CAMOVA

No podemos cambiar nada a menos que lo aceptemos

Carl Jung

Muchas veces nos reclamamos el porque no haber aprovechado el momento que disfrutábamos intensamente, y perdemos esa oportunidad que no sabemos si se vuelve a repetir.

Ya nos habremos dado cuenta que no sabemos exactamente cuanto tiempo se nos ha dado de permanencia en esta dimensión y por tanto, no podemos seguir descuidando la oportunidades que se nos presentan, especialmente saber compartir esos momentos que nos hacen felices. Muchas veces, el no haberlo hecho nos deja muchas tristezas, quejas, por no estar atento en disfrutar nuestra vida, más, cuando nos encontramos con personas con que nos hemos abierto, vinculados, sea en roles de amistad, pareja, trabajo. Cada uno de ellos con sus repercusiones, alcance en nuestras emociones.

Cada día es una sorpresa, muchas veces se manifiestan situaciones negativas como positivas que no esperábamos, asaltos, enfermedades, violencia, muerte, nuevos encuentros , oportunidades, de ahí, la importancia de que cada minuto que se nos otorga lo debemos vivir intensamente.

No podemos seguir quejándonos, por qué no aproveche la oportunidad cuando se manifestó, por qué no la disfruté intensamente, por qué no fui más amoroso, más activo, más práctico. No se tomó en cuenta, que todo se manifiesta dentro de un tiempo que debemos saber apreciar y manejar, aunque muchas veces se dan circunstancias que se interponen y afectan nuestros momentos, como hechos impredecibles que se dan, muerte, asaltos, enfermedades, compromisos, entre otros.

Cada día que se nos permite seguir manifestándonos, vivir, debemos optimizar nuestras acciones en pro de nuestro crecimiento que es personal, ese que nos corresponde , en donde nos toca a nosotros desempeñarnos de tal forma, que percibamos que estamos atento en todo aquello en donde actuamos y que estamos creciendo, especialmente en lo espiritual que es trascendental

Constantemente, debemos evaluarnos que también estamos actuando, como compartimos nuestras acciones, utilizamos nuestro vivir, de que forma aprovechamos nuestra oportunidad de permanecer, aportar nuestros sentimientos de tal manera, que generen felicidad, armonía, paz y sobre todo, que otros también los disfruten, especialmente con quienes compartimos.

Bernie S. Siegel, escribía al respecto, que le pide a la gente que aprenda a vivir en pequeños segmentos de tiempo, porque veo una y otra vez que las personas felices viven en el momento, y están, en cierto sentido, acercándose tanto como es posible al Cielo sobre la Tierra. Cuando podemos empezar a vivir sin estar siempre pendientes del reloj y a disfrutar simplemente del aquí y ahora, cambiamos, y nuestro cuerpo también cambia. Una mujer me contó señala Siegel, que el día en que tuvo súbitamente la sensación de vivir en el momento estaba sentada en una silla junto a una ventana abierta por donde entraba la brisa. Por primera vez en su vida tomó conciencia de que sentía el aire sobre la piel. Antes de ese momento filtraba esas impresiones porque estaba viviendo para el futuro, concentrándose en lo que había de venir. Otra mujer, que estaba a punto de suicidarse, se fijó de pronto en la nieve y en el cielo azul, y esa belleza le salvó la vida.
Vivir en el momento no significa que uno no pueda organizar las cosas ni hacer planes para el futuro. Pero cuando tus planes se ven modificados, tal vez Dios esté tratando de hacer que sigas el ritmo del universo, procurando que te pongas en contacto con tu lado intuitivo.

Merlina Meiler nos aporta sobre el vivir el momento, que se debe dar el 100%, en todo lo que hagamos, siempre que sea posible. No quedarnos en medias tintas ni en colores grises: si ofrecemos lo mejor de nosotras mismos y nos esforzamos con un objetivo determinado, seguramente tendremos éxito, a su debido momento.

Mantener una actitud positiva ante lo que nos suceda. Ser optimista es sano. Se puede ser realista, no vivir de ilusiones o de ideas imposibles, y a la vez creer que puede y va a suceder lo mejor para nosotros.

Reconocer el éxito y los talentos personales, y festejarlos. Hacer lo mismo con los logros y los talentos de los demás, valorarlos y alentarlos, ¡lo que veo fuera de mí es un indicador de que yo también puedo lograr lo que tanto deseo!

Disfrutar las pequeñas cosas. Todos los días, hay algo para disfrutar: el amanecer, la amistad, un abrazo, un llamado telefónico, un chocolate o algo que parezca delicioso, la naturaleza.

Aceptar responsabilidad por lo que hicimos y por lo que no hicimos. Aceptar es querernos, entendernos, darnos cuenta de que no somos perfectos y de que todos los días tenemos cosas para mejorar y cambiar, para sentirnos mejor con nosotros mismos y con quienes nos rodean.

Compartir. Darle a alguien algo que precisa, que puede no ser, necesariamente, material (por ejemplo, nuestro tiempo, nuestro consejo o nuestra compañía).

En lo personal, después de haber permanecido en coma nueve días producto de una craneotomía, haber entrado a la clínica ignorando como llegue a ella , y habérseme permitido regresar, sin saber que estuve en esas condiciones, simplemente cuando desperté se me dijo de mi estado grave, creía que venía de un sueño. En donde recuerdo todo lo vivido, muchas cosas que han quedado grabadas en mi memoria y que han dado paso a cambios significativos de mi percepción de vida, de saber ahora como aprovechar la oportunidad, cada minuto de vida que se nos otorga. Aprendí a valorizar lo relevante del tiempo y dejar que mis acciones se manifiesten en todo aquello que permita crecer, disfrutar los momentos, más cuando uno ha experimentado situaciones trascendentes la muerte, y evitar el suplicio, acusaciones de no pasar quejándome el por qué no hice eso, por qué no aproveche la oportunidad, específicamente cuando comprendemos que todo es transitorio, que somos seres perecederos, atados a un organismo físico que en cualquier momento deja de funcionar .

Por último, tenga presente lo que expresa unavidafeliz.com, que debemos vivir intensamente cada momento de nuestra vida física, porque no sabemos por cuanto tiempo dispondremos de ella. Cada segundo, cada minuto, son una insustituible e irrepetible oportunidad de regocijarse con tantas cosas bellas y agradables que nos depara esta existencia.

Si lo único seguro que tenemos es que un día regresaremos a donde venimos, pero no sabemos cuando, pareciera majadero perder siquiera una oportunidad agradable, emocionante, edificante o diferente de vivir una experiencia feliz.

Por eso soy avaricioso de lograr la mayor cantidad de amor posible; de regalarle belleza y regocijo a mis sentidos; de recrearme en la paz del ambiente, en la ternura y nobleza de mis semejantes; y de conectarme mediante la oración, con mi amado Padre Celestial, gracias al cual aún continúo este bellísimo periplo por una de sus casas… en el universo.

No comprendo a las personas iracundas, tristes, negativas o de mal humor; creo que no entienden su realidad como seres espirituales viviendo experiencias físicas. Me entristece saber que un día, más temprano que tarde, dejarán este mundo sin haberse llevado lo único que nos es dado como seres vivientes: goce, disfrute, dulzura y amor en la estadía.