CAMOVA

La esperanza es un árbol en flor que se balancea dulcemente al soplo de las ilusiones”

Severo Catalina

Todos mientras permanecemos con vida en esta dimensión de formas ilusorias, transitorias, podemos hacer uso de nuestra intuición, esa que traemos en nuestros genes producto de nuestro aprendizaje, que en otras oportunidades hemos cultivado y que nos corresponde, porque es propia, dado a que involucra nuestra experiencia, los resultados de nuestras vivencias, aprendizaje en otras oportunidades que hemos estado por estos planos.

Podemos utilizarla si estamos atento a sus signos, señales. Obtener de ella toda esa información que nos ayuda a tomar la decisión correcta y en donde la mente racional no puede intervenir, dado a que muchas de las informaciones que proporcionan la intuición le es sumamente desconocida.

Muchos maestros, que han pasado por este plano saben lo que representa la intuición, su alcance, repercusiones, ventajas de saberla manejar e interpretar, uno de ellos fue Osho, sobre ello nos lego el que los científicos dicen que nosotros todavía no somos capaces de hacer aquello que hace el instinto por el hombre. Además en un cuerpo pequeño, el instinto realiza milagros. Si la ciencia quisiera un día realizar el trabajo de un solo cuerpo humano, necesitaría al menos una fábrica de dos kilómetros cuadrados de extensión para un solo ser humano. ¡Qué maquinaria más increíble! Y puede que, aun así, no sea infalible; la maquinaria se puede romper, se puede parar, puede haber un corte de energía eléctrica. Sin embargo, durante setenta años, sin parar, o incluso en unas cuantas personas, durante cien años, el instinto sigue funcionando perfectamente. Nunca hay cortes de electricidad. No hay ni un solo fallo; todo sigue un plan establecido que esta en cada una de las células de tu cuerpo. El día en que podamos leer el código de las células humanas, seremos capaces de predecir todo acerca de un niño antes incluso de que haya nacido, antes incluso de que esté en el vientre de su madre. Las células de los padres tienen un programa en el cual está contenida tu edad, tu salud, qué enfermedades vas a tener, tus dones, tu inteligencia, tus talentos, todo tu destino.

Al igual que el instinto, en el otro extremo de tu ser -más allá de la mente, que es el mundo del intelecto- se encuentra el mundo de la intuición.

La intuición abre sus puertas a través de la meditación. La meditación no es más que una llamada a las puertas de la intuición. La intuición también está totalmente preparada. No crece; es algo que también has heredado de la existencia. La intuición es tu conciencia, tu ser.

El intelecto es tu mente. El instinto es tu cuerpo. Al igual que el instinto funciona perfectamente al servicio del cuerpo, la intuición funciona perfectamente en lo relativo a la conciencia. El intelecto se encuentra entre ambas; es un espacio que hay que cruzar, un puente que hay que atravesar. Sin embargo, hay muchas personas, muchos millones de personas que nunca cruzan el puente. Simplemente se sientan en el puente, pensando que ya han llegado a su hogar.

Su hogar se encuentra en la orilla de enfrente, más allá del puente. El puente une el instinto y la intuición pero todo depende de ti. Puedes empezar a construir tu casa en el puente pero te estarás equivocando totalmente.

La intuición es algo existencial, el instinto es algo natural. El intelecto se mueve a tientas en la oscuridad. Cuanto más rápido trasciendas el intelecto mucho mejor; el intelecto puede suponer una barrera para aquellos que piensan que no hay nada más allá de este. En cambio, el intelecto puede ser un bello paso para aquellos que entienden que ciertamente hay algo más allá de él.

La ciencia ha frenado al intelecto; por eso somos incapaces de imaginar nada sobre la conciencia. El intelecto sin una conciencia despierta es una de las cosas más peligrosas del mundo. Vivimos bajo el peligro del intelecto porque este ha dado a la ciencia un gran poder. Pero este poder se encuentra en manos de niños, no en manos de sabios. La intuición hace sabio al hombre; lo puedes llamar iluminación o despertar, no son más que distintos nombres de la sabiduría. Solo en manos de la sabiduría se puede usar el intelecto como un maravilloso ayudante.

