CAMOVA
Las inquietudes de Gurdjieff en su tránsito por esta dimensión, lo llevó a indagar el cómo debemos saber usar nuestras energías, conocimientos, en pro de darnos cuenta por qué pasamos. Ello lo motivó a investigar en el hombre, a viajar, buscar las informaciones de los que se habían identificado en la relevancia de saber aprovechar la oportunidad que se nos da, al manifestarnos en la dimensión de las formas perecederas y así ,dar respuestas a muchas de las interrogantes que se nos presentan cuando nos desenvolvemos en este plano.
Gurdjieff nos aporta, que el ser humano es un ser plural. No hay un "yo", sino muchos "yoes" que se van intercalando a la hora de hablar, juzgar o actuar. Somos una especie de parlamento donde hay mayorías y minorías. Cada cierto tiempo, un grupo toma la palabra, y en ocasiones se producen pequeños golpes de estado y un grupo que antes no era oído se empieza a hacer oír, pero no dura mucho, porque enseguida lo reemplaza otro. Las mayorías y minorías van cambiando de peso. Algunas desparecen para siempre, otras viven con nosotros para siempre, pero lo importante es que en el plazo de unos minutos, somos muchos, no uno.
Lo cierto, como se sabe y así nos lo recuerda espinoso.org Gurdjieff nació en Alexandropol, provincia de Kars (Rusia) el 1 de enero de 1877. El padre Borsch, deán de la catedral de Kars se encargó de su educación con miras a que fuera sacerdote y médico. Mientras se preparaba para estas carreras, el muchacho adquirió destreza en varios oficios. Durante el período siguiente, que abarca unos veinte años, Gurdjieff prácticamente desapareció, recorriendo Asia Central con un grupo de compañeros. Estos años fueron cruciales en la formación de su personalidad y en su obra Meetings with remarkable men, que puede ser considerada una autobiografía psicológica, se refiere a sus peregrinajes y nos hace conocer algunos de sus acompañantes en esta singular aventura. También habla de su incesante búsqueda de un real y universal conocimiento aunque nunca revela el secreto de las verdades descubiertas.
Sus padres eran griegos del Asia Menor, y su padre parecía poseedor de una cultura muy antigua. Es verosímil que desde su infancia Gurdjieff se haya bañado en la atmósfera de ritos adivinatorios propios de la antigua Rusia. Sus primeros años, informa Ouspensky, transcurrieron en una atmósfera de cuentos de hadas, de leyendas y de tradiciones. A su alrededor, lo milagroso había sido un hecho real. Predicciones oídas por él y a las cuales sus allegados acordaban fe completa, se llevaron a cabo y le abrieron los ojos respecto a muchas cosas.
Reapareció en Rusia en 1913 y se dedicó a enseñar sus teorías a varios grupos de discípulos en Moscú, San Petersburgo y Tiflis. De esta época data su encuentro con el matemático ruso P.D. Ouspensky, quien llegó a ser su principal discípulo y el más lúcido exponente de sus doctrinas. Posteriormente, huyendo de la revolución rusa, se refugió en Constantinopla, y en 1922, después de visitar Inglaterra, fundó en Avon (Fontainebleau), cerca de París, el Instituto para el Desarrollo Armonioso del Hombre, que fue visitado por muchas personalidades deseosas de conocer al extraño filósofo.
Lo importante, que en su constante búsqueda sobre la real verdad, descubrió muchas cosas, que una vez que las experimentó, asimiló, y la legó para quienes todavía estamos en este planeta. Si le prestamos atención a su contenido, especialmente lo que involucra su cuarto camino, podemos obtener valiosa información en pro de nuestro crecimiento.
No nos sorprende, que se opine sobre él, que fue demasiado humano para ser el diablo, demasiado inhumano para ser un santo, Gurdjieff se llevó consigo el secreto de su naturaleza al morir en noviembre de 1949, a la edad de ochenta y tres años, porque ya no estaba decidido a vivir, dejando una obra voluminosa y oscura titulada All and Everything (Todo y el Todo ).
