"El valor de una cosa depende de la forma en que se aborda mentalmente y no de la cosa en sí misma"
JIGORO KANO

Todos estamos expuestos a dejar que en un momento se manifieste la angustia, lo importante es saberla manejar, no que ella nos conlleve a repercusiones que pueden afectarnos psíquica y físicamente.

Debemos estar atento que es lo que nos conlleva a que se le de la oportunidad a la angustia de aparecer.

Al respecto, el psicólogo cognitivo Ricardo Ros, la angustia es una respuesta normal en el ser humano, y también en todos los animales, cuando existe un peligro real. La angustia es lo que provoca el deseo de huir o evitar una situación potencialmente peligrosa. Según este psicólogo, cuando el cerebro interpreta erróneamente que hay peligro se producen todos los síntomas de la ansiedad (sudoración, taquicardias, falta de concentración, falta de memoria, bloqueo). Según esta deducción, la angustia es el miedo ante lo desconocido; ya que la reacción ante el peligro real es el miedo.

Wikipedia nos lega con respecto a la angustia, que es un estado afectivo de carácter penoso que se caracteriza por aparecer como reacción ante un peligro desconocido o impresión. Suele estar acompañado por intenso malestar psicológico y por pequeñas alteraciones en el organismo, tales como elevación del ritmo cardiaco, temblores, sudoración excesiva, sensación de opresión en el pecho o de falta de aire (de hecho, “angustia” se refiere a “angostamiento”). En el sentido y uso vulgares, se lo hace equivalente a ansiedad extrema o miedo. Sin embargo, por ser un estado afectivo de índole tan particular, ha sido tema de estudio de una disciplina científica: la Psicología, y especialmente del Psicoanálisis, que ha realizado los principales aportes para su conocimiento y lo ha erigido como uno de sus conceptos fundamentales. Como todos los conceptos freudianos, el de Angustia fue construido por Freud poco a poco, articulándose a la vez con los demás que integraban la teoría psicoanalítica en pleno desarrollo, y creciendo a la luz de los nuevos descubrimientos que el maestro vienés realizaba en su práctica clínica.

En sus primeros desarrollos sobre la angustia, Freud comienza señalando la particularidad de este estado afectivo penoso, que es el afecto penoso por excelencia, diferente de todos los otros.

Nos agrega proyectopv.org en relación al tema, que la angustia es el sentimiento que experimentamos cuando sin motivo nos preocupamos en exceso por la posibilidad de que en el futuro nos ocurra algo temido sobre lo que no tenemos control y que, en caso de que sucediera consideraríamos "terrible" o haría que nos consideráramos personas totalmente inútiles. También se puede definir la angustia como un sentimiento de amenaza cuya causa es por el momento desconocida pero que puede aparecer en el momento en que menos lo esperamos y revelar a todos sin excepción que somos unos incompetentes o personas totalmente ridículas.

La angustia que experimentamos no siempre es producto de los pensamientos de autodesprecio ante la posibilidad de algún fallo o debilidad personal que pudiera hacerse público. Una segunda forma de angustia proviene de una manera de pensar común a muchas personas, de hecho, a la mayoría, y que recibe el nombre de "baja tolerancia a la frustración", o BTF. La idea básica que sustenta dicha BTF es: "La vida debería ser fácil y transcurrir por donde quiero sin demasiados problemas y molestias; y si no es así, es horrible y no puedo soportarlo." Si acepta esta idea, se encontrará cogido en la "trampa de la comodidad". Algunas variaciones típicas son: "debo sentirme bien", "No debo sentirme angustiado", "Debo ser frío, mantener la calma y el sosiego". Con estas ideas, y dado que lo más probable es que nos empecemos a sentir mal en el mismo momento en que nos entreguemos a este tipo de pensamientos, lo normal será que suframos un ataque de angustia. Se puede llegar a sentir angustia por miedo a sentir angustia.

La angustia es un círculo vicioso. Una vez que se ha experimentado la angustia "sin razón alguna", aparece una actitud angustiada ante la perspectiva de sentir angustia. Aparecen pensamientos del tipo de "sería horrible si empezara a sentirme angustiado". Pensar de ese modo nos provoca la angustia. Inmediatamente, notamos la angustia y pensamos algo así como "es terrible, me estoy angustiando". Esto lleva a incrementar la angustia, que a su vez nos hace pensar cosas tales como "Estoy perdiendo el control. ¿Y si me desmayo (o me coge un ataque de pánico, o cometo una locura, o me da un ataque al corazón)? Sería terrible." La angustia crece por momentos y nos conduce a pensamientos cada vez más angustiantes. El proceso se desarrolla con gran rapidez y de lo único que somos conscientes es de un progresivo sentimiento de pánico.

