Martín Melitón Sarasate
CAMOVA
Cada uno labra su propia corona, cada quien es hijo de sus obras. JOSÉ INGENIEROS
Se hace más referencia a grandes músicos alemanes, polacos, franceses, rusos y muy poco a españoles, sin embargo España ha dado músicos buenos, cuyas obras aun permanecen en pleno siglo XXI, en esta oportunidad vale la pena recordar a Martín Melitón Sarasate y Navascués , que como se ha escrito sobre él, nació en 1844, día de San Melitón, en Pamplona. Falleció en Biarritz, en 1908, a consecuencia de una angina de pecho.
Se dice, fue un niño precoz y sus padres supieron calibrar el talento que mostraba Su padre era Miguel Sarasate Juanenay su madre Francisca Javiera Navascués Oacharena, que tuvieron otras tres hijas: Maicaela, Francisca y María. Precoz e hijo de padres que supieron calibrar el futuro de su hijo, toma lecciones y toca desde muy temprana edad (primer concierto a los 7 años en La Coruña) para sorpresa de todos. Gana premios, destaca en sus lecciones y, en seguida, es premiado y reconocido como el gran concertista que fue. Pensionado por su provincia natal, ingresa al Conservatorio de París bajo la tutela de A/arden 1856. Recibió lecciones y tocó desde muy temprana edad. Dio su primer concierto a los 7 años en La Coruña. Ingresó en el Conservatorio de París en 1856. Ganó varios premios, pero su éxito como ejecutante le hizo olvidar sus deberes como alumno de Armonía y Composición. Tal vez el reconocimiento de sus limitaciones para la creación le predispuso a seguir los caminos de la fama y a limitarse a escribir algunas piezas que exigían especial virtuosismo en la digitación y gran firmeza con el arco.
La Condesa de Espoz y Mina le concedió una pensión para estudiar en Madrid Una vez en la capital de España, la Reina Isabel II le concede una beca para ampliar sus estudios en París, a donde se traslada en 1856 y allí ingresa en el Conservatorio bajo la tutela de Jean-Delfin Alard. En dicho viaje a París, al pasar por la localidad de Biarriz, él y su madre enferman, y fallece la madre, lo que deja huérfano al pequeño Pablo.
En 1857, obtiene el Premio de Violín del Conservatorio de París, y dos años después comienza su carrera de concertista que lo llevará por toda Europa y América
Hizo giras como intérprete por los salones de toda Europa, desde Portugal hasta los países nórdicos, con reiteradas visitas a Londres. América del Norte y Sudamérica gozaron también de su arte
Se sabe, que desde Portugal hasta los países nórdicos y varias visitas a Londres y consuetudinarias vueltas a la tierra natal fueron constantes en él. América del Norte y Sudamérica pudieron gozar del concertista a la par que los privilegiados europeos. Memorables son sus conciertos y recitales. La tenaz formación musical y el espíritu ahíto de triunfo de Sarasate lo mantuvieron en activo hasta su muerte. Señalan las críticas y crónicas de la época que su fuerza radicaba más en la sutileza de interpretación que en el fuego temperamental que caracterizó a un Paganini aunque no careció el español de las dotes que perpetuaran al italiano, a saber, ataque, pasión, flexibilidad y una natural facilidad para el violín. Su técnica de la mano izquierda fue también proverbial así como la velocidad de ejecución, pero siempre coincidían todos, en los matices de perfecta musicalidad y la afinación única de Sarasate. Arrancaba el más hermoso sonido que pueda esperarse del violín sin mostrar el enorme esfuerzo. Su elevada técnica y su espíritu de triunfo lo mantuvieron en activo hasta su muerte.
