CAMOVA

El dinero es el estiércol del demonio. Todo hombre que vive sólo para el dinero, pone su esperanza en un excremento maloliente. Papini

Siempre habrá convulsión, revuelo,  cuando un gran sismo mundial se manifiesta y atenta contra la raza humana, contra todos aquellos que vivimos en este planeta Tierra, supeditados a los vaivenes, intereses, acciones, que se le han dado vida, cuando nos identificamos  y vivimos en el país que hemos seleccionado y que forma parte de todos lo que integran  a  este globo Terráqueo , dándosele  paso  a la formación de Estados, gobiernos que nos representan y actúan de acuerdo a los intereses que se supone deben beneficiarnos y asegurarnos una calidad de vida a la que todos tenemos derechos, al pertenecer a esta dimensión.

Lo cierto que, cuando estos intereses no son manejado adecuadamente, se pierde  el control, se desquebrajan los valores, la ética, la moral y se da paso a  la corrupción,  los resultados tarde o temprano serán negativos.

Actualmente el mundo afronta justamente una crisis económica mundial nefasta, producto de la mala gestión de los encargados de manejar  las acciones financieras, el dinero, especialmente de los bancos que ya está manifestando sus efectos en la humanidad, con el desempleo, inflación, recesión amenazando la estabilidad económica de muchos países.

Lo interesante de ello, es la manera de cómo se evalúa sus consecuencias, sus efectos, lo que ello involucra, puesto da paso a diferentes opiniones, desde lo político, económico, religioso, social, cultural, de  valores y en donde la Humanidad para otros ha sido culpable de tal situación.

Recuerdese, que , desde hace unos meses, el mundo está sufriendo el estallido de una fenomenal burbuja financiera, que se deshizo en mil pedazos en Estados Unidos y que ha contaminado a muchas partes del mundo.

 En un interesante escrito al respecto de  Pedro Casaldáliga, señala, que esta crisis  económica actual es una crisis global de Humanidad que no se resolverá con ningún tipo de capitalismo, porque no cabe un capitalismo humano; el capitalismo sigue siendo homicida, ecocida, suicida. No hay modo de servir simultáneamente al dios de los bancos y al Dios de la Vida, conjugar la prepotencia y la usura con la convivencia fraterna. La cuestión axial es: ¿Se trata de salvar el Sistema o se trata de salvar a la Humanidad? A grandes crisis, grandes oportunidades. En idioma chino la palabra crisis se desdobla en dos sentidos: crisis como peligro, crisis como oportunidad.

Agrega Casaldáliga en la campaña electoral de EE UU se enarboló repetidamente «el sueño de Luther King», queriendo actualizar ese sueño; y, con ocasión de los 50 años de la convocatoria del Vaticano II, se ha recordado, con nostalgia, el Pacto de las Catacumbas de la Iglesia sierva y pobre. En el 16 de noviembre de 1965, pocos días antes de la clausura del Concilio, 40 Padres Conciliares celebraron la Eucaristía en las catacumbas romanas de Domitila, y firmaron el Pacto de las Catacumbas. Dom Hélder Câmara, cuyo centenario de nacimiento estamos celebrando este año, era uno de los principales animadores del grupo profético. El Pacto en sus 13 puntos insiste en la pobreza evangélica de la Iglesia, sin títulos honoríficos, sin privilegios y sin ostentaciones mundanas; insiste en la colegialidad y en la corresponsabilidad de la Iglesia como Pueblo de Dios, y en la abertura al mundo y en la acogida fraterna.

Hoy, nosotros, en la convulsa coyuntura actual, profesamos la vigencia de muchos sueños, sociales, políticos, eclesiales, a los que de ningún modo podemos renunciar. Seguimos rechazando el capitalismo neoliberal, el neoimperialismo del dinero y de las armas, una economía de mercado y de consumismo que sepulta en la pobreza y en el hambre a una grande mayoría de la Humanidad. Y seguiremos rechazando toda discriminación por motivos de género, de cultura, de raza. Exigimos la transformación sustancial de los organismos mundiales (ONU, FMI, Banco Mundial, OMC...). Nos comprometemos a vivir una «ecológica profunda e integral», propiciando una política agraria-agrícola alternativa a la política depredadora del latifundio, del monocultivo, del agrotóxico. Participaremos en las transformaciones sociales, políticas y económicas, para una democracia de «alta intensidad».

Tanto en la Iglesia (en la Iglesia de Jesús que son varias Iglesias) como en la Sociedad (que son varios pueblos, varias culturas, varios procesos históricos) hoy más que nunca debemos radicalizar en la búsqueda de la justicia y de la paz, de la dignidad humana y de la igualdad en la alteridad, del verdadero progreso dentro de la ecología profunda. Y como dice Bobbio «hay que instalar la libertad en el corazón mismo de la igualdad»; hoy con una visión y una acción estrictamente mundiales. Es la otra globalización, la que reivindican nuestros pensadores, nuestros militantes, nuestros mártires, nuestros hambrientos...

 

 

 

 

 

Su origen se remonta a una serie de reformas legislativas adoptadas durante el gobierno de Bill Clinton (1993-2001) que permitieron la ganancia fácil con sólo endeudarse y el apalancamiento financiero sin límites. Al final, el orden natural de las cosas terminó por imponerse y la burbuja reventó.

Este acontecimiento merece una explicación. Como consecuencia de la crisis mundial de 1929, Estados Unidos había sancionado una severa ley bancaria denominada Glass-Steagall Act (1933) que imponía criterios éticos y morales para el manejo de los bancos. Gracias a esa ley Estados Unidos recuperó la credibilidad y pudo construir el sistema bancario más solvente y responsable del mundo. A ese sistema debe la fortaleza del dólar como moneda de reserva de todos los demás países.