CAMOVA

Las ideas no se imponen, se proponen". Juan Pablo II

Esta Comunidad ha tenido mucha relevancia  por lo que ella ha aportado en pro de sus enseñanzas y en donde se dice hasta Jesús estuvo en ella.

 Se ha escrito, que durante mucho tiempo fueron sólo conocidos por las referencias de autores antiguos, tales como Plinio el Viejo, Flavio Josefo, Filón, Dión Crisóstomo, Hipólito de Ostia y Epifanio de Constancia. De ellos se sabe hoy mucho más, gracias al descubrimiento en 1947, de los Manuscritos del Mar Muerto

Lo cierto nos indica Wikipedia, que eran una congregación judía, cuyo origen se remonta al hijo adoptivo de Moisés, llamado Esén, aproximadamente 1.500 años a.C.

 Lo cierto, que sobre el origen de la palabra esenios se han tejido varias hipótesis: puede significar "santos", en griego oseeos, una referencia a "los piadosos" hasidei, en arameo hesé; o venir del hebreo, osei hacedores (de la Ley), eça consejo o assayya sanadores o terapeutas. El Talmud los llamó "bautistas matinales" (tovilé shahrit). Escritos árabes se refieren a ellos como margaritas, "de las cuevas".

Se ha especulado con que Jesús de Nazaret y Juan el Bautista tenían relación con ellos o incluso pertenecían a la congregación. Entre ellos se ha querido ver el germen del cristianismo y Renan llegó a escribir que "el cristianismo fue en gran medida el esenismo triunfante".

Respecto a si Jesús perteneció a la congregación de los esenios, se tiene una referencia en el evangelio de Juan capítulo 10 donde habla que Jesús asistió a la fiesta de la Dedicación o Jánuca de lo cual se sabe que los esenios no compartían dicha fiesta por considerarla ilegal

Se nos agrega además, que  si alguien deseaba ser miembro de la comunidad (Yahad) debía ser instruido, aceptado y luego pasar dos años de prueba para ingresar definitivamente. A los que hacían el juramento y entraban en la comunidad se les exigía una vida entera de estudio de la Ley, humildad y disciplina. No volvían a jurar pues estaban obligados a decir siempre la verdad. Sus bienes pasaban a ser parte de toda la comunidad y, al igual que los frutos del trabajo personal, se distribuían según las necesidades de cada uno, dejando una parte para auxiliar a pobres, viudas, huérfanos, mujeres solteras de edad, desempleados, forasteros y esclavos fugitivos que, sin ser integrantes de la comunidad, requirieran ayuda. Se imponía también la observancia de un estricto código de disciplina, cuya base era la corrección fraterna mutua. Las mujeres no eran aceptadas dentro de la comunidad, y sólo los hombres podían ser miembros de ella.

Administraban la interpretación última de la Ley que había sido revelada a su fundador, a quien se hace referencia en sus escritos como el Maestro de justicia. Este personaje, del que se especula más gracias a los manuscritos del Mar Muerto, actuó hacia el 150 a. C. y se habría opuesto al Sumo Sacerdote Jonatán, hermano de Judas Macabeo, al considerar que había abandonado la fidelidad a Dios. Sus seguidores marcharon a Qumrán, sitio que los integrantes de la comunidad llamaron Damasco. La arqueología muestra que la ocupación de Qumrán fue intensa del 103 al 76 a. C., durante los reinados de Aristóbulo I y Alejandro Janeo, quienes persiguieron cruelmente a sus opositores

historia.mforos.com, nos aporta, que los esenios seguían una doctrina distinta a las de fariseos y saduceos. Su filosofía se basaba en la Ley de Moisés. Plinio y Filón dicen que, en esa época, existían al menos 4.000, diseminados por ciudades y enclaves rurales, aunque siempre en comunidades. Los novicios pasaban tres años de prueba tras los cuales entregaban sus bienes al grupo que cultivaba la pobreza. Viajaban sin nada, porque siempre eran acogidos por otras comunidades. Ascetas que asociaban el placer al vicio, comían sólo para sobrevivir. Su sociedad estaba estructurada de forma jerárquica, pero los puestos eran elegidos a mano alzada. Rezaban antes de salir el sol, trabajaban hasta el mediodía y luego se reunían para darse un baño ritual. Tras un frugal ágape acompañado por oraciones, volvían a sus labores hasta la cena.
Piadosos, compasivos y caritativos, se mostraban siempre serenos, detestaban la mentira, el robo, y nunca juraban. Quienes rompían las normas eran expulsados de la comunidad durante largos periodos en los que se pasaban hambre, ya que sus votos les impedían ingerir alimentos que no procedieran de la secta. Todo miembro nuevo se comprometía a difundir las normas de la comunidad, igual que las había recibido, y a memorizar el nombre de los ángeles.

