Carlos Mora Vanegas
El hombre sabio es aquel que mantiene su razón lúcida y clara y ve las cosas como realmente son. El escucha este consejo: La vida es un desafío, ¡Enfréntalo!. La vida es amor ¡Compártelo!. La vida es un sueño ¡realízalo!. La vida es un juego , ¡juégalo! Sathya Sai baba
Vivimos un momento en donde se manifiestan muchas convulsiones en lo político, económico, tecnológico, cultural, con una gran dinámica en los escenarios en donde se desenvuelven , escenarios que cada vez se tornan turbulentos, agitados, retadores, requiriéndose de profesionales bien formados, capacitados de acuerdo a los requerimientos del presente y en donde las universidades deben desempeñar su rol con la capacitación, formación de profesionales comprometidos en aportar los cambios, transformaciones necesarias para garantizar resultados positivos.
En el caso venezolano que nos concierne, más que nunca, en su aquí y ahora, es necesario contar con universidades que garanticen excelencia académica, que rescaten el decaimiento sufrido en los último años en su academicismo, investigación, consecuencia de su abandono, participación, compromiso ante los grandes retos que en el país están surgiendo, con la gestión del actual presidente teniente - coronel Hugo Chávez Frías.
Hoy más que nunca, las Universidades deben aparecer con un rol más dinámico, comprometido que de paso a propuestas, opiniones, conocimientos que favorezcan al país en los principales problemas que afronta, sea en lo cultural, económico, técnico, social salud y educativo . Deben comprometerse en proporcionar a través de una buena formación académica, con conocimientos actualizados, profesionales capaces de cumplir lo que se demanda, que se requiere a fin de afrontar los efectos de un escenario turbulento, la competencia internacional, el desarrollo tecnológico, la inestabilidad política, y todos los retos que se derivan de la realidad mundial actual.
Al comprometerse las autoridades responsables de la gestión educativa en las universidades, tienen que repensar la manera de cómo debe operar las universidades en el presente, como formar a los dirigentes del mañana, quienes se encargarán de dirigir el país, proporcionándole lo que representa la autoestima, la asertividad, el compromiso de formarse de acuerdo a las necesidades que todas las disciplinas han generado en pro de saber adaptarse a las necesidades actuales.
Deben las autoridades efectuar un diagnóstico sobre su comportamiento operativo educacional, sobre sus responsabilidades, funciones a desempeñar, revisar sus estructuras y sistemas administrativos de funcionamiento, el aprovechamiento adecuado de su capital y talento humano, la definición de los perfiles de los distintos profesionales que forma de acuerdo a lo que el presente exige. Detenerse a revisar cómo ha sido su funcionamiento, en donde han estado sus debilidades, como han aprovechado las oportunidades, enfrentados las amenazas y cuál ha sido el resultado positivo de haber manejado adecuadamente sus fortalezas.
Las autoridades universitarias tienen que romper el cordón umbilical del compromiso con los grupos de poder, con el clientelismo político, las cofradías, amistad, con todo aquello que la ha deteriorado en pro de su logro de excelencia académica, debe dársele paso a un nuevo liderazgo educacional, más proactivo, con nuevas aportaciones que propicien más utilización de la investigación del compromiso en pro de aportar soluciones a los distintos problemas que el país afronta en todos sus sectores. .
No se puede pasar por desapercibido cuando se comenta, que con la ayuda de la educación, el hombre debe aprender a ser, a convivir, a conocer y hacer en un mundo que trasciende la sociedad de la información para convertirse en la sociedad del conocimiento. Justamente, éste es el gran reto del cambio educativo, que no será posible si no arranca de abajo, de cada centro educativo, de cada docente, de cada estudiante.
No es la organización, por muy importante que sea, donde vive la identidad, sino en la comunidad académica, que es quien asegura que la institución esté viva. La comunidad se sabe, es la que encarna la identidad, no los documentos funcionales, ni los proyectos, ni las estructuras.
No nos debería extraña por ejemplo, las declaraciones de la Fundación Universitaria CEIPA de Medellín, Colombia, cuando señala, que las posibilidades de desarrollo de los pueblos dependen, del nivel educativo de sus gentes.
Ahora bien, que la educación deja de ser un asunto estrictamente escolar para convertirse en un campo de intervención social, supone una renovación pedagógica, sin parangón en la historia, que deberá hacerla capaz de vertebrar simultánea y adecuadamente el desarrollo de las posibilidades personales y de las actitudes sociales,
De ahí, que no nos debe sorprender, que se insista en recordar, que es imposible educar sin tener delante unos fines: se educa para algo. No ha educación sin relación con el sentido. El fin de la educación es la indagación y la adquisición de habilidades. Esta sed de sentido constituye el talento moral que debe empapar toda educación. La educación en sí no posee una bondad radical: depende de sus finalidades.
Se debe lograr , que la tarea educativa, como lo destaca un informe de la UNESCO, debe formular y asumir los nuevos conceptos de desarrollo y progreso, esforzándose por introducir en cada sociedad modelos de desarrollo sostenible adaptados a su situación.
Las universidades a través de la formación de profesionales comprometidos con su comunidad, con el país, debe contribuir de modo sustancial a la convivencia, tolerancia y solidaridad entre las personas y los pueblos. La educación habrá de convertirse en un proceso continuo, como se ha comentado, de tal forma, que dure tanto como la vida del hombre, de modo que le ayude a vivir de acuerdo a los valores que proclama.
La universidad debe ser capaz de comunicarse con las culturas vivas que lo rodean y no se puede sacrificar su espíritu universitario a un pragmatismo vacío de contenido cultural, debe estar atenta a los cambios, al avance de la ciencia, a contar con docentes comprometidos con la misión de aporta sus conocimientos cuando saben interpretar la necesidad de su escenario. Debe saber aprovechar las oportunidades que el entorno le manifiesta a través muchas veces de los errores que cometen otros actores, como puede ser el estado, instituciones, organizaciones.
Deben las actuales autoridades universitarias, desprenderse de la atracción que genera la figuración, ser más proactivo, dar paso a una excelencia académica que favorezca a la universidad y al país. Hay que determinar las propias finalidades en consonancia con la realidad social y como muy bien lo indica Juana Sancho, con lo cultural, articulando los medios para alcanzarlas.


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