Definitivamente, Gurdjieff nos aporta algunas reflexiones que invitan a ser consideradas, en adentrarse en su alcance y determinar lo que ellas encierran de tal forma, que nos favorezcan en nuestro crecimiento Indica, que somos una máquina, que reaccionamos al mundo externo y nos dejamos absorber por él conforme a antiguos patrones que nos esclavizan. En sus palabras: El hombre es el ser que puede "hacer". "Hacer" significa actuar conscientemente y de acuerdo con la propia voluntad. Sin ninguna exageración podemos decir que todas las diferencias que nos impresionan entre los hombres pueden reducirse a las diferencias en la conciencia de sus acciones. Sin embargo, entre los hombres ordinarios, así como entre aquellos que son considerados extraordinarios, no hay ninguno que pueda "hacer", porque para ello se necesita un grado muy elevado de ser y de conocimiento, de los que carece el hombre que duerme. En su caso todo está hecho en el sueño. Ante todo el hombre debe despertar. Habiendo despertado, verá que tal como es, no puede "hacer". Tendrá que morir voluntariamente. Una vez muerto, puede nacer. Pero el ser que acaba de nacer, debe crecer y aprender. Cuando haya crecido y sepa, entonces podrá "hacer". De momento, el hombre ni siquiera es capaz de la más mínima acción independiente o espontánea. La totalidad de él no es otra cosa que el resultado de influencias externas. El hombre es un proceso, una estación transmisora de fuerzas Así, nuestra vida consiste en una interminable cadena de pensamiento por asociaciones casuales, el conocido diálogo interno, que se produce por nuestra incapacidad para manejar la atención.
Nos agrega trascendentalism.blogspot.com,además, que Gurdjieff nos recuerda, que nos dejamos influenciar por cosas exteriores, pero en sí mismas estas cosas son inofensivas: somos nosotros los que permitimos que nos lastimen. Debido a la importancia y seriedad que conlleva la búsqueda de este conocimiento interno, Gurdjieff comenta, que no puede intentarse descuidadamente, sino que exige tal esfuerzo que quien lo persigue debe darle preeminencia en su vida. El primer paso a tomar conforme a Gurdjieff es la autoobservación. Pero antes de auto observarse conviene que el hombre tome una decisión sobre cómo hacerlo; en palabras de Gurdjieff: Debe tomar la decisión de que será absolutamente sincero consigo mismo, que no cerrará sus ojos a nada, que no rehuirá ningún resultado, sin importar a dónde lo conduzca, que no temerá ninguna deducción, y que no se limitará por muros previamente erigidos. Se requiere mucho valor para aceptar sinceramente los resultados y conclusiones a que se llegue. Éstos desbaratan toda su línea de pensamiento, y lo privan de sus más agradables y queridas ilusiones. Ante todo ve su total impotencia y desamparo ante literalmente todo lo que le rodea. Es poseído por todo y gobernado por todo. Él no posee y tampoco gobierna nada. Las cosas lo atraen o repelen. Toda su vida no es más que un ciego dejarse llevar por estas atracciones y repulsiones. Además, si no teme a las conclusiones, puede ver cómo se forman lo que él llama su carácter, gustos y hábitos: en una palabra, cómo están construidas su personalidad e individualidad.
Muy interesante cuando nos agrega, que el trabajo consiste en fortalecer los "yoes de trabajo" hasta el punto que se los puede utilizar en cualquier circunstancia para salirnos del pensamiento asociativo, del diálogo interno, y experimentar la "esencia", que es lo que subyace al diálogo, o personalidad, aquello que éramos cuando éramos niños.
Gurdjieff nos invita a que consideremos, que lo primero que es necesario comprender es que somos incapaces de observarnos a nosotros mismos, porque esa es una función del "amo". Esto nos lleva a la metáfora del ser humano como un carruaje. Para Gurdjieff, el ser humano es como un carruaje. Hay un centro físico (el carruaje en sí), un centro emocional (el caballo que tira de él), un centro intelectual (el cochero) y un amo (el pasajero). Al principio del camino no hay amo (se turnan los múltiples "yoes") y el cochero no sabe qué hacer. Esto hace que el carruaje vaya a la deriva, por caminos pedregosos que terminan deteriorándolo. Más tarde, el cochero (centro intelectual) adquiere conocimientos esotéricos y se empieza a formar una idea de qué es lo que hay que hacer (hay un "centro magnético"), pero es incapaz de comunicárselo al caballo (centro emocional) porque no conoce su lenguaje. Es necesaria una integración de los centros del ser humano.
Nos recuerda, que el carruaje transitará siempre por la Avenida Principal hasta que enmohezca, por mucho que el cochero en sus sueños esté viajando por el cosmos. Por tanto, es necesario cambiar los hábitos


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