Filón también asocia a los esenios con un grupo de ascetas alejandrinos llamados los «terapeutas», conocidos por sus artes en la sanación, y aseguraba que algunos de ellos tenían el poder de predecir el futuro. Respecto a esta fama de magos y curanderos, Joseph Allegro, uno de los integrantes del equipo que estudió los rollos del mar Muerto, está convencido de que la comunidad de Qumran se situó en un antiguo asentamiento citado en la Biblia como la «ciudad de Secaca».

Muy interesante lo que nos aporta la fuente señalada, de que En 1770, Federico el Grande escribió que «Jesús estaba empapado de ética esenia». Durante el siglo XIX esta teoría circuló cada vez más, y en 1863 el filósofo y teólogo Ernest Renan publicó su famosa Vida de Jesús en la que sugería que «el cristianismo era un esenismo que en gran medida ha triunfado». A finales del XIX, la teosofía de Blavatsky consolidó tal vínculo y perfiló un Jesús mago y maestro de la tradición esenia-gnóstica. Anna Kingsford, discípula de Blavatsky, desarrolló aún más el concepto de cristianismo esotérico en el cual Jesús se insertaba como un taumaturgo gnóstico que, antes de su misión pública, había vivido y estudiado con los esenios. Édouard Schuré sintetizó estas ideas en su libro Los grandes iniciados. Otras muchas obras pintaban a los esenios como curanderos, asociados a los terapeutas griegos y egipcios. Y a Jesús como un aventajado discípulo, o hijo de María y un maestro esenio, versado en sanación y artes ocultas, cuyos conocimientos le permitieron realizar «milagros», sobrevivir a la crucifixión, y aparecer como resucitado.
El hallazgo de los rollos del mar Muerto y las coincidencias entre su contenido y la doctrina evangélica dio visos de realidad a este mito. Así, autores como José Antonio Balbontin, han sugerido que Jesús pudo educarse en el monasterio de Qumran, donde algunos niños eran acogidos. Apoya su tesis que Jesús hablaba arameo, pero también conocía el hebreo, la lengua sagrada de los sacerdotes; se sabía de memoria la Torah, los Salmos y los Profetas. Y utilizaba formas poéticas como los qumranitas, algo improbable en el hijo de un simple carpintero. Además, el desierto fue el punto de encuentro de Jesús con Juan y el lugar a dónde Jesús se retiraba a meditar. Allí podría haber tenido entrevistas con el Maestro de Justicia al que, según Balbotin, le unía una relación tan especial que es posible que Jesús siguiera sus directrices y se refiriera a él como su Padre en algunos pasajes evangélicos. Así, en la intimidad, Jesús dice cosas como «que en la casa de su Padre hay muchas moradas, y que él se propone preparar en ella lugar para sus discípulos... O que todo el que crea en él podrá hacer las mismas obras que él, incluso superarlas, pues él se dirige a la casa de su Padre y le rogará que ayude a sus discípulos...». El que Jesús no hablara nunca del Maestro de Justicia se debería, según Balbotin, a que seguía una ley que prohibía revelar su nombre a los extraños.

Lo cierto se comenta, que el hallazgo de los rollos del mar Muerto y las coincidencias entre su contenido y la doctrina evangélica dio visos de realidad a este mito. Así, autores como José Antonio Balbontin, han sugerido que Jesús pudo educarse en el monasterio de Qumran, donde algunos niños eran acogidos. Apoya su tesis que Jesús hablaba arameo, pero también conocía el hebreo, la lengua sagrada de los sacerdotes; se sabía de memoria la Torah, los Salmos y los Profetas. Y utilizaba formas poéticas como los qumranitas, algo improbable en el hijo de un simple carpintero.

El aprendizaje de Jesús  no solo se limitaba al estudio de los documentos, sino que también acompañaba a sus maestros cuando estos debían ir fuera de los límites de los santuarios. Es así que en uno de estos viajes Jesús visita una biblioteca increíble, ya sea por la calidad de su contenido como por su ubicación: la mítica Esfinge egipcia, en cuyo interior se guardaban verdaderos tesoros literarios y a la cual solo algunos "elegidos" tenían acceso.