Ramana Maharshi
CAMOVA
El hombre es siempre viejo, pero existe algo en el hombre que no es ni viejo ni nuevo: la consciencia, que siempre es absolutamente nueva. Osho
La india ha contado siempre con grandes avatares, iniciados, maestros que nos han legado sus enseñanzas en pro del despertar espiritual, especialmente para aquellos que han determinado que mientras se tenga la oportunidad de vida, se debe trabajar en ello, especialmente para cultivar el espíritu que lo requiere en pro de nuestro avance, Más cuando el espíritu nunca muere , es transcendental.
Uno de esos grandes maestros es justamente Sri. Ramana Maharshi, reconocido como un maestro hindú de la corriente de pensamiento védico advait vedanta, y tuvo muchos seguidores en India y en el exterior. Carl Gustav Jung escribió: "Lo que encontramos en la vida y las enseñanzas de Sri Ramana es la más pura esencia de la India; su aliento de una humanidad liberada del mundo, y que libera del mundo, es un canto de milenios...para el hindú está claro que el Sí mismo, en cuanto Fuente espiritual, no es diferente de Dios; y en la medida de que el hombre permanece en su Sí-mismo, no sólo está contenido en Dios, sino que es Dios mismo
Ramana Maharshi enseñó un método llamado "Atma vichara" autoindagación o investigación del atman (Ser), en el que el buscador focaliza su atención continuamente en el "pensamiento yo" (la base de la actividad mental), con el fin de encontrar su origen. Al principio esto requiere esfuerzo, pero finalmente algo más profundo que el ego surge y la mente se disuelve en el atman-Brahman, Ayam Atma Brahma (el ser es lo Absoluto)(Ma.Up.2)la unidad del ser del hombre coincide con el Brahman nirguna, el Brahman más allá de "las lagunas", o cualidades de la materia, lo no-dual (a-dvaita-no dual)lo Absoluto.
El pensamiento de Ramana se basa en la visión directa del «ser verdadero», Atman, el sí mismo, en el que cada ser humano es la Realidad última, el propio Brahman. Lo que impediría al ser humano darse cuenta de esto es el ahankara (‘el sentido del «yo», yoidad'), o la convicción de que uno realmente es sólo el cuerpo y la mente, y por extensión,"yo" soy un individuo separado del mundo, y creo la imagen de un Dios para asumir el doloroso desdoblamiento del Ser en mundo y el yo. Por tanto, este ego-mente debe ser destruido para develar la verdad; ello equivale a salir del perverso triángulo ego/mundo/Dios y experienciar la Realidad o el Brahman nirguna, el Absoluto, más allá de las lagunas o cualidades de la naturaleza-materia, prakriti
La vida y las enseñanzas de Sri Ramana no sólo son importantes para el hindú, sino también para el occidental. No sólo configuran un documento de gran interés humano, sino también un mensaje de advertencia, dirigido a la humanidad que corre el riesgo de perderse en el caos de su inconsciencia y de su falta de control. (Material extraído de la introducción de Jung al libro del doctor Zimmer "The way to the Self" o "La Vida y las enseñanzas de Bhagavan Sri Ramana Maharshi").
Señala espinoso.org/biblioteca/ramanamaharshi.htm que creció como un muchacho común. Asistió a una escuela primaria en Tirucculi, y después a otra en Dindigul para recibir una educación de un año de duración. Cuando tenía doce años, su padre murió. Esto provocó la necesidad de que se trasladase a Madurai junto con su familia, y se quedase a vivir con su tío paterno Subbaiyar. Allí asistió a la Escuela Secundaria de Scott y luego a la Secundaria de la Misión Americana. Fue un estudiante indiferente, y que no se tomaba en serio los estudios, aunque fue un chico sano y fuerte. Sus compañeros temían su fuerza física. Si alguno de ellos tenía cualquier tipo de agravio contra él en cualquier momento, sólo se atrevía a hacerle travesuras cuando estaba dormido. Pero tenía una característica que era más bien inusual: no sabía nada de lo que le ocurría durante el sueño. Se le podía trasladar de un sitio a otro, o incluso golpear, sin que se despertase en el proceso.
Aparentemente Ventaramam oyó algo sobre Arunachala de forma accidental cuando tenía dieciséis años de edad. Un día, un pariente visitó a la familia en Madurai. El muchacho le preguntó que de dónde había venido. El pariente respondió: de Arunachala. El mismo nombre de Arunachala actuó como un encanto mágico en Venkataraman, y con una excitación evidente, le hizo una pregunta más al caballero: ¡Qué!, ¡de Arunachala!, ¿Dónde se encuentra? Y le contestó que Tiruvannamalai era Arunachala.
