El deseo de conferirle un sentido a la vida es un concepto humano. Para nosotros es indispensable el hecho de que exista un gran designio, una gran meta de la humanidad, una finalidad concreta que nos estimule a lograrla con éxito. Anhelamos conocerlo y, de sernos aceptable dicho fin, nos aferramos a él para lograr las metas de nuestro paso por este planeta.
Jorge Ramírez Sotoma
Antecedentes, consideraciones
El gran maestro Atisha Dipankara Srijñana, como nos los aporta budismo.com , había nacido en el seno de una familia aristocrática en lo que hoy es Bangladesh. Era una familia de practicantes del vajrayana y, naturalmente, Atisha siguió sus pasos. Se dice que su propio padre, un importante jefe de la región, fue quien lo inició en la práctica vajrayana. Sin embargo, cuando creció, Atisha sintió que esa práctica no lo estaba llevando a ningún lado y decidió asomarse a las primeras tradiciones budistas para inspirarse y buscar sus enseñanzas. Así comenzó a estudiar la literatura agama, las reseñas en sánscrito de esos textos que ahora conocemos principalmente en su versión en pali. Asimismo, estudió el Vinaya y el Abhidharma. Cuando llegó a dominar esas escrituras abrigó el intenso deseo de estudiar el mahayana, pero había muy pocos textos y en ese momento, en
Atribuciones
Se señala, que a Atisha se le reconoce como el iniciador de lo que se ha denominado la “segunda difusión” del Dharma en el Tíbet. A diferencia de la primera difusión, esta segunda fase se caracterizó por la plena confianza en las fuentes indias de inspiración y Atisha tuvo mucha actividad deteniendo la propagación desordenada y descuidada de las prácticas y los textos religiosos que para entonces se habían desarrollado, muchos de ellos de dudosa procedencia
Se agrega además, que también se le atribuye a Atisha la difusión por todo el Tíbet de la práctica de devoción hacia Tara. Además, una y otra vez, Atisha hizo hincapié en la importancia de ir a refugio a las tres joyas. Fue tanta su insistencia que, de hecho, se le reconoció como el gurú del refugio
Indica además budismo.com que Dromton, discípulo de Atisha, fundó la primera orden budista completamente tibetana, la kadam, que tomó como su texto raíz el Bodhipathapradipa, “Lámpara que alumbra el sendero hacia la iluminación”, de Atisha. Se trata de un texto que integra, de manera sistemática, todas las enseñanzas que Atisha había recibido de sus múltiples maestros y delinea un camino gradual a la iluminación, con base en la ética, que iniciaba con el desarrollo de la compasión y la sabiduría y culminaba con la práctica tántrica. Este “sistema triyana”(de los tres vehículos) considera que el hinayana representa el sendero de la ética, el mahayana simboliza el camino de la compasión y la sabiduría y el tantra es el que conduce a la iluminación suprema. Las enseñanzas de Atisha combinaban las dos principales tradiciones del mahayana indio, con énfasis en la afirmación de Nagaryuna acerca de la necesidad de una percepción profunda a través de shúnyata (vacuidad), así como en la perspectiva de Asanga sobre la acción compasiva de la mente iluminada que todo lo incluye.
Nos señala oshogulaab.com, que cuando Atisha fue al Tíbet, primero visitó la ciudad de Ngari. Allí residió durante dos años e impartió numerosas enseñanzas a los discípulos de Yhang Chub O. Al cabo de este tiempo decidió regresar a
Amigos míos, hasta que alcancéis la iluminación el Maestro Espiritual es indispensable; por lo tanto, confiad en vuestro sagrado Guía Espiritual.
Hasta que realicéis la verdad última la escucha es indispensable; por lo tanto, escuchad las instrucciones de vuestro Guía Espiritual.
Puesto que no llegaréis a ser un Buda sólo con un mero conocimiento del Dharma, esforzaos en la práctica con entendimiento.
Evitad aquellos lugares que turben vuestra mente, y permaneced allí donde vuestra virtud se incremente.
Hasta que logréis realizaciones estables las diversiones mundanas son perjudiciales; por lo tanto, morad en un lugar donde no haya tales distracciones.
Evitad a los amigos que os hagan aumentar vuestras perturbaciones mentales y confiad en los que os ayuden a incrementar vuestra virtud. Guardad este consejo en vuestro corazón.
Puesto que las actividades mundanas nunca se acaban, limitad vuestras actividades. Dedicad vuestras virtudes durante el día y la noche, y vigilad siempre vuestra mente. Puesto que habéis recibido consejo, cuando no estéis meditando, practicad siempre conforme a lo que vuestro Guía Espiritual os diga.
Si os adiestráis con gran devoción, recibiréis los frutos inmediatamente sin tener que esperar mucho tiempo.
Si practicáis de todo corazón de acuerdo con el Dharma, seréis provistos de alimentos y demás necesidades de forma natural.
Amigos míos, las cosas que deseáis no dan más satisfacción que beber agua salada; por lo tanto, aprended a sentiros satisfechos.
Evitad las mentes altivas, engreídas, orgullosas y arrogantes, y permaneced tranquilos y sumisos. Estaos atentos, ofender a los seres santos es peor que la muerte; por lo tanto, sed honrados y francos
Evitad las actividades que, aún considerándose meritorias, en realidad son obstáculos para el Dharma.
La ganancia y el respeto son los lazos que tienden los maras; por lo tanto, echadlos a un lado como si fueran piedras en vuestro camino.
Las palabras de alabanza y celebridad sólo sirven para engañarnos; por lo tanto, libraos de ellas como si os sonarais la nariz.
Puesto que son efímeros, dejad atrás la felicidad, el placer y los amigos que se logran en esta vida.
Puesto que las vidas futuras durarán mucho tiempo, acumulad la riqueza que os asista en el futuro.
Tendréis que marchar dejándolo todo atrás; por lo tanto, no os apeguéis a nada.
Generad compasión por los seres más sencillos, y sobre todo evitad despreciarlos o humillarlos.
No sintáis apego por el amigo ni odio por el enemigo.
En vez de generar celos por las buenas cualidades de los demás, emuladlas con admiración.
En vez de fijaros en las faltas de los demás, fijaos en las vuestras y purgadlas como si fueran mala sangre.
No contempléis vuestras buenas cualidades sino las de los demás y respetad a todos como lo haría un sirviente.
Considerad que todos los seres son vuestros padres y madres, y amadlos como si fuerais su hijo.
Mantened siempre un rostro sonriente y una mente amorosa, y hablad con sinceridad y sin malicia.
Si habláis mucho y con poco sentido, cometeréis muchos errores; por lo tanto, hablad con moderación y sólo cuando sea necesario.
Si os involucráis en actividades sin sentido, vuestras actividades virtuosas degenerarán; por lo tanto, abandonad aquellas tareas que no sean espirituales.
Es una gran necedad esforzarse en actividades que carecen de sentido. Si no lográis las cosas que deseáis, se debe al karma que creasteis en el pasado; por lo tanto, mantened una mente feliz y relajada.


Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados