CAMOVA
Remplaza la conducta que motiva el miedo por la conducta que motiva el amor
Es significativo como el más grande país de Latinoamérica, como es Brasil, ha venido fortaleciéndose, dando paso a un desarrollo que no puede pasarse por alto, de tal manera que su economía se ha venido consolidándose hasta ocupar la quinta en el mundo como la más fuerte.
El Banco Mundial predice que, si Brasil continúa en esta misma trayectoria en la que se encuentra en la actualidad, pasará de ser la décima economía por tamaño en el mundo a la quinta posición para 2016. Hace unas semanas, el 26 de octubre, Lula declaraba en su programa semanal de radio "Desayuno con el Presidente" que para lograrlo, Brasil necesitaba seguir creciendo. La economía brasileña "es como una noria que no puede detenerse. ¿Y qué estamos haciendo? Estamos haciendo que se tuerza".
No se puede negar ante su realidad de crecimiento, progreso, la extraordinaria labor que ha desempeñado y lo sigue haciendo su actual presidente, el exsidincalista Luis Inácio Lula da Silva.
A respecto de su avance justamente Dilma Rousseff, jefa de gabinete del Gobierno brasileño comenta que "Brasil ya no era un país del futuro", en referencia a un dicho popular que los brasileños utilizan para describir su país tras décadas de oportunidades perdidas a pesar de su enorme potencial económico. Ahora "Brasil es un país del presente.
Lo cierto, como nos aporta Wharton universia en su boletín, que Márcio García, profesor de Economía de la Universidad Católica de Río de Janeiro (PUC-Río), afirma que desde que la hiperinflación de los 80 fue aplacada brevemente por el plan Cruzado de 1986 (que, entre otras medidas, congeló los salarios y los precios) no recuerda semejante entusiasmo entre los miembros de la Brasil corporativa.
Este estado de ánimo refleja sobre todo un cambio de percepción global hacia el país, que ha sido rápido y bienvenido. Pero a medida que el país se recupera de una crisis económica global -Brasil ha sido el primer país latinoamericano en apuntarse a la recuperación, que daba comienzo en el segundo trimestre de este año-, ¿qué podrían otros mercados aprender de esta extraordinaria recuperación?
Brasil ya ha experimentado antes altibajos en su reputación global. Durante la campaña presidencial de 2002 la deuda se disparó y la divisa se devaluó cuando los inversores empezaron a dudar de que Luis Inácio Lula da Silva, uno de los candidatos con mayores posibilidades, tuviese la intención de cumplir con las obligaciones de deuda del país. Fue un alivio cuando, tras ganar las elecciones, resultó evidente que en general consolidaba la orientación política general de la administración previa, algo que facilitó y en cierto modo fomentó un crecimiento que no se veía desde los años 60.
Considérese se nos recuerda, que esa trayectoria del crecimiento fue interrumpida por la escalada de la crisis crediticia global de hace un año. La onda expansiva de la crisis económica fue el detonante de diversas caídas en el índice bursátil Bovespa de Brasil, que pasó de 73.000 en primavera de 2008 a menos de 30.000 en el otoño de ese mismo año. Asimismo, en diciembre la cotización de su divisa era 2,55 reales por dólar; unos pocos meses antes cotizaba a 1,55 reales por dólar. El ajuste de inventario global, la crisis crediticia y la caída de la confianza de los consumidores unieron sus fuerzas para provocar un descenso del PIB anualizado del 13% en el cuarto trimestre.
Tras la respuesta de los responsables internacionales de política económica que sacaron a la economía global del borde del abismo, las políticas fiscales y monetarias adoptadas en Brasil permitieron que el país recuperase su equilibrio en la primera mitad de este año. Los principales indicadores sugieren una increíble recuperación de las cifras de crecimiento previas. Affonso Celso Pastor, consultor y ex presidente del Banco Central de Brasil, espera que el país crezca entre el 5 y el 5,5% en 2010, predicciones que otros muchos comparten.
Por otra parte, el profesor de Gestión de Wharton Mauro Guillén señala que Brasil ha "puesto su casa en orden" consolidando las finanzas públicas y controlando la inflación, y ha logrado un "feliz equilibrio" entre el papel a desempeñar por los sectores público y privado. A diferencia de muchos países de la región, donde existe un amplio consenso entre la clase política y empresarial sobre la orientación de la política macroeconómica, a pesar de la falta de acuerdo sobre los impuestos y cierta decepción con la poca velocidad a la que se realizan las reformas estructurales, "Brasil está en alza", explica Guillén.
