ofensa. Ni el peor desaire. Ni la más grave herida. Poniendo en práctica estos cuatro acuerdos, tu vida puede cambiar, siempre y cuando seas impecable con ello. En la medida que alguien te quiere lastimar, en esa medida ese alguien se lastima a sí mismo. Pero el problema es de Él y no tuyo.”Se como el sol, levántate temprano y no te acuestes tarde. Se como la luna, brilla en la oscuridad, pero sométete a la luz mayor Se como los pájaros, come y canta, bebe y vuela. Se como las flores, enamoradas del sol, pero fieles a sus raíces. Se como el buen perro, obediente, pero nada más a su Señor. Se como la fruta, bella por fuera, saludable por dentro. Se como el día, que llega y se retira sin alardes. Se como el oasis, da tu agua al sediento. Se como el río, siempre hacia adelante. Se como la luciérnaga, aunque pequeña, emite su propia luz. Se como el agua, buena y transparente. Se como José, cree en tus sueños .Se como Lázaro, levántate y anda Y por sobre todas las cosas; se como el cielo, la morada de Dios.¡Nunca dejes de soñar, porque soñar es el principio de un sueño hecho realidad!. (.marianistas.org)

(Continuará..)