Carlos Mora Vanegas

Osho es el creador de las técnicas de “meditación activa”, diseñadas para liberar el estrés acumulado del cuerpo y la mente, y así facilitar la posibilidad de experimentar un estado relajado y libre de pensamientos.

Aunque Osho falleció en 1990 su campus de meditación que estableció en Poona —el Osho Commune Internacional— es un oasis donde sus enseñanzas se siguen poniendo en práctica y cada año es visitado por más de 15.000 personas procedentes de todo el mundo

Una de las grandes cualidades de Osho fue la de estar atento en los signos y señales, a través de ello supo transmitir sus mensajes producto no solo de su atención, sino saber interpretar la información que su contacto con el mundo le proporcionó.

No se muestra Y por esto resplandece.
Cuanto más intentes que la gente sepa de ti, menos luminoso te volverás. Un hombre que siempre se está exhibiendo se embrutece. Cuando vas a una tienda a comprar alguna cosa, le dices al tendero que te lo traiga fresco; no quieres lo del escaparate. Eso se ha deteriorado, se ha resecado, porque todo el día ha estado expuesto.
Lo mismo sucede con tu ser: si estás continuamente mostrándote, en un escaparate, te desteñirás, te apagarás, perderás toda tu luminosidad. El hombre que no se preocupa por mostrarse; el hombre que no se exhibe; el hombre al que le importa poco si la gente le conoce o no, si la gente ha oído habar de él o no; el hombre que simplemente se revela a sí mismo; aquel que no busca las opiniones de los demás, ni le importa lo que los demás piensen sobre él, no se muestra y, por consiguiente, resplandece. Entonces, todo lo que contiene en sí mismo, esa tremenda posibilidad, confiere luminosidad a su ser.
La persona que no está intentando ser reconocida... Ésa es la pobreza del alma: intentar ser reconocido revela que el hombre es pobre; significa que el hombre desconoce sus propias riquezas internas; significa que el hombre depende de la opinión de los demás, que no posee un verdadero ser. Está buscando simplemente las opiniones de la gente, coleccionándolas; no se conoce directamente a sí mismo y quiere reconocerse a través de otros. Así es la política: sentir el propio poder a través de los demás. La religión es sentir el propio poder inmediatamente; cerrar tus ojos y percibir el poder del propio ser. No hay ninguna necesidad de preguntar a nadie quién eres; te has de preguntar a ti mismo, tienes que meditar sobre tu propio ser. Un hombre así, alguien que no disemina sus rayos por todas partes, alguien que no disipa su energía por todas partes, se convierte en un gran recipiente, en un depósito de energía. Se vuelve luminoso y cuando te acercas a él, es una luz. Si te acercas mucho a él -no sólo si te acercas físicamente, sino también íntimamente- puedes iluminarte a través de él. Tu luz apagada puede empezar a arder de repente... si te acercas a él.
(Osho- Tao Los Tres Tesoros Vol. II .Capítulo, Sobre la Futilidad del Disputar)

El sabio No se muestra y por esto resplandece. No se justifica a sí mismo y por eso su fama se extiende

"No se justifica a sí mismo". Nunca dice: "Tengo razón". Sabe que tiene razón, ¿para qué justificarse entonces? La gente que siente estar equivocada intenta justificarse. A través de su justificación siempre encontrará a un culpable porque siempre teme que la gente pueda descubrirle, de manera que es bueno justificarse, estar preparado de antemano.
Hay un antiguo dicho sufí que dice que si ha habido un robo, si alguien ha robado algo y la gente empieza a gritar: "¡Al ladrón!", el ladrón -si se encuentra también allí- es aquel que grita más fuerte: "¿Dónde está el ladrón? ¿Quién ha robado esto? ¡Esto es una maldad, una inmoralidad! ¡Atrapadle! ¡Perseguidle y encontradle!". Es el que grita más fuerte; ésa es su protección porque ¿cómo vas a imaginarte que el hombre que ha cometido el robo, el que acaba de robar algo ahora mismo, sea el que persigue al ladrón? Recuérdalo siempre: cuando alguien está gritando desaforadamente, él es el ladrón; cógelo inmediatamente. Siempre que un hombre se justifica, muestra su culpa; sabe que necesita justificarse.

No se exhibe y por eso la gente cree en él.
No se vanagloria de sí mismo y por esto es el jefe entre los hombres. Debido a que nunca disputa nadie en el mundo se enfrenta con él. ¿Acaso no es verdad, como dicen los sabios,
que "humillarse es mantenerse íntegro"? De este modo, uno se halla protegido y el mundo entero le rinde homenaje.