Según Guillén, el punto de inflexión de resurgimiento a nivel internacional del país se produjo en 2003. Ese momento se produjo cuando Goldman Sachs se refirió por primera vez a los países BRIC (Brasil, Rusia, India y China), como las economías en desarrollo de mayor crecimiento del mundo. Otro hito se marcó el pasado año cuando en abril y mayo S&P y Fitch subieron la calificación del país; Moody's hacía lo mismo este septiembre. Son inevitables las comparaciones con otros países de la región como Argentina, con su desastrosa falta de pago de la deuda en 2001-02 y su persistente falta de credibilidad, o México, cuyos débiles programas de reformas han obstaculizado el crecimiento del PIB.
Ante esta realidad, Whartom Universia hace la pregunta ¿Por qué Brasil ha tenido una mayor capacidad de recuperación que otros mercados? El ministro de Hacienda Guido Mantega ha señalado que, la presión fiscal necesaria en Brasil para mantener la economía a flote -apenas un 1,5% del PIB-, ha sido mucho menor que en otras grandes economías, en particular en comparación con los países OCDE, los cuales deberán flexibilizar la solvencia del sector público en el largo plazo.
No obstante, en parte la capacidad de adaptación de Brasil está relacionada con su estructura económica, señalan los expertos. El país posee un mercado doméstico de gran tamaño y creciente, y sus exportaciones suponen menos del 15% del PIB. Esta cifra es inferior a la de otros mercados emergentes, y la demanda local se ha mantenido gracias a algunas reducciones fiscales y a la política monetaria. Asimismo, con el respaldo del enorme colchón de reservas acumuladas en los últimos años, el Banco Central pudo ofrecer liquidez frente al dólar en plena crisis financiera global a las empresas con necesidad de refinanciación. Es más, se inyectó liquidez suavizando los requisitos de reservas, mitigándose así la falta de crédito.
Banco do Brasil y Caixa Econômica Federal -dos bancos comerciales que cotizan en bolsa y que durante los embriagadores días de innovación financiera global fueron considerados demasiado conservadores-, junto con BNDES -el capitalizado banco público de desarrollo-, intervinieron para ofrecer crédito. El Gobierno les convenció para hacerlo, ya que los bancos privados -como Itaú y Brades-, se habían vuelto excesivamente precavidos y habían restringido las líneas de crédito. Ahora los bancos privados están estudiando ampliar el crédito de nuevo y así mantener su cuota de mercado. Por ejemplo, tal y como anunciaba su consejero delegado. Roberto Setubal, a finales de septiembre, Itaú tiene pensado abrir 150 nuevas sucursales el próximo año.
Otros factores subyacentes en la economía de Brasil también han sido relevantes. La estabilización macroeconómica ha facilitado mejoras en los mercados de capital, y el crédito al sector privado ha pasado del 22% del PIB en 2002 al actual 45%; se espera que siga creciendo. Mientras, según algunos observadores, la fuerza laboral de Brasil ha crecido y es uno de los principales factores que a medio plazo contribuirá al consumo doméstico
Monteiro no cree que vayan a producirse cambios radicales de política económica bajo la nueva administración que tome el relevo en enero de 2011. (La Constitución brasileña no permite un tercer mandato de Lula). Después de todo, las políticas económicas que gestionan el tipo de cambio han funcionado bastante bien. Pero con la esperada apreciación del real a medida que el crecimiento económico de Brasil supera con creces el de los países OCDE, habrá presión de los exportadores, en particular en el sector manufacturero, para que el tipo de cambio se debilite.
Mucho de los países latinoamericanos, especialmente Venezuela que nos concierne, puede aprender de Brasil, de cómo se debe manejar una economía, hacer un uso equitativo, controlado de las divisas, desarrollar y poner en práctica programas económicos sociales, como aportar colaboración con el sector productivo del país, consolidar una mejor integración y en un solo equipo acelerar la producción nacional que deja mucho que decir, así como seguir evitando donaciones, regalos de dólares a otros países , cuando el nacional los necesita para dar pasos a servicios de la salud, educación, vivienda que tanto requiere el país. Esperamos que el actual gobierno Revolucionario Bolivariano, retroalimente sus acciones, se integre a la realidad económica nacional y permita que Venezuela se consolide en su economía como debe ser.
*Fuente: Boletín Wharton Universia


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