CAMOVA
El pesar y la pobreza purifican el corazón del hombre, aunque nuestras mentes débiles no ven nada de valor en el universo, salvo la comodidad y la felicidad - Khalil Gibran
Pertenecemos transitoriamente mientras se nos da la oportunidad de vivir a este Planeta Tierra en donde muchos seres afrontan duras pruebas, entre ella la de la pobreza y sobre todo el hambre, dependiendo del entorno, país en don le toque vivir y en donde esta realidad se da, en donde es difícil el acceso al trabajo y consumo de comida.
Preocupa seriamente como lo señala la FAO que el número de personas malnutridas en el mundo llegará este año a los 1.020 millones. Una cifra excepcional y espantosa. Uno de cada seis seres humanos está aguantando hambre, lo que se traduce en la muerte de cinco millones de personas cada año por inanición. Son los niños y los ancianos los más afectados por esta tragedia, que a la humanidad pareciera no importarle.
Las causas del hambre en el mundo son muldimensionales: La iniquidad social, el aumento persistente de la pobreza, la marginalidad económica de la mitad de los países, el déficit de activos ambientales, el aumento de los precios de los alimentos, las confrontaciones bélicas, la destinación de biomasas alimenticias a la producción de alcoholes carburantes y, claro, las consecuencias del cambio climático.
Debemos tener presente como lo destaca ecoportal.com , que el hecho de que las sequías sean cada vez más prolongadas, deja sin posibilidades de ingresos a millones de familias que pierden sus cultivos. Por esto se puede afirmar que la sequía es uno de los elementos que contribuye a perpetuar la pobreza. Las inundaciones, por su lado, generan impactos críticos por la pérdida de vidas humanas, daños a los bienes de las familias, afectaciones al entorno habitable y arrasamiento de cultivos y ganado.
Los daños económicos que ocasionan estos dos fenómenos climáticos son de dimensiones excepcionales para los países marginados y en desarrollo, partiendo del hecho de que muchos trabajadores del campo y propietarios de cultivos, abandonarán sus tareas productivas ante la imposibilidad de reiniciarlas luego de desastres naturales y por la incapacidad del Estado para indemnizarlos o subsidiarlos.
Muy preocupante además, como lo comenta portalplanetasedna.ar. Ochocientos cincuenta y cuatro millones de personas del mundo están subalimentadas, esto es, disponen de menos de 1.900 calorías diarias. De este número, 820 millones se encuentran en países en vías de desarrollo, en contraste con las 823 millones que había en 1990.
Este informe anual publicado ayer por la FAO, Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, no muestra ninguna mejora en estos últimos diez años. En la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de noviembre de 1996, los jefes de Estado y de gobierno de 180 países se fijaron como objetivo reducir a la mitad para el 2015 la cantidad de gente con hambre.
De todos modos, es cierto que a raíz del crecimiento demográfico, la proporción de personas subalimentadas en los países pobres pasó de un 20% en 1990-1992 a un 17% en 2001-2003. Este cambio sigue siendo débil. "En realidad, no se logró ningún progreso" admitió Jacques Diouf, director general de la FAO, para quien esta baja de 3 millones en la cantidad de personas subalimentadas en los países pobres "puede deberse aun error estadístico. Según la organización, "las tendencias más recientes son verdaderamente preocupantes". Muestran un aumento de 26 millones de personas desnutridas entre 1995-1997 y 2001-2003, luego de una baja de 100 millones en los años 80. La mediocridad de estos resultados oculta importantes disparidades regionales.
La FAO subrayó que la cantidad de personas subalimentadas aumentó en Cercano Oriente, en el norte de África y en la región africana al sur de Sahara. Esto hizo que la cantidad de desnutridos pasara en 10 años de 169 a 206 millones, cuando los objetivos fijados en 1996 hablaban de la necesidad de llevar esa cifra a 85 millones para 2015. Los países con mayor peligro son también los que pasaron por guerras, como Burundi, Eritrea, Liberia, Sierra Leona o la República del Congo.
Si se tienen en cuenta los resultados de estos últimos años, sólo el este asiático logrará disminuir en más de la mitad su cantidad de desnutridos, mientras que el sudeste asiático la reducirá sólo en un tercio, como Latinoamérica.
En el Cercano Oriente y en el norte africano, la situación se agravará, de hecho, ya que las personas subalimentadas serán 36 millones en 2015, luego de las 24 millones que hubo en 1990.
Es en la zona africana al sur del Sahara en donde la situación es la peor. Y así se mantendrá, al parecer. El informe de la FAO muestra que la concentración del hambre en las zonas rurales demuestra que sin inversiones fuertes para el desarrollo rural y agrícola, realidad dijo Juan Pablo II, (Carta Encíclica Redemptor hominis, 1979, n. 16) « La amplitud del fenómeno pone en tela de juicio las estructuras y los mecanismos financieros, monetarios, productivos y comerciales que, apoyados en diversas presiones políticas, rigen la economía mundial: ellos se revelan casi incapaces de absorber las injustas situaciones sociales heredadas del pasado y de enfrentarse a los urgentes desafíos y a las exigencias éticas. Sometiendo al hombre a las tensiones creadas por él mismo, dilapidando a ritmo acelerado los recursos materiales y energéticos, comprometiendo el ambiente geofísico, estas estructuras hacen extenderse continuamente las zonas de miseria y con ella la angustia, frustración y amargura... ». « No se avanzará en este camino difícil de las indispensables transformaciones de las estructuras de la vida económica, si no se realiza una verdadera conversión de las mentalidades y de los corazones. La tarea requiere el compromiso decidido de hombres y de pueblos libres y solidarios ».
Se nos agrega además, que no hay que confundir el hambre con la malnutrición. El hambre es una amenaza, no sólo para la vida de las personas, sino también para su dignidad. Una carencia grave y prolongada de alimentos provoca el deterioro del organismo, apatía, pérdida del sentido social, indiferencia y a veces incluso crueldad hacia los más débiles, niños y ancianos en particular. Grupos enteros se ven condenados a morir en la degradación. Esta tragedia, desafortunadamente, se repite en el transcurso de la historia; sin embargo, hay conciencia, más que en otros tiempos, que el hambre constituye un escándalo.
Hasta el siglo XIX, las oleadas de hambre que diezmaban a enteras poblaciones procedían, por lo general, de causas naturales. Hoy día están más circunscritas y en la mayoría de los casos son producto del comportamiento humano. Es suficiente mencionar algunas regiones o países para convencerse de ello: Etiopía, Camboya, Ex Yugoslavia, Ruanda, Haití... En una época en la que el hombre, mucho más que antes, tiene la posibilidad de afrontar el hambre, esas situaciones constituyen una verdadera deshonra para la humanidad.


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