Además el instinto y la intuición trabajan muy bien junto, uno en un nivel físico y la otra en un nivel espiritual. Todo el problema de la humanidad radica en quedarse parados en el medio, en la mente, en el intelecto. En ese punto tendrás infelicidad, tendrás ansiedad, tendrás agonía, no le encontrarás sentido a nada y tendrás muchas tensiones sin ser capaz de descubrir una solución por ninguna parte. El intelecto convierte todo en un problema y no conoce ninguna solución. El instinto nunca crea ningún problema ni necesita ninguna solución; funciona naturalmente. La intuición es una pura solución, no tiene problemas. El intelecto solo supone problemas, no tiene solución. Si ves bien la división lo entenderás muy bien: si no puedes disponer del instinto, te morirás. Si no puedes disponer de la intuición tu vida no tendrá sentido; no harás más que arrastrarte: será una especie de vida vegetativa.

La intuición te da sentido, esplendor, alegría, bendición. La intuición te descubre los secretos de la existencia, te proporciona un gran silencio, una gran serenidad que nadie puede perturbar ni arrebatarte.

Cuando el instinto y la intuición trabajan juntos también puedes utilizar tu intelecto para buenos propósitos. De lo contrario, solo tienes medios pero no tienes fines. El intelecto no conoce ningún fin. Esto es lo que ha producido la situación actual del mundo; la ciencia sigue produciendo cosas pero no sabe para qué. Los políticos siguen utilizando esas cosas sin saber que son destructivas, que únicamente preparan para un suicidio global. El mundo necesita una rebelión general que lo pueda conducir más allá del intelecto hacia los silencios de la intuición.

Hay que entender la misma palabra intuición. En inglés se conserva la palabra «tuition», enseñanza. Implica algo que proviene del exterior, alguien te enseña, el tutor. La intuición quiere decir algo que surge dentro de tu ser; es un potencial tuyo, por eso se llama intuición. La sabiduría nunca se puede tomar prestada y aquello que se toma prestado nunca es sabiduría. A menos que poseas tu propia sabiduría, tu propia visión, tu propia claridad, tus propios ojos para ver, no serás capaz de entender el misterio de la existencia.

Osho agrega, que la intuición es la rosa mística que te conducirá al éxtasis final y a la vida inmortal. Sin embargo, las personas parecen estar completamente en manos de un pasado muerto. Sea lo que sea lo que les dijeron las escrituras, siguen haciéndolo, sin tener siquiera en cuenta toda la ciencia del hombreLa intuición te puede dar respuestas a las preguntas fundamentales; no verbalmente sino existencialmente.

No hace falta que preguntes: «¿Qué es la verdad?» El instinto no te va a oír, es sordo. Te oirá el intelecto pero solo puede filosofar; es ciego, no puede ver. La intuición es una observadora, tiene ojos. Ve la verdad, no piensa sobre ella.

El instinto y la intuición son independientes de ti. El instinto está en poder de la naturaleza, de la naturaleza inconsciente, y la intuición está en manos del universo supraconsciente. La conciencia que rodea todo el universo, la conciencia oceánica de la cual solo somos pequeñas islas, o, mejor dicho, icebergs, ya que nos podemos fundir en ella y ser un todo con ella.

En cierto modo, la intuición es algo totalmente opuesto al instinto. El instinto siempre te conduce al otro; su realización siempre depende de otra cosa aparte de ti. La intuición solo te conduce a ti mismo. No depende de otra cosa, no necesita de otra cosa; de ahí su belleza, su libertad e independencia. La intuición es un estado de exaltación en el que no se necesita nada. Está tan llena de sí misma que no hay espacio para nada más.

En cierto sentido, la intuición es como el intelecto porque es inteligencia. El intelecto y la inteligencia se asemejan, al menos en apariencia, pero solo en apariencia. La persona intelectual no es necesariamente inteligente y la persona inteligente no es necesariamente intelectual. Puedes conocer un agricultor tan inteligente que, a su lado, incluso un eminente profesor, un gran intelectual, parecerá insignificante.