Definitivamente debemos estar atentos en nuestro comportamiento, conducta, cuando se manifiesta y no dejar que ella nos maneje, hay que enfrentarla e ir trabajando en nuestras debilidades para fortalecer nuestra seguridad ante el miedo. Se recomienda manejar adecuadamente la respiración y sobre ello se señala, que tenemos que aprender a controlar la respiración. Esto requiere muchísima práctica. La inspiración controlada implica que las inspiraciones son suaves, lentas, regulares y bastante superficiales (no profundas). Inhalar por la nariz y exhalar por la boca en ciclos regulares. Una frecuencia de doce ciclos por minuto suele ser la apropiada, pero cada uno debe encontrar su propio ritmo respiratorio. Estos ciclos regulan la cantidad de oxígeno que ingerimos, de forma que no aparezcan las sensaciones de vértigo, desmayo o mareo, ni las palpitaciones que conlleva el exceso de oxígeno.

La aplicación de estas actitudes antiagustia y de técnicas como la de la respiración controlada desgraciadamente requiere muchísima práctica, pero se puede estar seguro de la progresiva mejora que se siente lo indica proyectopv.org. Si se siguen estas directrices es posible escapar del círculo vicioso de la angustia Se sugiere además superar la ansiedad, puesto comporta tolerar cierto grado de incomodidad, por lo que es importante enfrentarse al sentimiento de incomodidad y no evitarlo.

Se sugiere como alguien lo ha expresado, Prestar atención a sus ideas, emociones y de esa manera podrá controlar sus acciones. Eso recibe el nombre de reflexión, introspección. Si no lo hace, se confundirá, se precipitara y nunca podrá estar tranquilo con usted mismo. Usted esta apurado, frustrado e impaciente. Se halla atrapado en un círculo vicioso. Solo usted puede romperlo, por medio de una cuidadosa atención a usted mismo.

Ante la angustia debemos apoyarnos como lo aporta Goleman de optimismo quien sostiene, que sostiene que el optimismo, al igual que la esperanza, significa tener una gran expectativa de que, en general, las cosas saldrán bien en la vida, a pesar de los contratiempos y las frustraciones. Goleman también explica que el optimismo paga dividendos en la vida, y que es una actitud emocionalmente inteligente. Así que esperemos lo mejor, con disposición de ánimo positivo, mientras se van aclarando las aguas.

Saludalia.com. al respecto comenta, que hay estudios que demuestran que la combinación de la terapia cognitivo conductual junto con ciertos psicofármacos, tiene efectividad en aproximadamente el 80 ó 90 por ciento de las personas con trastornos de pánico, angustia Generalmente se suele apreciar una significativa mejoría aproximadamente 6 a 8 semanas después de haber iniciado el tratamiento.

Los psicofármacos que generalmente se utilizan en el tratamiento de los trastornos de ansiedad, aunque no son curativos en ningún caso, pueden ser efectivos para mitigar los síntomas de la ansiedad, lo cual a veces es imprescindible y en este sentido favorecer la curación.

Dentro de las técnicas conductuales, una de las más utilizadas para el tratamiento de los trastornos de ansiedad, es el entrenamiento en respiración diafragmática. Se trata de un tipo de respiración consistente en la realización de respiraciones lentas y profundas, que movilizan más el abdomen, haciendo trabajar más al diafragma y permitiendo así una mayor oxigenación en la parte inferior de los pulmones, pero que sobre todo aminora el exceso general de oxígeno provocado por la hiperventilación que las personas que sufren de ansiedad presentan frecuentemente. Cuando se produce la crisis de ansiedad, el organismo comienza a hiperventilar, es decir, a realizar una serie de respiraciones rápidas y superficiales, que permiten la entrada de pequeñas cantidades de aire, a la vez que grandes cantidades de oxígeno que pueden provocar taquicardias, mareos y otros síntomas, como cosquilleo en los miembros periféricos, manos o pies, entre otros.