CAMOVA

Los ojos no sirven de nada a un cerebro ciego. Proverbio árabe.

Se le debe prestar mucha atención a lo que comemos diariamente y evitar consumir comida rápida de  muchos locales que afectan seriamente a la salud por la clase de alimentos  que se preparan y lo que ello puede originarnos en nuestra salud, especialmente lo de los puestos de la calle, de tarantines en donde la salubridad no es una garantía, como se ve mucho en los países de Latinoamerica y Centroamérica .

Sobre este serio problema de lo que se ha denominado Comida basura que perjudica al organismo. Wikipedia destaca, que   potencialmente todos los alimentos son perjudiciales para la salud si se abusa de su consumo, pero los que se consideran comida basura lo hacen en mayor medida por necesitarse menores cantidades para producir efectos adversos, o por consumirse en mayores cantidades, dada su facilidad de consumo (comida rápida) o el prestigio social de su consumo (ligado a formas de ocio juvenil). También puede ocurrir que determinados grupos de población, o los que padecen determinadas enfermedades previas, sean más sensibles a sus efectos. Suele relacionarse el consumo de comida basura con la obesidad, las enfermedades del corazón, la diabetes del tipo II y las caries.

Este tipo de comida es muy popular por lo sencillo de su elaboración (sometida habitualmente a procesos industriales) y conservación (en muchos casos no necesita refrigeración y su fecha de caducidad suele ser larga), su precio relativamente barato, su amplia distribución comercial que la hace muy fácilmente accesible y la presión de la publicidad. También porque no suele requerir ningún tipo de preparación por parte del consumidor final o esta es escasa, es cómoda de ingerir y tiene una gran diversidad de sabores

Sobre  lo relevante de todo ello, aporta alu.ua.es no existe una sola causa que haya originado que el consumo de la llamada comida basura, baja en nutrientes y alta en calorías y grasas, sea consumida de forma frecuente en la sociedad occidental. Aun así, existen ciertos factores que está demostrado que ayudan a contribuir a su consumo:

En los últimos años los productos frescos que han disparado su precio son, entre otros, los tomates, pimientos, lechuga, judías verdes y peras.

A esto hay que añadir que es mucho más barato quedarse en casa viendo la televisión que realizando algunos deportes como natación, tenis, baloncesto, etc.

Quizá, como apunta Paul Zimmet, director del Instituto Internacional de Diabetes en Melbourne, Australia, los Gobiernos no hacen lo suficiente para que los alimentos sanos lleguen a nuestra nevera y para que cada vez más personas practiquen deporte.

Por otro lado, no hay que olvidar el papel que juega la televisión en transmitir cierto tipo de mensajes con raíces europeas que se exportaron a Norteamérica como el 'fantasma del hambre' o 'cuanto más grande mejor'.

 Se indica, que a todo ello se agrega, la publicidad de alimentos en televisión es dominada por los cereales azucarados para el desayuno, los refrescos, los productos de confitería y los aperitivos salados. Si se une las cadenas de comida rápida a estos cuatro grupos, se puede hablar de "los 5 grandes" de la publicidad alimentaria.

Esta publicidad a través de la televisión determina en gran medida las preferencias de los niños, tanto respecto a los tipos de alimentos como respecto a las marcas concretas, empujándoles a comprarlos o a dar la lata a sus padres para que lo hagan.

Un estudio encontró que cuantos más anuncios veían los niños en la televisión, más calorías ingerían, pues los referidos cinco grandes grupos contienen alimentos hipercalóricos muy alejados de lo que debería ser una dieta sana y nutritiva. Este es uno de los principales factores que ha duplicado la obesidad entre los niños ingleses de 6 años y la ha triplicado entre los de 15 años.

A parte de esto, todos los expertos están de acuerdo en algo: Estados Unidos es culpable de no ofrecer soluciones. El poder de la industria alimentaria sobre la política del Gobierno estadounidense es muy grande.

 Son muchos los efectos negativos que origina la comida basura, se cita entre ellos colesterol, obesidad, digestiones dificiles, acidez, sobre todo adición y con respecto a estoúltimo se comenta, que los investigadores aseguran que la comida con gran cantidad de grasa y azúcar puede causar en el cerebro cambios bioquímicos similares a los que provocan algunas drogas como el tabaco, la heroína y la cocaína. Una vez enganchadas a la comida basura, dicen los científicos, muchas personas son incapaces de poder regresar a una dieta equilibrada y, en muchas ocasiones, padecen problemas de obesidad. 

