Carlos Mora Vanegas
"Su muerte es un desgarro para la literatura de habla hispana. La obra de Mario va a estar siempre "Mauricio Rosencoff
Muy difícil ignorar la desaparición física del gran escritor uruguayo, que conquistó a muchos por la sencillez de sus textos y lo profundo de sus mensajes, además pòr esa poesía que nos compartió en vida.
Ana María Shua, cuentista y novelista dice sobre él, que "A su poesía nunca se le perdonó que lograra tanta popularidad. Quizá fue el último gran poeta popular. Brilló en todos los géneros. Era un escritor y una persona entrañable. En sus lectores despertaba la emoción y la ternura."
María Rosa Lojo, Novelista y crítica comenta: "Es el autor de una obra muy vasta, en narrativa, poesía y ensayo, e incluso teatro. Creo que los argentinos lo asociaremos siempre con La tregua , que dio origen a una película tan emblemática como la novela misma."
Mauricio Rosencoff, dramaturgo, señaló: "Toda su literatura fue una afirmación de la identidad nacional. Benedetti fue un hombre sencillo, comprometido, solidario, un compañero del alma. Quiero destacar su integridad, transparencia y bondad."
Benedetti, se consideraba "un poeta que, además, escribe cuentos y novelas", creía que la poesía era "un desahogo de la intimidad que alude, sin quererlo, a la del lector. En la poesía se da un intercambio de intimidad a intimidad", como dijo a LA NACION en 2001.
"No escribo para el lector que vendrá, sino para el que está aquí, poco menos que leyendo el texto sobre mi hombro", escribió, y sintetizó, quizás involuntariamente, el núcleo de su poesía y su prosa: el lenguaje accesible, la sencillez sintáctica, la experiencia universal del amor, el olvido, la resistencia, el tedio, la soledad, la plenitud.
"Cuando me entierren por favor , no se olviden de mi bolígrafo", escribió Benedetti en Rincón de haikus , un libro de poemas de rígida métrica japonesa que publicó en 1998. Su atea concepción de la vida ("Yo creo en un dios personal, que es la conciencia") incluía un tiempo y un espacio para, por fin sin interrupciones mundanas, dedicarse solamente a escribir.
Falleció a los 88 años tras una larga enfermedad que lo aprisionaba, en Montevideo, Uruguay, con ello nos indicó, que somos seres transitorios, que no sabemos el día en que nos toca partir, ni de la manera como lo haremos, simplemente hay que saber disfrutar inmensamente cada minuto de vida que se nos da.
Es muy cierto lo que manifiesta el diario La Nación de Buenos Aires, que a lo largo de su intensa y fecunda producción literaria, construyó una obra poética y narrativa que logró una audiencia masiva y se continuó en canciones populares, en el cine y en los mensajes de amor y de resistencia de varias generaciones.
Su militancia política derivó en la experiencia del exilio, que marcó su vida y su literatura, tanto como su historia de amor con Luz López Alegre, que falleció en 2006 tras 60 años de vida juntos y le dejó una tristeza profunda que ya no lo abandonaría.
Autor de más de 80 novelas, ensayos, libros de cuentos y de poesías, fue traducido a más de 20 idiomas, pero logró vivir de su arte sólo 20 años después de haber publicado su primer libro. Su popularidad, alimentada por una poesía y una prosa sobre temas universales, en un tono de complicidad con el lector, le valió una fama de multitudes y varios premios internacionales.
En sus novelas, exploró como pocos las profundidades de la naturaleza humana y retrató con singulares trazos a la clase media, al tiempo que no disimuló su compromiso político con los movimientos de izquierda.
Se nos recuerda además, que se llamaba Mario Orlando Hamlet Hardy Brenno Benedetti y había nacido el 14 de septiembre de 1920 en Paso de los Toros, Uruguay, en una familia de origen italiano, de padre químico y enólogo, y madre que no había terminado la escuela primaria. Vivió una infancia y adolescencia marcadas por las dificultades económicas, las mudanzas y la escolaridad irregular, que incluyó el paso por un severo colegio alemán. A los cuatro años, la familia se trasladó a Montevideo, la ciudad de la que Benedetti nunca dejó de escribir, aunque viviera en otros países.
A los 14 años empezó a trabajar vendiendo repuestos para automóviles y luego fue taquígrafo, vendedor de libros y de alfombras, empleado público, durante cinco años, y de una inmobiliaria, durante 15 años.
Su vida estuvo vinculada con Buenos Aires en varias oportunidades. Entre 1938 y 1941, vivió en esta ciudad, donde trabajaba como taquígrafo en una editorial y en cuya plaza San Martín, donde iba regularmente a leer, decidió ser escritor. Su primer libro de poemas fue La víspera indeleble, publicado en 1945.
De regreso a Montevideo, empezó su carrera periodística. Dirigió la revista Marginalia ; participó en Número -publicación clave de la llamada "generación del 45", y entre 1954 y 1960 ocupó tres veces la dirección literaria de Marcha , el semanario más influyente de la vida política y cultural del Uruguay, clausurado en 1974.
Poemas de la oficina (1956) marcó su primer impacto público en la poesía uruguaya y dio inicio a la creciente difusión de su obra. Comenzó, entonces, a dar forma a lo que sería su marca: su forma sencilla, coloquial, directa; su sabor inequívocamente montevideano, pero, a la vez, sus temáticas universales; su búsqueda de complicidad con el lector. Sólo a partir de 1969, Benedetti pudo vivir del periodismo y de sus libros.
La Revolución Cubana, diez años antes, había marcado profundamente su trayectoria. Viajó varias veces a ese país, que fue también uno de los destinos de su exilio y trabajó en la Casa de las Américas, una influyente institución cultural cubana.
Entre sus obras se destaca; Montevideanos (1959), Recuerdos olvidados (1988) y El porvenir de mi pasado (2003) fueron algunos de sus volúmenes de cuentos. Entre sus novelas, se destacan Gracias por el fuego (1965), Primavera con una esquina rota (1982), La borra del café (1992) y Andamios (1996). Su obra poética es extensa: Inventario uno (1963), dos (1994) y tres (2003), Quemar las naves (1969), Viento del exilio (1981), Las soledades de Babel (1991), El mundo que respiro (2001), Memoria y esperanza (2004), Canciones del que no canta (2006) están entre sus libros más celebrados.
Lo cierto, que como todos los grandes, especialmente los que se destacan por haberse identificado plenamente con sus valores, misión, compromiso de compartir su sapiencia, sensibilidad en las letras, humildad, su partida nos invita a reconocer sus obras, el cumplimiento de su misión.
No sorprende por tanto que, El poeta uruguayo Rafael Courtuasí recordó palabras que le dijo Benedetti, para describir su personalidad: "Yo no tengo vergüenza de ser sensible". Y señaló: "Don Mario está lejos de las envidias y entró en otro lugar. Se llora una pérdida porque se llora a un amigo, pero al mismo tiempo está naciendo otro Benedetti".
*Fuente: Diario La nación de Buenos Aires.


Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados