“El cuerpo es el árbol de la sabiduría. La mente es el soporte del espejo brillante. En todo momento límpialo con diligencia, no dejes que se cubra de polvo".
Zen
"La mente es una buena sierva, pero una mala ama".
Blavatski
Transitamos un tiempo limitado, ya definido para cada uno de nosotros por este Globo Terráqueo en donde debemos estar atentos en nuestras acciones, saber manjar la mente y no que ella lo haga, muchas veces por no estar despiertos nos conlleva a repercusiones nefastas en nuestro crecimiento personal y espiritual.
Maestros espirituales que han transitado también por esta dimensión, nos han legado la importancia de mantenernos atento en como nuestra mente actúa, en aquietarla, optimizar su razón de ser, usar su máximo potencial.
Lo cierto, que de vez en cuando debemos sorprendernos como actúa nuestra mente, qué la impulsa actuar, cuáles han sido las consecuencias de su actuación en pro de nuestro aprendizaje, crecimiento, cómo identificarnos con su potencial y hacer que éste nos proporcione los pensamientos, acciones que requerimos para saber aprovechar la oportunidad que se nos ha dado de pasar por este plano.
En un escrito de Ramiro Calle leemos, que el universo de la mente es sorprendente. La mente en la superficie es movida, tumultuosa, caótica. La mente en la profundidad se torna silente, serena, reveladora. Cuando la mente nos controla, ella puede hacer lo que le plazca: puede hacer creer a una persona sana que está enferma, a un rey que es un mendigo. Tal es el poder de las creaciones de la mente. De hecho un sueño puede ser más intenso que una escena en la vigilia. Pero esta mente que alucina, confunde, desorienta y extravía tiene también un gran poder liberatorio y te puede proporcionar discernimiento, conocimientos múltiples y sabiduría. ¿Somos algo que no sea nuestra mente o que ella no viva o experimente? Ella nos conduce a la esclavitud y a la libertad; ella nos permite conocer y conocernos, percibir y percibirnos. Es una herramienta muy importante y hay que cuidarla, conocerla y utilizarla con cierta precisión. Procura dolor, pero también felicidad; proporciona zozobra y tribulación, pero también calma profunda y beatitud. Puede ser muy experta o muy inútil, muy sabia o muy torpe. Tiene poder para construir y destruir, para edificar y arrasar. Es como si se tratase de dos siameses de muy distintas intenciones. Pura y sometida, la mente es un regalo; contaminada e indócil, la mente es un castigo. Engendra toda clase de tendencias codiciosas, pero también amor y compasión. En suma, puede ser la peor enemiga; puede ser la más excelente aliada. No es de extrañar que los sabios de la antigua India explorasen a fondo la mente y concibiesen y ensayasen métodos y claves para subyugar la mente, orientarla, ponerla al servicio del crecimiento interior y el bienestar.
Nos agrega Calle, que la mayoría de las veces vivimos inmersos en el río de los pensamientos y éstos nos llevan de un extremo a otro, provocándonos sentimientos contradictorios y muy dispares. Somos y nos sentimos lo que el pensamiento nos dice. Nos creemos lo que pasa por la mente; nos convertimos en esa marea de ideas, conceptos y descripciones, perdiendo nuestro eje interior, nuestra armonía. Entonces, ¿somos algo más que nuestros pensamientos? Pero aún más controlados estamos por las corrientes subterráneas que operan en el subconsciente y que provocan todo ese oleaje pensante de superficie. Somos una hoja a merced de la marea de los procesos psicomentales, apartados de nuestra real identidad. Sin embargo, podemos cultivar otra actitud. Podemos convertirnos en testigos de las modificaciones de la mente y permanecer en la primera y no en la segunda causa, es decir, en la raíz del pensamiento. Como nubes vienen y van los pensamientos por el firmamento de la mente. No me afectan, no me alteran, no me confunden; tomo o selecciono los beneficiosos o necesarios, pero hago caso omiso de los otros. Al fin y al cabo sólo son ideaciones mecánicas, repetitivas, que obedecen a estratos más profundos en conflicto. ¿Para qué tomar el reflejo por la realidad? Es un ruido de fondo en la mente. ¿Por qué identificarse con ellos, incluso por qué creérselos? En las prácticas de interiorización se retrotrae la conciencia y se sitúa en su origen. Los pensamientos entonces pierden su poder. La mente se apacigua; es como un elefante furioso que finalmente se calma y se echa a reposar. La mente se interna, se canaliza hacia su propia fuente, queda absorta en la sensación o presencia de ser. Es una cuestión de ejercitamiento.
Lo cierto, que debemos preocuparnos en sorprendernos como actúa nuestra mente, de que manera la controlamos o ésta lo hace. Qué hemos logrado cuando nuestra mente actúa a favor de nuestro crecimiento, cuando nos proporciona la información necesaria para enfrentar las pruebas, afrontar los retos.
Insiste Calle en que consideremos el que a veces la mente es la gran dificultad para que surja el amor; lo frustra, le impide su manifestación espontánea. Una mente demasiado egocéntrica, narcisistamente preocupada, no está en disponibilidad de engendrar amor. Es una mente tan obsesionada por sus alteraciones, zozobras, miedos e inquietudes, que no se para a amar, a compadecerse. Pero cuando la mente se descontrae, se expande y está abierta, genera compasión con la misma naturalidad que la flor exhala su perfume. Una mente en paz, armonizada, en libertad, que ha recuperado su inocencia, que se ha "recobrado" a sí misma, da lo mejor de sí. Como sea la mente, así actuará. Si la mente es un basurero, pondrá basura por todas partes, creará conflictos y se regocijará en su agresividad. Si la mente está tensa, transmitirá tensiones. Si la mente es ávida, evidenciará en todo momento su codicia, su desmedida ambición. Pero cuando la mente está en calma, procura serenidad; cuando la mente está en orden, crea orden y armonía. Con razón los yoguis indios invitan a la revolución mental y te dicen que comiences por arreglar tu mente y después ya arreglarás lo que te rodea. Cuando la mente cesa en su agitación, comienza a obsequiarnos con su gran tesoro. Si consideramos que percibimos, vemos, sentimos y nos relacionamos por medio de la mente, comprenderemos cuan importante es la mente y cuan esencial cuidarla, ordenarla y esclarecerla. Como sea nuestra mente, así vivenciaremos la vida, a los demás y a nosotros mismos.

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25 jun 2009 | 04:53 PM
Has escrito "La mente es una buena sierva, pero una mala ama".
Eso es algo a tener en cuenta. La mente es una herramienta que hay que aprender a utilizar de forma consciente, no que ella te utilice a ti. Creo que ya recomendé en uno de tus articulos el libro "Viaje a la Divinidad-Muerte en vida" pero es que profundiza sobre lo que comentas. Es un libro enriquecedor, y conocer el funcionamiento de la herramienta (la mente) puede colaborar a caminar y permanecer con una perspectiva mas profunda.
Que disfruteis