CAMOVA

Mientras pasamos por este plano, se nos permite estar, mantenemos con vida, debemos de vez en cuando detenernos a meditar, internarnos en nuestro Ser y evaluarnos cuánto hemos crecido en lo personal y en lo espiritual. Buscar todo aquello que nos permita alimentar a nuestra alma y aportar lo mejor de nosotros en pro de nuestra evolución

Muy interesante lo que indica nuevopensamiento.com con respecto a la relevancia de la meditación, que el hombre moderno, que es un gran ejecutor, ha olvidado introducirse en sí mismo, ha olvidado ir al lugar en donde está su mayor fortaleza y su fuente de sabiduría. La vida moderna parece estar hecha para evitar, en todo momento, la mirada interna. Se han alcanzado grandes logros en el campo de la tecnología pero no sabemos introducirnos en nosotros mismos, no sabemos buscar la fuente que nos calma la sed y nos da el equilibrio necesario para vivir mejor.

La gran aventura interna comienza con la meditación. Esta es la puerta de entrada a los parajes secretos de tu mundo interno. Es el método que lleva al contacto con nuestra propia fuente de vida. Cuando decidimos meditar, estamos encaminándonos al reino de la luz y del amor porque solo, en lo profundo del corazón, ese encontrará el equilibrio y la felicidad que hemos estado buscando.

No se puede negar que se han escrito muchas páginas sobre el alcance, relevancia, repercusiones que la meditación genera, así, se nos señala, que la meditación es un salto de la cabeza al corazón y por último, del corazón al ser. Cada vez profundizamos más, tendremos que ir dejando los cálculos atrás y la lógica dejará de tener importancia. Allí no se puede llevar la agudeza. De hecho, nuestra agudeza tampoco es verdadera inteligencia; la agudeza es un pobre sustituto de la inteligencia. La gente que no es inteligente aprende a ser lista. La gente que es inteligente no necesita ser lista: son inocentes, no necesitan ser astutos. Funcionan desde un estado de no saber.

Hay quienes indican que la Meditación es el cultivo sistemático de estados mentales que proporcionan recursos: se medita para transformarse y para trasformar el mundo que se habita. La práctica de sentarse a meditar no es un fin en sí, sino un proceso de cambiar la manera en la que funcionan nuestras mentes – con repercusiones en todos los aspectos de la vida. Mediante el proceso de modelar podemos identificar las diferentes habilidades y cambios que tradicionalmente se buscan en la meditación y mejorar la eficacia y eficiencia del proceso.

La revista Esfinge nos señal por su parte, que la finalidad de la meditación es lograr que ese estado de “calma” no se limite sólo a los momentos en que se practique, sino que nos la podamos llevar “puesta” allá donde vayamos: en el trabajo, haciendo deporte, mientras leemos un libro, cuando nos relacionamos con los demás o al realizar cualquier acción creativa y artística

Blas Cubell nos indica, que meditar conlleva la aceptación de la idea de que vivimos para aprender. De esta manera se entiende que todo es como una gran escuela donde se nos enseña, de una manera u otra, el sentido de la vida. Así, el hombre sería algo más de lo que a simple vista parece que es, más allá de sus sentidos, acciones, sentimientos y pensamientos, hay un ser con conciencia de sí mismo capaz de poner en ejercicio su voluntad para superarse continuamente.

Definitivamente nos señala Cubell, la meditación es una técnica que nos permite reencontrarnos con nosotros mismo, que nos permite encontrar en nosotros todas nuestras potencialidades a lo largo del viaje que supone la vida. Es un camino que va desde la periferia hacia el centro, en el que se presentan continuamente infinidad de obstáculos que hay que ir solucionando sobre la marcha. Ante cada uno de esas barreras, la meditación ayuda a encontrar en nosotros mismos el grado necesario de paz, sacando todo lo que nos hace daño para dejar espacio a aquello que nos ayuda a ser mejores. Es lo que se denomina: “Hacer un vacío interior que invite a ser llenado”. Un ejemplo sería luchar contra hábitos perniciosos fraguados a lo largo de toda una vida, permitiéndonos adoptar costumbres más “sanas” física y emocionalmente hablando.“En la quietud y el silencio de la meditación vislumbramos la naturaleza interior profunda, que hace ya tanto que perdimos de vista en medio del ajetreo y de la distracción mental, y volvemos a ella.”

Muy interesante cuando señala, la actitud mental con la que se recomienda entrar a la práctica de la meditación, es la de cierto grado de desapego hacia las cosas que normalmente nos preocupan, y el convencimiento de que todas las cosas son en realidad “vacuas”, una ilusión parecida al sueño. En la India se usa el concepto de “Maya” (la diosa de la ilusión), para referirse al mundo de la apariencia, a lo que parece que es real pero que, en realidad, no lo es. En un ámbito más profundo hablaría de que la existencia es un reflejo, una huella en el barro de otra realidad que le da forma y vida. Esta es la razón por la que, para practicar una buena meditación no hay que dejar que los problemas del mundo nos absorban demasiado, ni nos preocupen hasta el punto de robarnos el sueño. Al aceptar en nosotros la “relatividad” de todo cuanto nos rodea, comenzamos a estar más predispuestos para asumir un estado de serenidad y generosidad.

Meditar no supone un esfuerzo (algo así como fruncir el ceño y estar muy atento a todo) sino todo lo contrario. Se trata de “comprensión”, de mantener una atención relajada y la “certeza” de que lo estamos haciendo bien. Cuando conseguimos estar en la quietud de la naturaleza de la mente, el tipo de pensamiento que manejamos todos los días es como si dejara de existir. Entonces simplemente “somos”. No hay una tarea concreta que hacer. Es algo que tiene que suceder espontáneamente, que surge poco a poco practicando un método. Encontrar algo de esa “quietud” es fundamental para conseguir un mínimo resultado

Se insiste en señalar, que lo bueno de la meditación es que no hay un método concreto, todos son buenos si se practican bien. Su éxito reside en la experiencia vital que nos proporciona en cuanto a la serenidad, la claridad de pensamiento y la visión de relativa importancia que adquiere aquello que antes nos inquietaba y que ahora, mirado desde este punto de vista más objetivo, nos libera. Cuanto más se experimenta esa libertad, según dicen los maestros de meditación, el “Yo” o Ego tiende a disolverse y con él, los deseos y miedos que le dan vida. Eso nos acerca a lo que llaman “sabiduría de la negación del yo”, donde “un infinito sentimiento de generosidad” nos une a las cosas.

Recuerde al referirse y usar la meditación en su crecimiento personal cuando se dice que decidir meditar, es hacer que nuestras emociones y nuestra mente guarden silencio para poder escuchar la voz de nuestra alma, de ese ser maravilloso y divino que somos. Por lo tanto, el objetivo de la meditación es hacer contacto con el alma. Allí está la fuente de sabiduría y de verdad, allí está el amor que se da sin pedir nada a cambio, allí están la fortaleza, el poder y la voluntad.

Cuando, a través de la meditación, nos ponemos en contacto con tu alma, tu vida comienza a cambiar. Es como si abrieras una llave por donde fluye una energía muy especial que tiene el poder de hacer nuevas todas las cosas.

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