Haciendo referencia a este incidente, el sabio comentó con posterioridad en uno de sus himnos a Arunachala: ¡Oh, qué gran maravilla! Se yergue como una colina insensible. Su efecto resulta difícil de entender. Desde mi niñez, era patente la evidencia de que Arunachala era algo muy grande, pero incluso cuando llegué a saber, por medio de otra persona, que era lo mismo que Tiruvannamalai, no entendí su significado. Cuando, por medio de la quietud mental, me atrajo hasta ella, y me acerqué, me di cuenta de que era Inamovible.
Muy poco tiempo después del incidente que atrajo la atención de Venkataraman a Arunachala, se produjo otro suceso que también contribuyó a que el muchacho dirigiese su mente a los más profundos valores de la espiritualidad. Sucedió que cayó en sus manos una copia del Periyapuranam de Sekkilar, que relata las vidas de los santos Saivas. Leyó el libro y quedó fascinado por él. Esta fue la primera obra de literatura religiosa que leyó. El ejemplo de los santos le fascinó, y en lo más recóndito de su corazón encontró algo que respondía favorablemente. Sin ninguna preparación anterior aparente, surgió en él el anhelo de emular el espíritu de renunciación y devoción que constituía la esencia de la vida santa.
Se nos agrega que, Fue a mediados del año 1896 aproximadamente; Venkataraman tenía entonces diecisiete años. Un día estaba sentando solo en el primer piso de la casa de su tío, y en perfectas condiciones de salud. No tenía problema alguno, pero un repentino y certero temor de morir se apoderó de él. Sintió que estaba a punto de fallecer. Desconocía la razón por la cual le había pasado a él esto. El sentimiento de muerte amenazante, sin embargo, no le enervó. Pensó sosegadamente acerca de lo qué debería hacer. Se dijo a sí mismo: Ahora, ha llegado la muerte. ¿Qué significa? ¿Qué es lo que está muriendo? El cuerpo es el que muere.
Inmediatamente después se acostó estirando los miembros y dejándolos rígidos, como si se hubiera producido el rigor mortis. Retuvo la respiración y mantuvo los labios apretados con firmeza, de modo que en base a toda apariencia exterior su cuerpo se asemejase a un cadáver. Ahora, ¿qué ocurriría? Esto fue lo qué pensó: Bien, este cuerpo está ahora muerto. Lo llevarán al campo de cremación, donde lo quemarán y reducirán a cenizas. Pero con la muerte de este cuerpo ¿muero yo también? ¿Soy yo el cuerpo? Este cuerpo es silencioso e inerte, pero siento toda la fuerza de mi personalidad e incluso la voz del Yo dentro de mí, separado de él. De modo que Soy el espíritu que transciende el cuerpo. El cuerpo muere, pero el Espíritu que lo transciende no puede ser tocado por la muerte, de lo cual se deduce que soy el Espíritu inmortal.
Tal como Bhagavan Sri Ramana relató esta experiencia posteriormente para beneficio de sus devotos, parecía como si se tratase de un proceso razonado, pero trató de explicar que no fue así. El entendimiento le llegó como un destello. Percibió la verdad directamente. Fue algo muy real; lo único real. El temor de la muerte se había desvanecido para siempre. A partir de entonces, el Yo continuó como la nota sruti básica fundamental, que se mezcla con todas las demás notas. Así, el joven Venkataraman se encontró en la cima de la espiritualidad sin necesidad de realizar ninguna sadhana ardua o prolongada. El ego se perdió en la marea de la conciencia del Ser. De repente, el muchacho al que se llamaba Venkataraman, había florecido como un sabio y santo.
Se notó un cambio completo en la vida del joven sabio. Todo aquello que había valorado anteriormente, había perdido ahora su valor. Los valores espirituales que había ignorado hasta entonces, se convirtieron en el único objeto de su atención. Los estudios de la escuela, amigos, relaciones -nada de esto tenía ahora ningún significado para él. Se volvió totalmente indiferente a su entorno. La humildad, mansedumbre, no-resistencia y demás virtudes se convirtieron en su adorno. Evitando toda compañía, prefería sentarse en la soledad, totalmente absorto en la concentración del Ser. Iba al templo de Minaksi todos los días, y experimentaba una gran exaltación cada vez que se ponía delante de las imágenes de los dioses y los santos. Las lágrimas manaban de sus ojos profusamente. La nueva visión siempre estaba con él. Se transfiguró su vida.


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