
CAMOVA
Lo único capaz de consolar a un hombre por las estupideces que hace, es el orgullo que le proporciona hacerlas
Oscar Wilde
¿Se considera usted una persona orgullosa? ¿Qué repercusiones le ha generado el orgullo en función de su crecimiento personal? ¿Cuál es el alcance del orgullo?¿Cómo maneja su orgullo? ¿El orgullo lo maneja a usted?¿Qué representa para usted el orgullo? , son algunas preguntas que ya se habrá formulado al respecto y tendrá las respuestas que lo invitan a detener a reflexionar que representa en nuestra conducta, comportamiento el saber manejar adecuadamente el orgullo.
Sobre el alcance, interpretación del orgullo se ha escrito abundantemente, con diferentes percepciones, opiniones, así se tiene que Sócrates decía al referirse al orgullo, que éste engendra al tirano. El orgullo, cuando inútilmente ha llegado a acumular imprudencias y excesos, remontándose sobre el más alto pináculo, se precipita en un abismo de males, del que no hay posibilidad de salir.
Por su parte, el escritor escocés Henry Mackenzie, decía, entre todos los vestidos que yo he visto poner al orgullo, el que más me subleva es el de la humildad.
Gemma Monter sobre el orgullo nos expone, que el orgullo es el amor propio del ego que ha llegado a creer que es real. Si nos damos cuenta de que sentimos orgullo por todos los éxitos terrenales que hemos obtenido, sepamos que esos éxitos son para nuestro ego,
El orgullo es absurdo en sí mismo, porque de nada sirve cuando nos sumergimos en la Unidades orgullo produce: parálisis, Envaramiento del cuerpo,
Las claves para abandonar el orgullo son: Aprender a perdonar. Aceptar el perdón de los demás
El orgullo es falta de reconocimiento de que nuestra personalidad No forma parte de algo simplemente maravilloso…
Nuestro orgullo nos impide ver la pequeñez de nuestra personalidad… Creyéndonos tan importante… tan grandes… Lo único que conseguimos es provocar enfermedades que se manifestarán con parálisis y afectaciones en nuestro crecimiento.
Para deshacernos del orgullo empecemos a pedir perdón cuando tropecemos con algún desconocido… Demos la gracias sin apretar tanto los labios…Pidamos la ayuda cuando la necesitamos… Superemos las dificultades para decir Buenos Días o Hasta luego en lugares como un ascensor… Digámosle te quiero a quien debiéramos decírselo.
La Escuela de Educación Mental por su parte comenta que si no estás orgulloso de ser un ser humano, la consciencia más evolucionada de la existencia, entonces ¿quién va a estar orgulloso de ti? no es realmente otra cosa que un agradecimiento por todo lo que la existencia nos ha dado; es tremendo, no somos dignos de ello, no nos lo merecemos. No nos lo hemos ganado, no tenemos derecho a exigirlo; simplemente la existencia nos lo ha dado todo desde su abundancia…
El orgullo es dignidad, un sentido de dignidad que la existencia quiere que tengas: esa existencia te ha creado, esa existencia te necesita; eres bienvenido a la existencia. No eres un niño no deseado, un huérfano; la existencia te nutre a cada momento, te da vida, luz, todo lo que tú necesitas.
El orgullo no es equivalente al ego; tampoco el amor propio lo es. El ego es comparativo, y por ser comparativo, es feo, es enfermizo. La misma idea de que, por cualquier razón, “yo soy superior a ti” es inhumana. Pero estar orgulloso de uno mismo no hace a nadie inferior. De hecho muestra a los demás la forma de estar orgullosos de ellos mismos, de respetarse a sí mismos.
loiola.org aporta algunas sugerencias sobre el orgullo y dice:
• Cuando uno es un orgulloso, es imposible llegar a ser humilde sin pasar por las humillaciones. El hecho de que las humillaciones nos escuezan tanto, denota que todavía no somos humildes. Pero, sin embargo, es importantísimo tener fe en el valor medicinal de las humillaciones y en que son parte de la providencia de Dios, que nos permite purificarnos mediante esta penitencia. No olvidemos que las penitencias que no son buscadas, son las que más valor y fruto pueden llegar a tener. El orgulloso debería de hacer el siguiente acto de fe: "Me escuece, luego me puede sanar
• Le costará mucho al orgulloso llegar a pedir perdón con espontaneidad. Aunque su voluntad esté decidida a luchar contra su pecado capital, difícilmente podrá controlar sus primeros impulsos, que se "revolverán" contra el camino de humildad. Ahora bien, aunque en los comienzos del camino de humildad, al soberbio se le "escape" su impulsividad orgullosa, dispone todavía de un arma preciosa cuando vuelve la calma: la petición de perdón. No pensemos que es tontería pedir perdón cuando el mal ya está hecho. A parte de que podemos evitar el escándalo en quien nos rodean, también nos dispone a nosotros para tener más prontitud en el control de nuestros impulsos.
unav.es al referirse al orgullo manifiesta, en las almas que siguen la ruta del orgullo, no encuentran eco alguno aquellas palabras de San Pablo: Quid habes, quod non accepist?, ¿qué tienes de tuyo que no hayas recibido? Y ni siquiera se rinden estas almas ante aquellas otras palabras, que completan el razonamiento del Apóstol: Quid gloriaris quasi non acceperis?, ¿por qué te jactas, como si no hubieses recibido todo lo que posees?
Si existe un camino que haga complicadas a las almas, éste es la ruta del orgullo. La ruta del orgullo es un laberinto en el que las almas se desorientan y se pierden. El orgullo destruye la simplicidad de las almas, aquel ser y aparecer sin pliegues –sine plicis– que es una encantadora característica de las personas humildes
El horizonte del orgulloso es terriblemente limitado: se agota en él mismo. El orgulloso no logra mirar más allá de su persona, de sus cualidades, de sus virtudes, de su talento. El suyo es un horizonte sin Dios. Y en este panorama tan mezquino ni siquiera aparecen los demás: no hay sitio para ellos.
Definitivamente, el orgullo nos invita a reflexionar que tanto manejamos nuestra autoestima de tal forma, que nos señala lo importante que somos en este tránsito por el que hoy pasamos, repetándonos, haciendo que nuestra dignidad no sea mancillada. Debemos saberlo manejar adecuadamente y junto con otros tópicos que de él se derivan, fortaleces nuestro respeto, crecimiento personal, si afectar a nadie, ni descuidar la oportunidad de cultivarnos en cada interrelación que emprendemos.
No olvidar lo que exclamaba la Rochefoucauld, que la causa del error en las cuentas de la gratitud que se espera por los favores concedidos, es que el orgullo del que da y el orgullo del que recibe no pueden ponerse de acuerdo sobre el precio del beneficio.
O como lo indica San Agustín, el orgullo es la fuente de todas las enfermedades, porque es la fuente de todos los vicios.

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