CAMOVA
La música es sinónimo de libertad, de tocar lo que quieras y como quieras, siempre que sea bueno y tenga pasión, que la música sea el alimento del amor. Kurt D. Cobain
Cuando uno transita por Parma es muy dificil ignorar la presencia de Arturo Toscanini (Parma, 25 de marzo de 1867 - 16 de enero de 1957), considerado como nos lo recuerda Wikipedia, por muchos de sus contemporáneos (críticos, colegas y público en general) como el más grande director de orquesta de su época. Era célebre por su brillante intensidad, su incansable perfeccionismo, su prodigioso oído y su memoria fotográfica que le permitía corregir errores de los miembros de la orquesta que habían sido inadvertidos durante décadas por sus colegas
Toscanini era famoso por sus interpretaciones de Beethoven y Verdi. Realizó numerosas grabaciones, especialmente hacia el final de su carrera, la mayoría de ellas publicadas, amén de las numerosas grabaciones disponibles de sus interpretaciones para la radio.
Toscanini demostró habilidades extraordinarias desde muy pequeño. Una maestra descubrió que podía aprender poemas de memoria tras leerlos una sola vez y que en el piano tocaba enseguida cualquier nota que hubiera sido cantada.
A los nueve años, entró en el conservatorio como interno y podía ver a sus padres sólo una vez por semana. Todavía de adulto recordaba aquella "atmósfera de prisión". Tras terminar los estudios, en principio se ganó la vida como violonchelista. Su primera gran actuación fue a los 19 años.
Nos aporta biograqfiasyvida.com, que inició su carrera musical como violoncelista, pero demostró grandes dotes para la dirección que le granjearon un inmediato prestigio. Entre los años 1898 y 1903 fue director de la Scala de Milán, donde dio a conocer nuevas partituras de los repertorios alemán y francés, además de dedicar especial atención al repertorio sinfónico.
Durante los tres años siguientes emprendió una gira de conciertos por toda Italia y luego actuó en Buenos Aires, para regresar a la Scala dos temporadas más, antes de trasladarse a Nueva York para dirigir el Metropolitan Opera (1908). Allí siguió apostando, además del repertorio acostumbrado, por las obras líricas de su tiempo, y fueron muchas las óperas que interpretó por vez primera en Estados Unidos, entre ellas La fanciulla del West (1910) o Boris Godunov (1913).
Regresó en 1915 a Italia y reanudó sus funciones como director en la Scala (1920), donde le fueron concedidos poderes nunca otorgados hasta entonces, gracias a lo cual pudo incrementar la orquesta hasta cien intérpretes y formar un coro con 120 voces. En 1929 realizó una gira triunfal por Viena, Berlín y Bayreuth, pero ese mismo año se agravaron sus problemas con el régimen fascista, lo que le llevó a dimitir de su cargo y trasladarse, sin renunciar nunca a la ciudadanía italiana, de nuevo a Estados Unidos.
Se destaca, que fue renombrado por su brillante intensidad al dirigir, su agitado perfeccionismo, su fenomenal oído para detalles y sonidos de la orquesta y su memoria fotográfica que le daba un extraordinario control sobre un gran repertorio lo que le permitió corregir errores en las orquestas que sus colegas no habían notado durante décadas.
Cabe destacar, que para los argentinos Toscanini jamàs podrà ser olvidado por su estadia e interpretaciones que realizò, al respecto, shvoong.com/books,resena que Toscanini quedó impresionado por Buenos Aires desde el primer momentoquedó impresionado por Buenos Aires desde el primer momento. quedó impresionado por Buenos Aires desde el primer momento. En Argentina, el culto por Arturo Toscanini existe desde principios del siglo XX. Por primera vez en el mundo, por Radio Nacional FM, se emitieron más de 300 programas de una hora cada uno, con todo el legado comercial del Maestro, con el 90 por ciento de los registros no oficiales en vivo, salvo dos o tres que ha sido casi imposible reconstruir sónicamente, y decenas de horas de ensayos.
Nos aporta tambièn que emol.com/noticias/ El que se exigía perfección a sí mismo y a sus músicos lo convirtió en "maestro assoluto", celebrado, admirado y venerado en todos los escenarios del mundo, desde Nueva York a Milán.
Algunos recuerdan más sus ataques de furia que su música. Cuando Arturo Toscanini se enfadaba, lo hacía en serio: Una vez el italiano aplastó con su pie un reloj de bolsillo. Otra vez, pateó el atril. Y la batuta destrozada se convirtió casi en su seña de identidad.
Aquellos que lo conocieron suelen utilizar palabras como "dictador" o "hambre de poder" cuando se refieren a las actuaciones de Toscanini.
Se dice, que ya fuera Beethoven o Verdi, sólo se trataba de una cosa: fidelidad a la obra. Quería hacer justicia con la partitura y nada más. Y rechazaba categóricamente las interpretaciones o diferenciaciones. El culto a la figura del director le repugnaba. Los críticos calificaban su postura de "esclavitud de la partitura".
Cuando en una ocasión dirigía el potente primer movimiento de la "Eroica" de Beethoven, el menudo hijo de sastre comentó: "Algunos dicen que es Napoleon, otros Hitler, otros Mussolini. Para mí es simplemente Allegro con brio".
Un venenoso crítico del director, el filósofo Theodor W. Adorno, consideraba esta música nacida de la meticulosa fidelidad a la obra un "producto acabado", y a Toscanini, "maestro de capilla" o "marcador del compás".
El 16 de enero de 1957, Arturo Toscanini murió en Nueva York con casi noventa años. A pesar de las duras rivalidades con algunos de sus colegas y alguna crítica agria, seguramente fue el director más famoso de los siglos XIX y XX.


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