Sobre la Meditación

Guarda silencio. Cierra los ojos y siente tu cuerpo completamente congelado.
Éste es el momento adecuado para dirigirte hacia tu interior. Reúne toda tu energía, tu consciencia total, y apresúrate hacia el centro de tu ser, con la misma urgencia como si este momento fuera el último momento de tu vida. Sin esa urgencia nadie llega al centro de su ser.Más y más profundo... todo depende de tu intensidad. La distancia no es grande.
Mientras te acercas a tu centro, un gran silencio desciende sobre ti, casi como una suave lluvia. Sientes la frescura. Un poco más cerca y comienza a rodearte una enorme paz, lo que los místicos han llamado la paz más allá de la comprensión.
Un paso más y estás en el centro. De repente te sientes ebrio de divinidad. Un gran éxtasis surge en ti; te vuelves luminoso, desaparece toda oscuridad. Ya no eres. De repente te das cuenta de tu rostro original.
En Oriente hemos usado el rostro de Gautama Buda como el rostro original de todo el mundo. Sólo es simbólico. Estás frente a frente con Gautama Buda, no desde el exterior, sino desde su fuente más profunda. Te has convertido en su corazón mismo.
Recuerda sólo una cosa, y es estar presente. Eso constituye todo el ser mismo de Buda. Llámalo consciencia, o llámalo atención total, llámalo lo que Buda llamaba sammasati, el recuerdo correcto, pero "presenciador" es la palabra más importante de todas ellas.
Sólo observa que no eres el cuerpo. Observa que no eres la mente. Y finalmente, observa que sólo eres una presencia, nada más. En ese momento penetras la parte más recóndita de tu centro. Éste es el inicio de una larga peregrinación, de desaparecer en el cosmos. Ésta es la puerta que se abre hacia el cosmos. Somos uno con el todo.
Sigue presenciando y todo se vuelve cada vez más profundo... Para que tu presencia se vuelva cada vez más clara... Relájate. Suelta. Pero sigue siendo una presencia. Mientras tu presencia se vuelve más y más clara, comienzas a fundirte como hielo en el océano, fundiéndose en una sola consciencia, la consciencia universal, la consciencia eterna, la consciencia inmortal, la consciencia más allá del nacimiento y la muerte.
Éste es tu ser auténtico. Lo que ha desaparecido era sólo una personalidad. Ahora, sólo queda lo esencial, lo existencial, lo que se basa en la experiencia. Y esa consciencia existencial no es sólo tuya, pertenece a todo el cosmos. Tú eres tan sólo una gota de rocío que ha caído de la hoja de la flor de loto al océano. Regocíjate en ello.
Eres la persona más afortunada del mundo. En este momento en que a todo el mundo le preocupan las trivialidades estás explorando la experiencia más majestuosa, más esplendorosa; estás entrando en el espacio más divino, más sagrado.
Recoge todas estas experiencias, esta dicha, esta presencia, este silencio... Esto es. Tómalo. Y persuade al Buda de que te acompañe. Él es tu naturaleza, él es tu dharma, él es tu secreto supremo. Llévalo contigo.
Éstos son los tres pasos de la iluminación: primero, el Buda irá detrás de ti como una presencia. La sentirás, te rodeará, es un campo energético; cambiará todo tu comportamiento, te dará un nuevo sentido de dirección en la vida. Te dará una nueva moralidad, tuya propia, una espontaneidad en la existencia. Te dará amor por la vida, una alegría que nunca has conocido, y valor. En el momento en que sabes que eres eterno, toda la debilidad desaparece, toda la inferioridad desaparece.
En el segundo paso el Buda se presenta frente a ti y tú te conviertes en la sombra.
En el tercer paso, tu sombra se desvanece. Ya no eres, sólo queda el Buda. Él es tu eternidad, él es tu verdad, él es tu belleza, él es tu divinidad.
Ahora... regresa. Pero regresa con la misma gracia, con el mismo silencio, con la misma paz. Y siéntate durante unos pocos segundos a recordar el camino que has recorrido hacia tu interior. Es un camino dorado. El centro al que has llegado no es sólo tu centro, es el centro de toda la existencia.En el centro nos encontramos todos. Los pájaros, los árboles, los ríos, las montañas, todos se encuentran en el centro. Somos diferentes en la circunferencia, pero somos uno en el centro. Y conocer esa unidad es iluminación.
(Osho- God y Dead -El Dios Que Nunca Fue ,Capítulo 7, La Idea De Dios Como Negocio)