CAMOVA

 No somos responsables de las emociones, pero sí de lo que hacemos con las emociones.
Jorge Bucay

Malgastamos mucho el tiempo, en no prestar atención, en lo importante que es saber manejar nuestras energías, nuestras capacidades que se nos han legado al aparecer en esta dimensión, en estar atentos y sorprendernos ,que tan auténtico nos mantenemos y no nos hemos dejado contaminar por la persuasión que otros puedan generarnos.

El Doctor en Filosofía Daniel Goleman (1995) nos hace referencia sobre el "flujo" de los trabajos de Mihaly Csiksszentmihalyi, psicólogo de la Universidad de Chicago que durante dos décadas de investigación ha reunido testimonios de desempeño óptimo y cuenta el caso de Diane Roffe Steinrotter, que obtuvo una medalla en esquí en los juegos olímpicos de invierno de 1994, quién comentó que al concluir su participación en una carrera de esquí, que no recordaba nada salvo estar inmersa en relajación: Me sentía como en una cascada. ¿Cuantas veces se ha encontrado usted  en ese estado?¿Le prestó atención a ello, qué sintió?¿Cómo explicarlo?¿Se sintió cansado en realizar alguna labor con la que se identificaba plenamente?, sería algunas interrogantes que se podrían hacer.

Lo cierto, que en el flujo como lo comenta Goleman, las emociones no solo están contenidas y canalizadas, sino que son positivas, están estimuladas y alienadas con la tarea inmediata. Quedar atrapado en el aburrimiento y la depresión (como sucede muchas veces) o en la agitación de la ansiedad significa quedar excluido del flujo. Sin embargo, el flujo (o un microflujo más tenue) es una experiencia que casi todo el mundo tiene de vez en cuando, especialmente cuando alcanza el desempeño óptimo o llega más allá de sus límites que se establecieron al inicio. Desde luego, afirma Goleman, el flujo es un estado de olvido de si mismo, lo opuesto a la cavilación y la preocupación, la persona que se encuentra en un estado de flujo está tan absorta en la tarea que está realizando que pierde la conciencia de sí misma y abandona las pequeñas preocupaciones  - la salud, las cuentas, incluso la preocupación por hacer las cosas bien de la vida cotidiana. Justamente en este sentido, el estado de flujo se caracteriza por la ausencia del yo. Paradójicamente destaca Goleman, la persona que se encuentra en este estado, muestra un perfecto control de lo que está haciendo y sus respuestas guardan perfectas sintonía con las exigencias cambiantes de la tarea. Y aunque la persona alcanza un desempeño óptimo mientras se encuentra en ese estado, no le preocupa como está actuando ni piensa en el éxito o en el fracaso, lo que la motiva es el puro placer del acto mismo.

Cabe destacar la referencia que al respecto comenta Goleman, de un compositor que describe los momentos en que su trabajo alcanza el punto óptimo: Uno mismo se encuentra en un estado estático, hasta el punto de que  se siente de que casi no existe. He experimentado esto y otra vez. Mi mano parece desprovista de mi propio ser y yo no tengo nada que ver con lo que está sucediendo. Simplemente me quedo sentado, en un estado de admiración y desconcierto todo fluye por si mismo(Mihaly Csiksszentmihalyi: Play and, Intrinsic Rewards, Journal of Humanistic Psychology, 15, 3, 1975)

En lo personal, lo he experimentado con frecuencia, me recuerdo cuando estudiaba en el Instituto Tecnológico de Monterrey, N.L. México y en una tarde tenía que presentar un examen de una asignatura de la carrera que cursaba, no obstante,   ante de la hora de ese acto, me refugié en la Biblioteca  Cervantina del instituto, Biblioteca que cuenta con  libros documentos, literarios extraordinarios, y me detuve a leer la vida de Gustavo Adolfo Bécquer, apasionándome tanto el tema, como otros, el  del poeta nicaragüense Rubén Darío, que cuando me di cuenta habían transcurrido tres horas  y ello porque el bibliotecario me dijo que se iba a cerrar, estaba tan absorto en ese estado de flujo, que perdí la noción del tiempo porque estaba disfrutando algo que me complacía y no me importo tanto mi examen.

Lo cierto, que cuando la persona está ocupada en una actividad que capta y lo retiene, como probablemente le habrá sucedido a usted- su atención sin esfuerzo, su cerebro se tranquiliza, en el sentido de que se produce una disminución de la excitación cortical, de acuerdo a Jean Hamilton en Intrincis Enjoyment and Boredom Doping Scales: Validation with personality, Evoked Potencial Attention Measures, 1984.

No olvide, que una concentración esforzada- alimentada por la preocupación, produce un aumento de la activación cortical. Pero la zona del estado de flujo y del desempeño óptimo parece ser un oasis  de la eficiencia cortical, con un gesto mínimo de energía mental. Desde luego, los movimientos bien practicados exigen muchos menos esfuerzos cerebrales que aquellos simplemente se aprenden, o aquellos que resultan demasiados difíciles. Trate de que su cerebro funcione en su punto óptimo, de eficiencia, como en el estado  de flujo, en donde existe una relación precisa entre las zonas activas y las exigencias de la tarea. En este estado, incluso el trabajo difícil puede resultar refrescante o reparador en lugar de agotador. Ahí puede usted aprovechar realizar todas aquellas labores  y aprender a crecer en pro de su felicidad.

El psicólogo de Harvard Howard Gardner, al respecto, desarrolló la teoría de las inteligencias múltiples, en donde considera el estado de flujo y los estados positivos que lo caracterizan, como parte de la zona más saludable de enseñar a los jóvenes, motivándolos desde el interior más que amenazándolos u ofreciéndoles una recompensa.

 Se le recomienda despertar en sus hijos, en sus alumnos, en usted mismo, ese estado de flujo. A fin de alcanzar  resultados positivos. Gardner advierte, que hay que hacer el aprendizaje más placentero, y lo que se espera que cuando los jóvenes alcanzan el estado de flujo gracias al aprendizaje se sentirán estimulados a aceptar desafíos en nuevas áreas. Cultive su estado de flujo, no lo descuide, transite en él, manéjelo adecuadamente  y notará como tiene otra percepción de su vida.