Las crónicas de la época señalan que su fuerza radicaba más en la sutileza de la interpretación que en el fuego temperamental que caracterizó a su coetáneo
Nos recuerda, pablosarasate.com, que el éxito rápido y seguro como ejecutante le hace olvidar sus deberes como alumno de armonía y composición. Llegados a este punto, es conveniente señalar si ésta, fue o no, una correcta decisión. Probablemente el reconocimiento de las limitaciones para la creación, hayan predispuesto al músico español para seguir los caminos de la fama por mar y tierra y dejar breves momentos para la escritura de piezas de especial virtuosismo en digitación y firmeza con el arco. El éxito rápido y seguro como ejecutante le hace olvidar sus deberes como alumno de armonía y composición. Llegados a este punto, es conveniente señalar si ésta, fue o no, una correcta decisión. Probablemente el reconocimiento de las limitaciones para la creación, hayan predispuesto al músico español para seguir los caminos de la fama por mar y tierra y dejar breves momentos para la escritura de piezas de especial virtuosismo en digitación y firmeza con el arco. Parece que no escapó ningún rincón del Viejo Continente a las visitas de Sarasate. Paganini, aunque Sarasate no careció de las dotes propias del italiano: ataque, pasión, flexibilidad y una natural facilidad para el violín. Su técnica de la mano izquierda fue proverbial, así como la velocidad de ejecución, pero su principal característica fue una perfecta musicalidad, así como la sutileza de su afinación.
Tuvo dos Stradivarius. Su faceta de compositor es un aspecto que escapa a la leyenda, al contrario de lo ocurrido con Paganini, que ocultaba sus partituras: las del navarro han estado siempre a disposición de los intérpretes. Del grado de dificultad técnica de las piezas se deduce que los elogios recibidos en su tiempo debieron ser sinceros. No hubiera compuesto Sarasate lo que él mismo no se atreviera a tocar con seguridad y brillantez. Una constante en sus obras es el folklore español como punto de partida y como principal elemento rítmico y melódico. Las dos obras que se interpretan hoy son testimonio claro de lo anterior. Fue también una fuente de inspiración para compositores de su tiempo.
Saint-Saëns, Lalo y Max Bruch dedicaron conciertos o piezas concertantes para violín y orquesta al pamplonés. Homenajeado por sus compatriotas y elevado a la categoría de genio nacional, Pablo Sarasate ha pasado a la posteridad como leyenda y ejemplo de la entrega que todo músico debe hacer a su carrera hasta obtener de sus aptitudes lo más parecido a la perfección.
Nos agrega pablosarasate.com. que tuvo dos Stradivarius, uno se lo compró a J.B. Vuillaume; y el otro a los Sres. Gand & Bernardel El Sarasate compositor es el aspecto que escapa a la leyenda puesto que hoy en día están sus obras a disposición de todos quienes así lo deseen. Se adivina o se infiere por el grado de dificultad técnica de las piezas del catálogo (no muy extenso) que los elogios de antaño debieron ser sinceros. No hubiera compuesto Sarasate lo que él mismo no se atreviera a tocar con propiedad y brillantez. Una constante en sus obras es el folklore español como punto de partida y como principal elemento rítmico y melódico. Una repasada a estas obras nos arroja Danzas Españolas: Malagueña, Habanera, Romanza andaluza, Jota Navarra, Playera y Zapateado. Fantasía sobre la ópera Carmen para violín y piano (luego para orquesta y violín), Canción gitana y una Introducción y tarantela para el violín aquí cambió España por Italia conservando el acento folklorizante. Fue también Sarasate fuente de inspiración para compositores de su tiempo. Saint-Saëns, Lalo y Max Bruch dedicaron conciertos o piezas concertantes para violín y orquesta al pamplones
Son muchas las obras que nos legó entre ellas: Nocturno - Serenata Pablo Sarasate, opus 45 Violin & orchestra; Gondoliéra Veneziana , opus 46 Violin & piano; Melodía rumana , opus 47 Violin & piano ; K'Esprit Follet P, opus 48 Violin & orchestra ; Canciones rusas , opus 49 Violin & orchestra ; Jota de Pamplona Pablo Sarasate, opus 50 Violin & orchestra ; Fantasía on Don Giovanni opus 51 Violin & piano ; Jota , opus 52 Violin & orchestra ; La Rève Pablo Sarasate, opus 53 Violin & piano ; Fantasía de la flauta mágica Pablo Sarasate, opus 54 Violin & orchestra, entre otras.
Wikipedia nos recuerda, que entre sus obras más populares figuran la Fantasía sobre Carmen de Bizet, opus 25; los Aires gitanos, opus 20, y una serie de piezas con fuerte inspiración folclórica española, como la Malagueña no. 1 opus 21, la Habanera n.º 2 opus 21, la Romanza Andaluza opus 22, el Zapateado opus 23 y el Capricho Vasco opus 24.


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