  Un estudio de los neurólogos Ann Kelley y Matthew Hill, de la Universidad de Winsconsin, explica los cambios que las diferentes dietas producen en los cerebros de las ratas en las que se ha desarrollado la investigación. Su conclusión es que una dieta que incluya elevadas cantidades de grasa provoca síntomas neurológicos similares a los que se encuentran en adictos a las drogas duras. Además, las ratas más gordas también sufrieron cambios en el desarrollo de sus cerebros.  

servicios.laverdad.es comenta ,que es sabido, que John Banzhaf en los Estados Unidos  ha diseñado la guerra contra las cadenas de comida rápida en tres etapas. La primera consiste en casos relativamente fáciles, como el de las patatas de McDonald's. La cadena promocionaba sus patatas subrayando que se freían en «puro aceite vegetal», lo que técnicamente era cierto. Millones de vegetarianos se aficionaron a ellas sin saber que previamente se las bañaba de grasa animal, lo que en el caso de los hindúes violaba sus principios religiosos. Otra de las demandas en marcha ataca la campaña en la que se habla de la carne de cerdo como «la otra carne blanca», ignorando que su contenido en grasa y colesterol está más próximo a la ternera que al pollo. En esta fase se encuentran la mayor parte de las demandas. El éxito de las mismas debe hacer cambiar a la opinión pública su forma de ver a las grandes cadenas, que es lo que realmente inclinó la balanza en la guerra del tabaco.
En una segunda etapa se trataría de atacar los pecados de omisión a la hora de advertir los riesgos que acarrea lo que se come. Un equivalente a aquello de «El tabaco perjudica seriamente su salud». No se trata de avisar de que un atracón de hamburguesas diario derivará en enfermedades de corazón, pero sí de que la triple hamburguesa con doble beicon y queso contiene más grasas de las que cualquier ser humano debería comer en una semana.

Y, finalmente, una tercera etapa en la que se intentaría que las grandes cadenas pagasen su cuota en los costes de las enfermedades que se derivan de la obesidad. Algunas de las estrategias legales que pusieron a las tabacaleras en los banquillos tienen visos de volver a utilizarse. Banzhaf dice que se puede predisponer biológicamente a la gente para abusar de las grasas, «ya que, una vez que crecen las células de grasa, el cuerpo se acostumbra a alimentarlas», explica. «Esas células nunca mueren, e incluso si se adelgaza permanecen dormidas y siempre tratan de hacer que la persona coma más».

Es preocupante los datos que manifiestaservicios.laverdad.es

  Obesidad. El 61% de los americanos sufre un sobrepeso significativo, en comparación con el 55% de principios de los 90 y el 46% de finales de los 80.

  Gasto. La obesidad cuesta en EE UU 117.000 millones de dólares anuales, de los que 61.000 son gastos directos, como médicos y medicinas, y 56.000 por baja productividad y días de trabajo perdidos.

  Niños. Más del 90% de los niños americanos comen en McDonald's al menos una vez al mes.

  Adultos. Un cuarto de la población adulta visita cada día un restaurante de ‘fast food'.

  Hamburguesas. El americano medio come tres hamburguesas y cuatro raciones de patatas fritas a la semana.

  Publicidad. La industria alimenticia se gasta en EEUU 30.000 millones de dólares en publicidad. Sólo el 2% de esa cifra está destinad a frutas, verduras, cereales y legumbres

 Definitivamente como lo cita Eneko RodríguezChocarro: Se acabó. Comerse una hamburguesa en McDonald's ya no es divertido ni está de moda. No se trata de rebelarse contra el contenido ideológico de las grandes corporaciones o los símbolos del capitalismo, sino de medir la grasa y las calorías que uno se mete en el cuerpo. Y, sobre todo, de rendirse a la imparable rueda cultural de Estados Unidos.

 Esta nefasta alimentación esta creando en los países desarrollados (por su economía capitalista, no por otras cosas) serios problemas en sus sistemas sanitarios, no por los servicios que estos tienen la obligación de dar, sino por los altos costes que les supone este tipo de alimentación, algo que no pensaron cuando se dedicaron a implantarlos por todas partes. Ahora les preocupa los altos riesgos para la salud que corren en sus países ricos. Fuera de ellos no tienen más preocupación que seguir desarrollando estas cadenas de comida rápida, hoy en clara expansión en los llamados países pobres, colonizados de nuevo por la Sra. Hamburguesa